La Argentina instó a Japón a detener la caza de ballenas
Rechaza la matanza con fin científico por considerar excesivo que se faenen 400 al año
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Después de tres semanas de seguimiento de los buques japoneses por parte de la organización ambientalista Greenpeace, el gobierno argentino instó ayer a su par de Japón a no seguir cazando ballenas en aguas del Santuario Austral, instituido en 1994.
La actividad provoca la muerte de entre 400 y 440 cetáceos por año, con la excusa de que se realizan actividades científicas enmarcadas en acuerdos internacionales.
Es un paso importante para nuestro país, ya que solamente los gobiernos de Gran Bretaña, Australia, Nueva Zelanda y los Estados Unidos han manifestado su rechazo a las actividades balleneras.
De acuerdo con un comunicado de la cancillería argentina, el Poder Ejecutivo urgió al gobierno de ese país asiático a cesar la caza de ballenas porque "anualmente las actividades científicas niponas conllevan la muerte de más de 400 cetáceos en aguas del Santuario Austral".
"La Argentina -dice el comunicado oficial- considera que la caza de ejemplares por parte de la flota ballenera japonesa en tan elevado número no responde a las necesidades críticas de investigación, por lo que debe realizar investigaciones por medios que preserven la vida de las ballenas."
En la embajada de Japón, por su parte, las fuentes consultadas dijeron no haber recibido aún comunicación oficial del pedido del Ministerio de Relaciones Exteriores de la Argentina y declinaron comentar sobre ese documento.
El reclamo argentino apunta directamente a las autoridades niponas, porque "el gobierno de Japón ha emitido un permiso de investigación científica marina en aguas antárticas y subantárticas, de conformidad con el artículo VII de la Convención para la Regulación de la Caza de la Ballena, en la que tanto la Argentina como ese país forman parte".
"Esa norma contempla el derecho de los miembros de la Comisión Ballenera Internacional (CBI) de autorizar la caza de ballenas para fines científicos", agrega.
El comunicado del Palacio San Martín destaca que el país mantiene inalterable una inobjetable posición en favor de la conservación de las ballenas, tanto en el plano interno como en los foros internacionales.
Demasiados ejemplares
"Es por eso que si bien la caza científica es un derecho soberano de los Estados miembros de la CBI", la Argentina "ha expresado su preocupación con respecto a las actividades de Japón, que sacrifica un elevadísimo número de ejemplares para actividades de investigación, que no son consideradas de necesidad crítica", afirmó la Cancillería.
La resolución de la CBI afirma que "el programa científico del Japón no está dirigido a necesidades de investigación para el manejo de cetáceos en aguas antárticas".
Reafirma que los Estados deberían abstenerse de emitir permisos de investigación científica que impliquen la muerte de ejemplares.
Asimismo, urge al gobierno japonés "a abstenerse, en ejercicio de sus derechos soberanos, de emitir más permisos especiales para la caza de ballenas".
Los ambientalistas
"La única manera de que Japón detenga su programa de caza ilegal es mediante una fuerte presión diplomática de los países, especialmente aquellos como la Argentina, directamente afectados por este atentado al ambiente", sentenció Milko Schvartzman, coordinador de la campaña Greenpeace de Argentina, a bordo del MV Arctic Sunrise.
La caza de ballenas es violatoria de los artículos 65 y 120 de la Convención para las Naciones Unidas para la Ley del Mar (Unclos), que establece que los Estados deben trabajar en pro de la conservación, manejo y estudio de los cetáceos a través de los organismos internacionales correspondientes. Esto dicen los ambientalistas.
En 1994, nuestro país apoyó la creación de una zona de exclusión denominada Santuario Ballenero Austral, por 23 votos en favor y el voto de Japón en contra, y todos los años renueva en la Comisión Ballenera la resolución que pide que naciones como Japón detengan su caza ilegal.
Japón, por otra parte, ha declarado que el número de ejemplares que captura (entre 400 y 440) es destinado a fines científicos, para estudio de los efectos del cambio climático en la especie y de sus migraciones.
No obstante, según los mismos reglamentos que autorizan la captura de ejemplares, la carne y los subproductos de estos cetáceos son comercializados en el mercado japonés, luego de extraerles las vísceras.
En 1997 mataron 440 ejemplares y en 1998, 438 cetáceos. Japón manifestó que espera que se libere la caza comercial de esta especie, cuando se establezca un cupo que permita una explotación sustentable.
El pueblo japonés, pesquero por tradición como Noruega e Islandia, se alimentaba antiguamente con la carne de ballena, un plato considerado popular. La restricción de la caza provocó el alza de los precios y ahora lo convirtió en un artículo de lujo.





