
La Boca revive a orillas del Riachuelo
Las obras ayudaron al desarrollo urbanístico, pero la falta de viviendas y la suciedad persisten
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En los últimos años La Boca dejó de ser para muchos solamente Caminito. Desde 1997, el barrio experimentó un cambio sustancial que afectó tanto el aspecto externo como la infraestructura de la zona. Sin embargo, muchos de los eternos problemas siguen sin resolverse.
Durante mucho tiempo, las necesidades de la Boca habían sido desatendidas. La modernización que vivieron muchos barrios de la Capital, como Puerto Madero o Palermo Viejo, le pasó de largo. Sólo en octubre de 1997, con el levantamiento de un muro de contención para las inundaciones y la construcción del paseo costero, todas las miradas se volvieron hacia La Boca.
En ese año, las propiedades se revalorizaron en el ciento por ciento, según Mariano Manikis, dueño de una inmobiliaria del lugar.
Poco a poco, con la aparición de galerías de arte, bares que exponen obras de pintores jóvenes y la actividad de empresas culturales, como la Fundación Proa o el Teatro de la Ribera, el barrio fue recuperando algo del carácter bohemio que tenía anteriormente, cuando era cosa de todos los días ver a Quinquela Martín o a Juan de Dios Filiberto tomar un café en la plaza de los Suspiros. O ser testigo de una representación dirigida por Cecilio Madanes en el teatro Caminito.
La refacción del Museo Escuela Quinquela Martín, el empedrado de la avenida Pedro de Mendoza, la rehabilitación del pasaje Garibaldi y la rambla que acompaña el serpenteo del Riachuelo, con árboles, bancos y una nueva iluminación, consiguieron devolver a La Boca parte de su antiguo aspecto.
Una de las principales causas del repunte de la zona es una mejora en la infraestructura, según la opinión de diversos comerciantes de la ribera. Las crecidas periódicas del Riachuelo ya no son un peligro para sus negocios, gracias a la construcción de un muro de 1,10 metro y la modernización del sistema de desagües, que ya tenía un siglo de antigüedad.
Con el agua a las rodillas
"Antes, cada vez que llovía teníamos el Riachuelo en la puerta de casa", asegura Emilia Vargas, habitante de un conventillo remozado en la avenida Pedro de Mendoza, en la misma casa donde el pintor Rómulo Macció tiene su estudio.
También se instaló un colector de siete kilómetros de longitud que conduce el agua a estaciones de bombeo. "En las lluvias de la semana última -dice Vargas- se inundaron un poco la calle Necochea y alguna calle más; nada que ver con lo que era antes." El costo total de las obras ascendió a 75 millones de pesos y el Centro Argentino de Ingenieros se encargó de llevarlas a buen término.
Un problema del barrio, todavía sin resolver, es el de la vivienda. Actualmente en La Boca hay alrededor de 400 familias en "emergencia habitacional", según la Comisión Nacional de Vivienda. "Ahora hay más conventillos, sobre todo ocupados por inmigrantes paraguayos y bolivianos", confirma un vecino, sentado en la esquina de Necochea y Brandsen. En la pared de un galpón industrial puede leerse en un graffiti: "Basta de desalojos. Donde hay una necesidad, hay un derecho".
Para atacar el problema, el gobierno porteño elaboró el plan de recuperación de inquilinatos, que empezó a aplicarse a 17 casonas. Los conventillos son comprados por la comuna para ser refaccionados y vendidos en 300 cuotas, que nunca pueden superar el 20% del ingreso familiar. El primer conventillo remodelado, de 2500 metros cuadrados, situado en la calle Puerto de Palos, fue entregado a 15 familias la semana última.
Fachadas de frescos colores
A pesar de las inversiones millonarias, las obras de reciclado no afectaron de forma pareja todas las áreas de la Boca.
Los alrededores de la Vuelta de Rocha y Caminito vivieron un auge, incrementado en los últimos meses, de nuevos cafés, galerías de arte y restaurantes de lujo. Sus fachadas todavía frescas con los colores que imaginó Quinquela; el pasaje Garibaldi, recién rehabilitado, pintado con murales; negocios y panaderías de alto nivel, sirven de contraste con la zona más cercana al puente transbordador.
Al internarse en el corazón del barrio, calles y veredas continúan devastadas, numerosas familias viven en casas tomadas y la pobreza y la suciedad son el paisaje cotidiano. El puente transbordador, a pesar del plan para recuperar su estructura metálica y habilitar encima un mirador, sigue abandonado y lleno de óxido.
Aunque ya existe un proyecto para la limpieza del Riachuelo, el problema de la insalubridad de sus aguas sigue presente. Mientras que la obra para desviar los vertidos cloacales está por ser inaugurada, el dragado del cauce del río no está entre las prioridades del proyecto.




