Hernán Sala: “Si uno disfruta de lo que está haciendo, trabajar y dormir en el glaciar no es tan sacrificado”
Bio
Profesión: glaciólogo
Edad: 48 años
Como deporte, en 1991 empezó a hacer andinismo sobre hielo. Estudia los glaciares desde 2003. Actualmente es investigador del Instituto Antártico Argentino de la Dirección Nacional del Antártico, Cancillería
A pesar de su juventud, Hernán Sala puede considerarse un veterano de la Antártida: lleva realizadas 18 “campañas”, es decir, estadías de varios meses durante el verano para “tomarle el pulso” a los glaciares que rodean la base Carlini, la capital de la investigación argentina en el continente blanco. Son períodos en los que deja a su familia para lanzarse a la exploración de esas vastas masas de hielo hoy amenazadas por el cambio climático. Es una tarea no exenta de riesgos, que se realiza en enormes soledades sometidas a bruscos cambios meteorológicos y a temperaturas extremas.
“Como mínimo, siempre vamos en grupos de tres –cuenta este biólogo devenido estudioso de los glaciares–. Además, llevamos material y equipo para el caso de que no podamos regresar. En el glaciar Fourcade, que está cerca de Carlini, siempre nos manejamos con un trineo en el que hay una caja de supervivencia con carpas, comida, material de emergencia... Es una garantía por si surge algún problema.”

–¿Alguna vez te tocó tener que quedarte a dormir en el glaciar?
–Verme obligado, no, pero sí me pasó de elegir acampar en el hielo patagónico, en la provincia de Santa Cruz.
–¿Cómo se protege uno de las temperaturas gélidas? Es como dormir en el freezer...
–Sí, más o menos. Lo fundamental es tener una colchoneta aislante, a veces, incluso varias… Y, por supuesto, una buena bolsa de dormir. Si uno disfruta lo que está haciendo, no es tan sacrificado.
–¿Qué tipo de estudios hacen los glaciólogos?
–Hay distintas mediciones. La más clásica es instalar estacas que pueden ser de bambú, madera o metal. Permiten saber qué cantidad de hielo o de nieve se acumuló o se derritió. A eso se le llama “estudio del balance de masa de un glaciar”. También se colocan instrumentos para registrar la temperatura, y anemómetros para medir la velocidad y la dirección del viento. Además, se hacen estudios de GPS de alta precisión, para ver las variaciones en la superficie.
–¿Cómo se forma un glaciar?
–En principio, es a partir de la acumulación de nieve que se va modificando y cambiando sus propiedades (en particular, su densidad) como producto de la presión y la temperatura. La nieve fresca se convierte en nieve vieja y lentamente, en hielo. Después, por gravedad, el hielo fluye por una pendiente. De esa manera, las precipitaciones en forma de nieve terminan siendo hielo en movimiento .
–Siempre se piensa en los glaciares como víctimas del calentamiento. ¿Su retroceso tiene efectos, a su vez, en el clima?
–Sí, por supuesto. La disminución de las superficies de nieve refuerza el aumento de la temperatura. Es lo que se llama “retroalimentación positiva”. La nieve tiende a reflejar la luz del sol, pero si se derrite, entonces ese territorio, al ser más oscuro, absorbe mayor cantidad de luz, eso hace que la temperatura local se incremente y causa la reducción de la superficie cubierta de nieve. O sea, es un proceso que se refuerza a sí mismo.
–¿Qué consecuencias tiene el derretimiento de los glaciares antárticos?
–Toda esa agua va a parar al océano y contribuye a elevar el nivel del mar. A veces se dice, por ejemplo, que si se derritiera la porción occidental de la Antártida, el nivel del mar subiría aproximadamente cinco metros. Es cierto, pero no es un escenario inminente, no va a ocurrir ni en el corto ni en el mediano plazo. Sin embargo, dejando de lado las especulaciones novelescas, aunque el nivel del mar crezca 10 centímetros ya es un problema.
–¿Qué significa para vos no sólo científica, sino emocionalmente, comprobar que los glaciares están amenazados?
–Es bastante triste que maltratemos tanto el medio ambiente. Pensemos que lo que pasa en la Antártida no es consecuencia de las actividades humanas allá, sino de lo que hacemos en todo el planeta. Lo que está ocurriendo en la Antártida tendría que hacernos tomar conciencia.
Otras noticias de Conversaciones
1Guardapolvos “térmicos” y visitas de pingüinos: así se estudia en la escuela más austral de la Argentina y del mundo
2El viaje de 6400 kilómetros de “Diana”, la tortuga boba rescatada en Ceuta que cruzó el Atlántico
3“Milagro”: revolucionó la educación de un pueblo, llegó al Ministerio y su receta es referencia en toda América Latina
4Hay alerta amarilla por tormentas para este miércoles 11 de marzo: las provincias afectadas





