
La adicción, una enfermedad secundaria
Por José Abadi Para LA NACION
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El adicto sufre. Su padecimiento lo captura, lo inhabilita, lo lastima. Las adicciones se han convertido desde hace ya varios años en las enfermedades más frecuentes, expansivas y comprometedoras del sujeto en todo nivel.
La desesperación a la que muchas veces conduce al adicto la falta de "la droga" deriva en conductas irresponsables, autodestructivas, teñidas o bien de magia salvadora o bien de actos transgresores. Algunas veces, como hemos visto, estos dos últimos conceptos se confunden. Las adicciones evidentemente son una enfermedad; pero aclarémoslo: son una enfermedad secundaria o, si preferimos decirlo en otras palabras, son el resultado de una enfermedad anterior. Consecuencia de un conflicto original que el sujeto no ha podido resolver de un modo positivo, terapéutico, sino que ha intentado, a través de un fallido mecanismo de autocuración, obtener un alivio engañoso y sintomático.
La adicción es la enfermedad encubridora de otras problemáticas que acosan a un sujeto, que necesitarán ser concientizadas, aceptadas y reparadas para disolver de un modo estructural y profundo la patología que lo envuelve. Desde luego, el consumo crónico de estupefacientes produce toda una serie de trastornos psíquicos y físicos.
La intensidad en el consumo, tanto en lo que hace a su frecuencia como a la dosis, va progresivamente en aumento en función del fenómeno de tolerancia, largamente estudiado.
Por otro lado, la supresión abrupta produce lo que se conoce como síndrome de abstinencia, que variará en sus manifestaciones de acuerdo con el tipo de droga de que que se trate: será distinto en los opiáceos que en las drogas excitantes, como la cocaína, o en antidepresivos y ansiolíticos.
Los síntomas que suelen verse comprometen el sistema neurovegetativo, causan vómitos, diarrea, taquicardia y trastornos respiratorios, como conductas típicas de trastornos de angustia y reacciones violentas. El tratamiento debe dirigirse a la multiplicidad de causas y trastornos que giran alrededor de este problema.
Se trata de una terapia prolongada que, en los períodos agudos, debe ir a la asistencia de los fenómenos urgentes evitando las recaídas inmediatas.
El autor es médico psiquiatra






