La ecolocación: de los murciélagos y delfines, a los humanos

El fenómeno de ecolocación podría aplicarse en humanos más allá de los no videntes
El fenómeno de ecolocación podría aplicarse en humanos más allá de los no videntes Fuente: Archivo - Crédito: ITBA
Es el mecanismo de utilizar sonidos que emiten para ubicarse; el hombre puede valerse de sonidos generados por ellos mismos con los dedos o la boca para orientarse
Víctor Ingrassia
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17 de octubre de 2015  • 14:36

Es sabido que la luz viaja más rápido que el sonido, por lo que el sentido de la vista es más preciso que el del oído a la hora de utilizar información para orientarse o ubicarse en un lugar preciso y realizar un determinado recorrido.

Pero hay animales como los murciélagos que pueden ubicarse y evitar chocar contra obstáculos durante sus vuelos nocturnos sin necesidad de usar el sentido de la visión. El mecanismo que les permite realizar esta proeza, se llama ecolocación, y es similar al sonar que usan los barcos y submarinos para detectar a sus enemigos y medir distancias en el océano. También los delfines utilizan este mecanismo para ubicarse en el agua.

Fernando del Solar Dorrego en el ITBA estudia esta habilidad que poseen algunos animales
Fernando del Solar Dorrego en el ITBA estudia esta habilidad que poseen algunos animales Fuente: Archivo - Crédito: ITBA

"El principio de su funcionamiento es simple: los murciélagos emiten sonidos de alta frecuencia (tan altos que los humanos no podemos oírlos) a un ritmo de unos 200 sonidos por segundo.

Cuando estos sonidos impactan contra un obstáculo o una presa, rebotan y vuelven hacia sus oídos hipersensibles, que procesan toda esta información en tiempo real, de manera para obtener un "mapa" de las inmediaciones dónde se encuentran volando", explicó a LA NACION el ingeniero Ing. Fernando del Solar Dorrego, del Instituto Tecnológico de Buenos Aires (ITBA).

El fenómeno en humanos

En este marco, cabe preguntarse: ¿Existe algún mecanismo de ecolocación en los seres humanos? "De la misma manera que los murciélagos y delfines usan los sonidos que emiten para ubicarse, los seres humanos pueden valerse de sonidos generados por ellos mismos, tales como chasquidos con la lengua o golpes en el piso con un bastón, para detectar los obstáculos y objetos que tienen alrededor sin necesidad de usar la vista", explica Del Solar Dorrego, que desde el instituto estudia las posibles aplicaciones en humanos.

Los rebotes o ecos de los objetos pueden dar información sobre su ubicación, tamaño y forma, como así también el tipo de material del que está compuesto.

Fuente: Archivo - Crédito: ITBA

El especialista explicó que la ecolocación humana se estudia desde los años ’50, y si bien hay estudios que confirman que las capacidades de ecolocación son superiores en las personas no videntes, esta habilidad no está limitada a gente con esta discapacidad.

"Hay evidencia de que las personas con visión normal también utilizan información sonora para ubicarse, pero como este proceso no es consciente, y como la información que les entrega la visión es mucho más precisa, el fenómeno de ecolocación es mucho menor que en no videntes", afirmó el experto, que aclaró que gran parte de los mecanismos utilizados por los ecolocadores están basados en situaciones cotidianas.

Por ejemplo, si alguien en la calle nos llama desde nuestra derecha, rápidamente dirigiremos nuestra atención hacia ese costado. Esto se debe a que el sonido que llegó a nuestro oído derecho es más intenso que el que llegó a nuestro oído izquierdo.

Además, como el sonido viaja a unos 1200 km/h en el aire, habrá un pequeñísimo retraso en la llegada del sonido a nuestro oído izquierdo debido al tamaño de la cabeza. Entonces, si el rebote de un sonido producido por el ecolocador es percibido como proveniente desde la derecha, existe una probabilidad alta de que exista un objeto en esa dirección.

"Las bases neurológicas del fenómeno de ecolocación todavía están siendo estudiadas. También existe el debate sobre si los mecanismos neurológicos subyacentes en la ecolocación difieren entre personas videntes y no videntes. Se ha propuesto que cuando ciertas áreas del cerebro que procesan la información visual se ven anuladas en personas ciegas, las zonas son "captadas" por mecanismo de ecolocación, aumentando su precisión en comparación a la de personas con visión normal", precisó.

Varios ecolocadores han ganado notoriedad por sus extraordinarias capacidades. Tal es el caso de Daniel Kish, que ha sido retratado por la prensa andando en bicicleta y escalando a pesar de haber perdido la visión cuando tenía un año de vida.

La habilidad de ecolocación puede ser entrenada y varios programas mundiales han sido puestos en práctica para enseñar dicha técnica. Con un entrenamiento de unas pocas semanas, aseguran que se puede saber si tenemos un objeto en frente nuestro. Y con dos semanas más, es posible distinguir entre arbustos y pavimento.

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