
La contaminación perjudica aún las playas de Magdalena
Permiten la habilitación de sólo dos de los 22 kilómetros de balnearios sobre el río.
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MADGALENA.- Once meses después del derrame de 5500 metros cúbicos de petróleo sobre las costas de este partido, la municipalidad decidió ayer habilitar en forma "provisional y precaria" la playa de Atalaya y el Balneario Municipal. La franja representa apenas dos de los 22 kilómetros que resultaron afectados por el escape de hidrocarburos.
En tanto, por orden del juez federal penal civil y comercial de La Plata, Ricardo Omar Ferrer, se clausuró para todo tipo de actividad el llamado Juncal 2 y la denominada Playa Nueva o "playita".
La habilitación provisional permitirá que en la zona renazca la actividad comercial de parrillas, almacenes y campings. La municipalidad, sin embargo, se reservó el derecho de volver a clausurar la zona en caso de que alguna de los peritajes que están en marcha demostrasen un alto grado de contaminación en la región.
El trabajo más importante, cuyos resultados se conocerán en pocos días, fue encargado al Instituto Nacional del Agua por la Justicia Federal.
El regreso de los pescadores
Casi un año después del derrame, en estas tierras los días parecen correr tranquilos. La marea negra de enero, cuando el choque entre dos barcos provocó el mayor desastre ecológico que se recuerde en las costas bonaerenses, al menos, no está a la vista.
En la parrilla Don Manuel, frente a la costanera, cuatro hombres se aprestan a iniciar una sesión de pesca. El mozo que los atiende, va y viene entre las mesas. "¿El petróleo? No, ya no se ve. Solo cuando hay tormenta y el río está revuelto aparecen algunas manchas que parecen de gasoil, ¿vio?" El hombre, conocedor de la zona, relata que desde la costa se pescan bagres y patíes y que, embarcado, se puede cobrar algún armado. "Aquí la gente pesca todos los días y después se los come. Yo no conozco a nadie que se haya enfermado".
El levantamiento de la clausura permitirá que renazcan las esperanzas de los pocos comerciantes que, durante la temporada estival, esperan ganar algunos pesos con el turismo.
Juan Sibetti, intendente aliancista de la ciudad, parece luchar entre dos aguas. Por un lado, sabe que el comercio de su pueblo necesita trabajar y, para ello, debe levantar la clausura. Por el otro, teme que la medida sea utilizada en su contra por la empresa Shell, propietaria del barco del que se derramó el petróleo.
Esto es porque el libre uso de la playa y del río podría ser tomado como total ausencia de contaminación. Y de por medio hay una juicio multimillonario.
El juez federal Ricardo Omar Ferrer, que entiende en la causa, dice no tener competencia para habilitar las playas y el libre uso del río. "Esa responsabilidad es de la comuna", explicó.
Sin embargo, el magistrado prohibió todo tipo de actividad en la zona conocida como Juncal 2. "Allí todavía hay restos de petróleo y se están haciendo estudios periciales. Nada debe ser tocado", argumentó.
En Magdalena, pese a lo que se pueda suponer, son pocos los que muestran real interés en la resolución de la Justicia. "La gente ya levantó la clausura de hecho", comenta un lugareño, apoyado contra las puertas cerradas de su despensa.
"Esto es todo política. De nosotros nadie se acuerda. ¿Quién me va a pagar todo el dinero que perdí? Aquí, los abogados hacían cola para convencernos de que le iniciáramos juicio a la Shell. Ahora hace meses que no viene nadie", añadió.
Ecologistas en alerta
MAGDALENA.- Los balnearios de esta localidad, ubicada 47 kilómetros al sur de La Plata, se encuentran bajo la lupa de entidades conservacionistas desde el 15 de enero de 1999.
Ese día chocaron, en el kilómetro 93 del canal de acceso al puerto metropolitano, el carguero Sea Paraná y el petrolero de la empresa Shell, Estrella Pampeana.
El primero tuvo un problema técnico en sus máquinas, embistió al segundo y le produjo un surco por el que se derramaron 5500 metros cúbicos de petróleo crudo liviano que iban con destino a Buenos Aires.
Una mancha de 22 kilómetros cuadrados se extendió -a partir del 17 de enero- sobre las costas de Magdalena.
El derrame tóxico afectó no sólo la zona turística, sino también una reserva de biósfera protegida por la Unesco.
Un informe de la Facultad de Ciencias Naturales de La Plata, concluido diez meses después del incidente, ratificó que existen en los sedimentos restos de petróleo crudo.
La presencia de hidrocarburos en barros y aguas, dijo el informe, representa un peligro para la fauna y la flora de la región.
Especialistas calcularon que lograr la limpieza total de la zona llevará casi cuatro años. Se aguarda para los próximos días el resultado de las pericias encargadas por la justicia de instrucción al Instituto Nacional del Agua y el Ambiente.
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