
Histórico ascenso al volcán Lanín
Con condiciones climáticas adversas, un grupo de intrépidos ciegos se aprestaba a hacer cumbre a 3776m de altura.
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Un grupo de no videntes marplatenses que escala el volcán Lanín, en Neuquén, cumplió ayer su primera etapa de la expedición al alcanzar, tras siete horas de marcha, uno de los refugios sobre la ladera del cerro, para intentar hoy, si el tiempo lo permite, llegar a la cumbre.
El grupo, integrado por tres ciegos, tres amblíopes (sufren una disminución de la visión) y cuatro guías, entre los que se encuentra un cronista de La Nación , llegó, a las 19.30, al refugio del Regimiento de Infantería de Montaña Nº 26 (RIN) a 2450 metros de altitud, justo cuando se comenzaba a desatar una tormenta en la alta montaña.
"Llegaron con lo justo", dijo a La Nación Patricia Michellaso, que coordina desde la base del volcán los movimientos de la expedición a través de un radiotransmisor, la única forma de comunicación con el refugio.
Los protagonistas del ascenso son Fernando Gutiérrez, de 35 años; Lelio Sánchez, de 21; Alejandro Brunengo, de 18; Fernando Do, de 20; Gastón Carpio y Jesús Igriega, ambos de 17.
Los tres primeros son ciegos y los restantes amblíopes, es decir que pueden ver sólo a unos pocos metros de distancia. Cesar Galán, Graciela Franco y Daniel Correa son los guías del grupo.
De ellos surgió la idea de subir al volcán, cuando Galán, en un viaje, ayudó a descender a una alpinista que padecía ceguera nocturna hace ya casi dos años. Lo que parecía una locura, ayer se convirtió en una realidad.
Amanecer en el campamento
Todo el grupo acampó, anteanoche, en la base del cerro. Se trata de un camping agreste, situado junto a la seccional de guardaparques del lago Tromen, a unos pocos kilómetros del espejo de agua, con sus playas negras de lava volcánica.
Ayer a la mañana, tras ajustar los últimos correajes de las mochilas, el grupo tomó el sendero, amplio y por donde pueden circular vehículos, que los lleva al camino para comenzar el ascenso.
A las 11 de la mañana ya estaban encarando la montaña. Los expedicionarios, en un día claro, con un poco de viento, desafiaron la ladera, mientras espesas nubes cubrían la cumbre del coloso triangular a 3776 metros de altura.
Ayudados por bastones, los no videntes tantearon el camino y, tras atravesar un espeso bosque de lengas, por donde apenas se cuela el sol, descubrieron el cartel indicador que marca la senda, luego de pasar frente a la Escuadrón de Gendarmería Tromen, desde donde siguieron todo el ascenso con binoculares.
Tras cruzar el arroyo Turbio, no sin dificultad, la picada de la "espina de pescado" se abrió ante ellos. Se trata de un camino escarpado y dificultoso, que desemboca en un claro.
Aquí se plantea la gran disyuntiva porque hay tres rutas posibles para llegar a los refugios. Una es seguir por la "espina de pescado", la más directa y empinada, otra es "la canaleta", con una pendiente muy escarpada, donde suele haber desprendimiento de rocas y sólo recomendable para bajar, y el "camino de mulas", más largo, pero más suave y bien señalizado.
Este fue el camino elegido por los expedicionarios. Tras andar y andar, llegaron al Refugio del RIN. Su techo naranja apenas se distingue sobre la ladera, totalmente nevada. El guardaparques de la seccional Tromen los acompaña en el ascenso.
Pero las condiciones meteorológicas en la base del volcán no tienen nada que ver con lo que ocurre allí arriba.
Cuando estaban por llegar, un tormenta de nieve amenazante, perfectamente visible con binoculares desde la base, estuvo a punto de hacer naufragar la expedición, que sin embargo redobló el paso y alcanzó el refugio, con capacidad para 20 personas.
Estaban exhaustos. Pero dejaron sus mochilas alegremente, porque se sienten protagonistas de un hecho histórico: son el primer grupo de americanos no videntes en escalar una montaña de las cordillera de los Andes.
El antecedente más próximo es de 1996, cuando tres ciegos españoles, auspiciados por la Organización Nacional de Ciegos de España (ONCE), hicieron cumbre en el Aconcagua.
Una vez en el refugio, los expedicionarios se comunicaron con Patricia por radio, en la base, para avisar que estaba todo bien y que no había habido ningún inconveniente.
Al amanecer, y después de dormir, luego de un ascenso dificultoso, el grupo tiene previsto desafiar la cima del volcán.
Serán al menos otras 7 horas de marcha, para aprovechar la luz del día. Allí, desafiarán la nieve, todavía dura a esa hora de la mañana. Los esperan canaletas peligrosísimas, que deberán evitar, entre inmensas torres de hielo que se erigen a los lados del sendero marcado. Será la culminación de una expedición, que sus protagonistas soñaron en 1997.






