Inquietud entre vecinos y comerciantes de El Palomar por la restricción horaria que empieza hoy

Los vecinos y comerciantes de la zona están inquietos porque habrá menos pasajeros
Los vecinos y comerciantes de la zona están inquietos porque habrá menos pasajeros Fuente: LA NACION - Crédito: Ricardo Pristupluk
Alejandro Horvat
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26 de septiembre de 2019  • 15:41

"Esto es todo político, yo vivo acá y vi pasar todos los aviones militares. Estos vuelos comerciales ni hacen tanto ruido en comparación con esos. Yo duermo muy tranquilo, la verdad que es ridículo lo que plantean en un barrio que hace 100 años tiene el aeropuerto", dice Hugo Díaz, de 75 años, que vive a 10 cuadras del aeropuerto de El Palomar . Hoy empezó a regir la restricción horaria para el despegue y aterrizaje de los vuelos, dictada por la jueza federal de San Martín, Martina Forns . Los aviones no podrán operar entre las 22 y las 7, lo que causa malestar e inquietud entre vecinos y comerciantes de la zona que vieron una mejora en el barrio a partir de la llegada de varias aerolíneas low cost a la aeroestación .

Anteayer el Ministerio de Transporte y la Administración Nacional de Aviación Civil (ANAC) presentaron un informe de mediciones de ruido ante la Cámara de Apelación y realizaron un pedido de "prórroga y morigeración de la medida cautelar", que fueron rechazados ayer en el fallo de la jueza.

Los vecinos y comerciantes de la zona están inquietos porque habrá menos pasajeros
Los vecinos y comerciantes de la zona están inquietos porque habrá menos pasajeros Fuente: LA NACION - Crédito: Ricardo Pristupluk

Las conclusiones del estudio de ruidos presentado por el Gobierno indica: "El 73,07% de las mediciones nocturnas no supera los límites planteados como aptos para el buen descanso de los vecinos." Además, según el informe, "aquellos valores levemente superiores al límite se deben a cuestiones ajenas a la actividad aerocomercial".

En el documento de rechazo de la jueza se arguye, entre otros motivos, que no se consignan los parámetros para definir "buen descanso de los vecinos", que no se consigna la cantidad de movimientos aeronáuticos de los días en los que se realizó el estudio y que no se indica fecha de presentación del informe ante el Organismo Regulador del Sistema Nacional de Aeropuertos (Orsna) ni su correspondiente autorización.

"A mí me despidieron de una fábrica que estuvo abierta en Hurlingham durante 70 años hasta que los vecinos se empezaron a quejar de los olores. Primero que acá los vecinos no se quejan y segundo que con esto me vuelve a pasar lo mismo, nos quitan trabajo. Vamos a tener menos viajes. Encima que falta laburo, ahora hacen que venga menos gente", argumenta Daniel Marzullo, de 55 años, que trabaja en una de las agencias de remises y colectivos del aeropuerto.

A raíz de este medida, la aerolínea low cost Jetsmart anunció el martes pasado que reducirá frecuencias y cancelará temporalmente cuatro de sus 18 rutas. Además, habrá ajustes de frecuencias y cambios horarios de operación, los cuales serán comunicados a los pasajeros directamente. "Esta es una situación que nos preocupa, más que nada por el cambio que va a generar en los pasajeros. Tenemos que redibujar el itinerario vendido y planificado; desarmar lo que ya está planificado hasta marzo de 2020", dijo a LA NACION Gonzalo Pérez Corral, gerente general de Jetsmart.

"Hacen algo bueno y lo quieren voltear. Va a haber menos pasajeros, menos trabajo, menos plata. Aparte yo no veo que los vecinos se estén quejando por el ruido. Acá hace más ruido el tren que los aviones", dice Nicolás Moreno, un taxista de 56 años, parado frente a la entrada del aeropuerto a la espera de algún cliente. "Me parece que está mal, mirá, el food truck está funcionando a pleno, van y vienen pasajeros, esto genera mucho movimiento, se hacen nuevos espacios verdes frente al aeropuerto, la verdad que es una lástima que se corten los vuelos, más ahora que se viene el verano", dijo un empleado de una aerolínea low cost que prefirió no dar su nombre.

Fuente: LA NACION - Crédito: Ricardo Pristupluk

El 17 de septiembre pasado se organizó una marcha a la que asistieron unas cien personas, entre empleados y vecinos, que se congregaron en la entrada para apoyar su existencia. Empleados de FlyBondi y JetSmart, las dos empresas low cost que operan allí actualmente, junto con residentes de la zona, aplaudían y sostenían carteles que decían "miles de empleados afectados", "más vuelos, más empleos" y "la jueza Martina Forns no nos deja trabajar".

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