
Indignación en el sepelio de Ezequiel
Un pastor afirmó en la ceremonia de inhumación que los policías imputados "les han dado la espalda a Dios y al pueblo"
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A Mabel Ingamba, al fin, la derrumbó su inmensa tristeza. Con el rostro bañado en lágrimas, miraba la tierra y susurraba, desconsolada: acababa de enterrar a su hijo, Ezequiel Demonty, en el cementerio municipal San José de Flores, e intentaba encontrar una explicación. "Cómo pudo ocurrir esto", repetía.
A su lado, unas 300 personas, entre las que se contaban vecinos del barrio Presidente Illia, familiares y amigos de los deudos, acompañaban a la madre de Ezequiel en su dolor.
"Esto no debe volver a pasar nunca más, y espero que los responsables se arrepientan por haber matado a mi hijo", exclamó Ingamba, mientras que una de las tías de la víctima, Lidia Rodríguez, dijo: "Lo que le hicieron a la familia no tiene perdón. Ninguno de los que lo mataron (a Ezequiel) tiene que quedar libre".
Precisamente, el comisario general Roberto Giacomino, jefe de la Policía Federal y, en consecuencia, de los 10 policías de la comisaría 34a. presos por haber obligado a Demonty y a dos de sus amigos -menores de edad- a tirarse al Riachuelo y nadar desde Pompeya hasta Valentín Alsina, en la madrugada del sábado último, dijo ayer, en un programa de televisión: "No pido perdón porque el perdón lo da Dios. Es imposible que alguien pueda aceptar las disculpas".
Giacomino, que descartó una renuncia suya a raíz del episodio, aseguró que prefiere "trabajar con buenos y menos policías" y dijo: "Realmente, la carga que tengo es tremenda; jamás lloré en mi vida, pero estoy embargado por la emoción. Lo más duro fue cuando mi hija, de 22 años, me preguntó: Papá, ¿vos podés terminar con esto?".
Mientras Giacomino prometía máxima dureza en la sanción para los culpables, en el cementerio de Flores las últimas paladas de tierra caían sobre el féretro y, entre familiares y amigos de Ezequiel Demonty, los reclamos de justicia y el repudio hacia la Policía Federal se reiteraban. "Que queden todos presos", gritó Oscar, un vecino. Y varios aplaudieron.
"Comprendan nuestro dolor"
En ese momento, la madre de Ezequiel pidió a la gente que se había acercado hasta el cementerio de Flores que entregase a los involucrados una especie de cinta en la que se podía leer la leyenda "comprendan nuestro dolor".
Entonces, el pastor evangélico que dirigió la ceremonia dijo: "No pedimos violencia, sino cambios radicales. Pedimos paz y seguridad para nuestra Nación, para que la muerte de Ezequiel no sea en vano.
"No queremos que su nombre quede en el olvido, y todos esperamos que las autoridades entiendan que debemos volcarnos hacia un cambio. Los 12 policías involucrados (diez están detenidos) les han dado la espalda a Dios y al pueblo", agregó el religioso.
Apenas concluyó el entierro, y antes de retornar a su casa del Bajo Flores, el padrastro de Ezequiel, Rodolfo Suárez, denunció que las familias de los otros dos jóvenes, que también fueron obligados a tirarse al Riachuelo y a cruzar a nado hasta la otra orilla, "están recibiendo amenazas".
"Reciben llamadas anónimas y les dicen que no hablen más, que no hablen con la prensa. Además, no tienen custodia y por eso tienen mucho miedo", dijo Suárez.
Igualmente, Suárez se mostró tranquilo, dijo que confiaba en Dios y agregó que ahora él y su mujer deben seguir adelante: "Vivir para cuidar a nuestros otros siete hijos".
En tanto, el defensor adjunto del Pueblo de la Ciudad de Buenos Aires, Gustavo Lesbegueris, dijo que "llegó el momento de que se haga justicia y que el crimen de Ezequiel no quede impune".
Y Luz Martínez, la ex maestra del chico que acompañó a la familia durante la semana que duró la búsqueda, reclamó que queden presos los responsables de la muerte de Ezequiel y dijo que los uniformados que participaron "destruyeron a la policía".
La policía apunta a un solo oficial
El jefe de la Policía Federal, comisario general Roberto Giacomino, aseguró ayer, aun amparado en el secreto del sumario impuesto en el caso, que el oficial subinspector Gastón Somohano, jefe de calle de la comisaría 34a., asoma como el principal responsable de haber obligado a Ezequiel Demonty y a otros dos adolescentes a arrojarse a las fétidas aguas del Riachuelo y cruzar a nado hacia el conurbano, desde la orilla del barrio porteño de Pompeya.
Giacomino, que anteayer había calificado de "delincuentes", "traidores" y "enemigos" a los policías partícipes del ilegal trato a los tres chicos, que terminó con la muerte de Demonty, aseguró además que pondrá "todos los medios" a su disposición para investigar las presuntas amenazas recibidas por los familiares y allegados de los dos menores que acompañaban a Ezequiel en la madrugada del sábado último y que lograron sobrevivir tras la vejación a la que los sometió la policía.
Somohano -calificado como "un tarado" por Giacomino- fue apuntado como el ideólogo del "escarmiento" al que efectivos de la comisaría 34a. sometieron a Demonty y a sus dos amigos por el sargento 1° Luis Funes, uno de los integrantes de las cuatro patrullas que estuvieron a la hora del vejamen a orillas del Riachuelo, cerca del puente Victorino de la Plaza. Luego, otros tres efectivos policiales apuntaron al subinspector, y dijeron que a los chicos los habían atrapado por haber intentado, presuntamente, robar el rodado a un ciclista.
Además de Somohano y Funes, los otros policías presos son los cabos primeros Luis Gutiérrez, Alfredo Borsanari y José Luis Martínez, el cabo Andrés Wright y los agentes Santiago Ritrovato, Sandro Granado, Maximiliano Pata y Jorge Solís.
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