
Indagan a Garbellano por extorsión
Comprometido: el propio juez que pidió el desafuero de Oyarbide tomará declaración a su ex amigo por tres delitos; una nueva denuncia.
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Hoy no podrá estar en el programa de Mauro Viale. Luciano Garbellano, el aspirante a actor, ex amigo del juez federal Norberto Oyarbide y regente de por lo menos dos prostíbulos de esta ciudad, tendrá otro compromiso: defenderse ante la Justicia.
El juez Fernando Rodríguez Lubary, que la semana última pidió al Congreso el desafuero del magistrado, indagará a las 10 a Garbellano por los delitos de tentativa de extorsión por chantaje, falsa denuncia e infracción a la ley 12.331, de profilaxis antivenérea.
La primera acusación está directamente relacionada con el escándalo que puede terminar con la carrera de Oyarbide y que ayer lo obligó a pedir una licencia de 45 días.
Los investigadores creen tener pruebas para sostener que Garbellano intentó chantajear al juez con un video de su vida íntima a cambio de "protección a su persona y a sus negocios non sanctos".
La segunda imputación se refiere a la denuncia que el joven, de 31 años, radicó en la comisaría 1a. de la Policía Federal, el 27 de marzo último.
Allí declaró que dos días antes le habían robado sus dos teléfonos celulares mientras caminaba por una calle céntrica de la Capital. Sin embargo, la Justicia considera que eso no es cierto. En rigor, Garbellano fue atacado a tiros en la ciudad de Zárate la noche del 24 de marzo último y, después de ser atendido en el hospital zonal con tres balazos en su cuerpo, declaró ante la policía bonaerense que un hombre le disparó a matar para robarle sus dos teléfonos celulares y las llaves de su automóvil BMW. Algo poco creíble para quienes instruyen la pesquisa.
Por el momento, el tercero y último cargo por el que tendrá que responder el encargado de los prostíbulos Spartacus y Reverse es propio de su reconocida actividad: la prostitución organizada.
La voz de la amenaza
Pero la situación judicial de Garbellano empeoró el viernes último, cuando, pasadas las 17, Francisco Jesús Matus, un accionista de una empresa naviera, se presentó ante la Fiscalía de Cámara Nº 3, a cargo de Norberto Quantín, y dijo que tenía algo que denunciar vinculado con el caso Oyarbide.
El hombre, de unos 50 años, declaró durante tres horas ante el fiscal Adrián Giménez y, sin ahorrar adjetivos, acusó por amenazas a Garbellano e, indirectamente, a Oyarbide.
Fuentes judiciales confiaron a La Nación que primero contó detalles sobre una causa por los contratos de unos buques pesqueros rusos, que habría instruido primero el juez federal Jorge Urso y luego Oyarbide, a raíz de una denuncia suya.
Después Matus relató que cuando escuchó la voz de Garbellano en la televisión identificó -con seguridad- a quien lo amenazó durante meses luego de que él vio al juez Oyarbide cenando en la parrilla El Mirasol de la Recova con el hombre al que había denunciado en la causa citada y que Oyarbide debía investigar.
Como no existían medidas urgentes pendientes para el fin de semana, el fiscal Giménez llevó ayer el testimonio de Matus para sortear en la Cámara del Crimen el juez que investigará la denuncia.
El azar determinó que la causa será tramitada en el Juzgado de Instrucción Nº 25, que quedó vacante luego de la destitución del juez Francisco Trovato, hoy detenido y procesado por cohecho. El juez Raúl Yrigoyen es quien está temporalmente a cargo de ese tribunal.
Entre la espada y la pared
Tal como informó La Nación en forma exclusiva, el viernes último el juez Rodríguez Lubary concedió la exención de prisión de Garbellano, que presentó el abogado Víctor Stinfale para evitar que su defendido quede preso mientras se sigue el proceso en contra de él.
Es que, según fuentes cercanas al imputado, Garbellano está asustado y teme ir preso.
No sabe cómo salir de la incómoda posición en la que quedó desde que Zineddine Rachem, recepcionista del mencionado restaurante y amigo común de Garbellano y Oyarbide, denunció que el magistrado lo había amenazado de muerte porque él conocía el contenido de la cinta comprometedora.
Garbellano está entre la espada y la pared. Si protege a Oyarbide puede empeorar su situación judicial y si lo ataca romperá para siempre sus vínculos con quien -insiste- fue su gran amigo.
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