
La casa que alberga las ilusiones de chicos que buscan crecer con amor
Unos 40 niños tienen allí no sólo un techo, sino también educación y asistencia sanitaria
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Son una de las entidades argentino-europeas más antiguas del país. Nació a mediados de 1800 y, aunque muchísimas cosas cambiaron en tantos años, la voluntad de ayudar permanece intacta en la Sociedad Alemana de Beneficencia.
Poco saben de esta larga historia Mili, Victoria, Sofía y León. Lo que sí saben, y de sobra, es la posibilidad de tener algo único que les da la asociación: tener una casa.
Estos hermanitos son cuatro de los 40 chicos que vive en el Hogar María Luisa, de Villa Ballester, que con gran esfuerzo sostiene la tradicional entidad.
"Los chicos llegan de distintas maneras. Tenemos un buen contacto con las escuelas y con los vecinos del barrio, que saben bien de nuestro trabajo constante. La idea es poder ayudar a los casos extremos", explica Pedro Kipp, que es el director del hogar.
Junto con Ursula, su esposa, son los "papás" de estos chicos que reclaman afecto en cantidades impensadas. Ludmila, que con tres años es la más chiquita, no se separa de las manos de Ursula.
Los chicos vienen de hogares con extrema conflictividad. "La misión no es sólo darles un techo, comida y educación, sino transmitirles valores culturales y éticos para que se puedan valer en la vida en ambientes difíciles", reconoce el presidente de Sociedad Alemana de Beneficencia, Juan Diego Finsterbusch.
Pedro se emociona cuando habla de las historias de cada chico, y habla seguro: "Tenemos que tratar de no desarraigarlos de su entorno, sino de incorporar a la familia para que se produzca el cambio cultural en la ella. Nuestro trabajo va mucho más allá de los chicos".
Necesidades
El hogar funciona en un edificio que el colegio alemán, el Instituto Ballester, les dio en comodato, pero que, de tan antiguo, requiere un constante mantenimiento.
Con un evento anual que reúne a las familias, intentan acrecentar unas cuentas que casi siempre están en rojo, según considera el vicepresidente de la comisión directiva del hogar, Frank Böhmermann.
Donaciones privadas
El movimiento de la enorme casa se financia con donaciones privadas y empresariales, sin subsidio del Estado argentino o el alemán.
"Con la crisis de 2001, perdimos el 99 por ciento de los donantes", cuenta Ursula Schiz Liermann, presidenta de la comisión directiva del hogar y voluntaria desde hace más de 25 años.
"Logramos, en 1992, crear una sociedad de fomento en Alemania con amigos que nos ayudan desde allá. Nuestro lema fundamental es ayudar con transparencia", agregó Liermann.
"La supervivencia en solitario no es posible. Tenemos acuerdo con la sociedad escolar y la de comercio alemanas, con embajadas, con el Hospital Alemán, que atiende a nuestros chicos. La idea es sumar para llegar a más chicos, pero realmente nos faltan recursos para poder dar más ayuda", destaca Cristina Sommer, integrante de la comisión directiva de Sociedad Alemana de Beneficencia.
Además de estos chicos, la Sociedad Alemana de Beneficencia se ocupa de sostener el hogar Los Pinos, que alberga a 140 adultos mayores en Pacheco, y realizan envíos de mercaderías al interior del país. Para colaborar con ellos, su página web es dwg.org.ar y su teléfono, el 4740-5131/5867.
No sólo tienen voluntarios locales, sino también, desde hace 10 años, jóvenes que llegan del servicio civil de Alemania, que vienen a realizar tareas solidarias y se quedan a vivir en alguno de los dos hogares durante seis meses o un año.
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