Identifican a la banda que asesinó a Diego Peralta
Entre ellos hay tres policías, delincuentes dedicados a la piratería del asfalto y una mujer; comprometedoras escuchas
1 minuto de lectura'

La policía y la Justicia ya identificaron a los miembros de la banda que secuestró y asesinó a Diego Peralta.
Esta pista fue conseguida merced a la declaración del único detenido por la presunta participación en el hecho, que ayer reveló al juez y a los investigadores que el muchacho, de 17 años, fue secuestrado y asesinado por una organización delictiva formada por policías y piratas del asfalto, tal como anticipó LA NACION, en su edición de anteayer.
Según señaló una calificada fuente de la investigación, José García fue llevado desde el penal de Ezeiza hasta el despacho del juez federal que tiene a su cargo la causa, Carlos Ferreyro Pella, donde declaró durante varias horas y denunció que sufrió amenazas en su lugar de detención para que no contara ante el magistrado todo lo que sabía.
Diego Peralta había sido secuestrado el 5 de julio último, cuando iba en remise al colegio, en la localidad de El Jagüel. Su cadáver apareció, con diez puñaladas, flotando 39 días después, en una tosquera de Ezpeleta.
Diego fue asesinado, a pesar que su padre, Luis Peralta, pagó el rescate, de nueve mil pesos y dos mil dólares, a los secuestradores.
De acuerdo con fuentes de la investigación, en su declaración, el único detenido entregó al magistrado los nombres de los ocho integrantes de la banda, tres de los cuales serían policías.
En el listado figura, además, la identidad de la mujer que cuidó a Diego durante los días que pasó en cautiverio.
García es vecino de la localidad de El Jagüel y fue detenido hace quince días, acusado de pretender extorsionar a la familia Peralta. Entre los indicios que fundaron la detención de García figuran los cruces de llamadas telefónicas.
El imputado habría asegurado ante el magistrado que era inocente y que no tuvo nada que ver con el secuestro y homicidio de Peralta.
Sin embargo, los investigadores sostienen que García habría realizado varios llamadas telefónicas a la familia Peralta para solicitar dinero a cambio de información sobre Diego.
Otra fuente de la investigación dijo que existirían escuchas telefónicas que comprometerían a García y no sólo cruces de comunicaciones.
El imputado ya había declarado ante el juez Ferreyro Pella. Pero en esa oportunidad, García declaró por la presunta extorsión contra la familia y también dijo que era inocente.
Pero ayer fue convocado otra vez por el magistrado. Antes de declarar, el juez le notificó que los cargos en su contra se habían agravado debido a que Diego Peralta había sido asesinado. Ahora no sólo se lo acusaba de una presunta extorsión sino de un posible secuestro seguido de muerte, delito que tiene una pena de reclusión perpetua.
Así, al encontrarse ante un situación más comprometida, García habría decidido declarar.
Durante su indagatoria, el detenidos denunció que sufrió amenazas de muerte para que no declare, según señaló una fuente cercana a la investigación.
Entre los datos aportados por el imputado, figuran, además de los nombres de los policías, una completa descripción de las actividades de la banda.
De acuerdo con los informantes, la organización delictiva se dedicaba a robar camiones con mercaderías y automóviles, que eran desarmados en algunas casasquintas de la zona.
Dichas mercaderías eran vendidas a un precio menor que el que rige en el mercado por los delincuentes, que actuaban con la protección policial.
No obstante, las fuentes no lograron confirmar si el acusado reveló cuál habría sido el móvil de secuestro y posterior asesinato de Diego. Algunos de los investigadores y la madre del muchacho señalaron la posibilidad de que Diego hubiera reconocido a los secuestradores, pues eran de la zona.
Anoche, el juez ordenó a los investigadores que verificaran todos y cada una de las acusaciones y pistas aportadas por el imputado García, antes de pedir detenciones y órdenes de allanamiento.
Además, la Justicia investiga si otros dos jóvenes, desaparecidos en enero último y en noviembre de 2000, en la zona de El Jagüel, tienen algún tipo de relación con la muerte de Peralta (ver aparte).
Estos casos constituyeron algunos de los temas tratados en la reunión que el gobernador bonaerense, Felipe Solá, mantuvo ayer con el presidente Eduardo Duhalde, para analizar la situación de inseguridad en el conurbano bonaerense.
Gendarmería ya patrulla el conurbano
Más de 1000 hombres de la Gendarmería Nacional están patrullando desde hace 10 días el llamado primer cordón del conurbano provincial, como parte del plan sellado de seguridad perimetral de la ciudad de Buenos Aires.
Junto con personal de la policía bonaerense, los 1032 gendarmes vienen realizando durante las 24 horas controles de vehículos y de personas en la franja comprendida en las primeros dos kilómetros que bordean la General Paz en lo que, para los gendarmes, se denomina Operativo Cono.
"Hasta ahora hemos controlado 13.000 vehículos y 15.000 personas, se secuestraron seis rodados y se produjeron algunas detenciones", afirmó a LA NACION el jefe de la fuerza de tareas del operativo, comandante mayor Aníbal Sánchez Gómez.
Este oficial superior despejó las dudas que había respecto de que el envío desde el interior hacia Buenos Aires de este importante número de gendarmes podría afectar la seguridad fronteriza.
"Queremos que la gente se quedé tranquila, porque estos 1032 gendarmes que hoy ofrecen más seguridad en el conurbano bonaerense no fueron sacados de nuestras fronteras, pues pertenecen a una reserva que posee la Gendarmería, que puede ser utilizada en casos de emergencia como éste", enfatizó Aníbal Sánchez Gómez.
Agregó que estos hombres provienen de puestos móviles de la Capital y de las provincias de Misiones, Córdoba y de algunas de la Patagonia.
- 1
2Qué se sabe de la salud de la influencer que se accidentó con un cuatriciclo en Pinamar
3Un verano extremo en la costa: sismo, meteotsunami, remolinos de viento, sudestada y temporal, ¿solo casualidad?
4En campos y también en zonas urbanas: el ataque a un niño reavivó un problema que hace décadas crece en la Patagonia

