
La ciudad de Arribeños volvió a la normalidad
Los vecinos regresaron a sus hogares
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ARRIBEÑOS.- La pareja de gansos Archibaldo y Eustaquia, propiedad de Marcos Vallas, se paseaba muy oronda por el centro de una de las principales arterias, obligando tozudamente a que los conductores torcieran el volante para no pisarlos.
Parecían un símbolo de que las cosas habían vuelto a la normalidad en esta pequeña localidad del noroeste bonaerense, que anteayer fue sacudida por el mayor susto vivido en sus 94 años de historia, cuando se instaló sobre ella una amenazante nube de ácido clorhídrico.
El susto se tradujo en la evacuación casi total de los pobladores. En su gran mayoría se dirigieron a Teodelina, que, como para establecer un récord, vio en pocas horas duplicada su población, mientras otros -por tener familiares a los cuales acudir- optaron por los pueblos de Ferré, General Arenales, Vedia o Ascensión.
Regresaron seis horas después, al habérseles asegurado que la nube se había disipado y que no existía ningún riesgo. Escucharon otro mensaje aún más tranquilizador: nadie estaba internado en la sala de primeros auxilios local, y los pocos casos atendidos no fueron más que de un mareo o un dolor de cabeza.
No sólo los despreocupados gansos indicaron que ayer, en el día después del episodio, otros vientos soplaron por aquí, acompañados por un sol radiante. La actividad habitual se desarrollaba como si en realidad nada hubiera sucedido. Aunque el tema subsistía en el comentario de muchos, con especial énfasis en la crítica sobre el control que debería imponerse al transporte de sustancias peligrosas.
Los camiones que habían participado en el accidente continuaron sobre la ruta 65 hasta el mediodía, cuando el juez de la causa, Alberto Santa Marina, ordenó su remoción, tras finalizar los peritajes que había dispuesto.
Allí, La Nación habló con Miguel Angel De Dio, propietario de la empresa a la que pertenece el camión cerealero, embestido por el que llevaba el ácido. "El nuestro iba a 50 kilómetros por hora, el otro a 90", aseguró. "Tienen que terminar los peritajes, pero para mí está claro que el muchacho ése se quedó dormido."
Gerardo Muñoz, de 37 años, es un trabajador municipal. A las 5.30 se aprestaba a manejar su tractor de limpieza, como todos los días. Apareció un jefe y le dijo: "Por el choque de camiones de anoche se formó una nube tóxica. Viene para acá. Tenemos que irnos todos. Vaya a buscar a su familia y enfile para Teodelina".
Fue a su casa, despertó a todos y preparó su viejo Dodge 600. Su mujer, María Isabel, de 35, se ocupó de vestir a los más pequeños de sus 9 hijos. El menor tiene un año; la mayor, Susana, 17.
"A la noche nos habíamos enterado del accidente, pero no sabíamos que podía ser peligroso para el pueblo. Cuando vino Gerardo me asusté y ellos también -cuenta María Isabel-. Uno de los chicos no dejaba de preguntarme, medio dormido: "¿Adónde vamos, mamá?" Fuimos a la casa de una amiga, en Teodelina."
Agrega que gran cantidad de gente no tuvo más remedio que instalarse en la plaza de la localidad vecina. "Eran muchos, había bebes, incluso. La comuna repartió alimentos, leche y pañales. Al fin pudimos volver, a eso de las 2 de la tarde."
La huerta, en orden
Olga Carpenzano vive en Mariano Moreno y Rivadavia. Al fondo de su vivienda posee una pequeña huerta en la que cultiva berenjenas, tomates, orégano y lechuga. "¿Si voy a lavar las hojas por el ácido? -responde, sonriendo-. No, ya nos explicaron que no es necesario."
Se pone seria al hablar de "las versiones catastróficas que se hicieron circular. Yo estaba en Teodelina. Hubo llamadas de todo el país, hasta una de Estados Unidos, de familiares muy preocupados por los suyos. Fue una irresponsabilidad y estamos indignados".
Dice que ella ni siquiera vio la famosa nube. "No sé... Estaba nublado. Había una niebla, sí, pero me pareció algo común, por la humedad, ¿vio?" Aparece un perro pequeño. "Se llama Coquito -comenta-. No fue con nosotros, porque no había lugar en el camión que nos llevó. Lo dejamos aquí, encerrado. Pero se portó bien. Tranquilo. Claro, no sabía nada de nada."
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