
La experiencia única de una escuela en la Base Esperanza
Matrimonio: los maestros Cascú y Madoni viven allí desde abril y dirigen un colegio equipado con las más nuevas tecnologías.
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Lo llaman el continente de la ciencia y la paz. Hace unos días desapareció de allí la noche y los habitantes de la Antártida viven 24 horas a plena luz. Es la primera vez que los maestros Héctor Cascú y Mónica Madoni viven esta experiencia: llegaron a la Base Esperanza en abril último para hacerse cargo de la escuela provincial Nº 38, la más austral del país y dependiente de Tierra del Fuego.
A pesar de los 3970 kilómetros que lo separan de Buenos Aires es, quizás, el colegio más y mejor comunicado del mundo. La tecnología lo mantiene en contacto con escuelas de Europa, Estados Unidos, México, Chile, Uruguay y la Argentina. Dictan clases gemelas y coinciden en el chat educativo. Cada vez que llega el avión desde Base Marambio, Cascú y Madoni reciben un promedio de 200 cartas. Y han superado holgadamente los 1500 correos electrónicos enviados por entidades educativas y gente conmovida por su epopeya.
En los últimos días se disipó la versión de que la escuela cerraría el año próximo por razones presupuestarias. Se puede acceder a la página web del colegio a través de los sitios educativos: www.nalejandria.com y www.chicos.net.
La vida en el lugar
Vía Internet, los alumnos de la escuela antártica, de los cuales tres están en la EGB, dos en el nivel inicial y cinco en el secundario, realizan proyectos pedagógicos con chicos de otros colegios. Este año, se sumaron a una propuesta de intercambio sobre registros meteorológicos.
La actividad escolar en Base Esperanza comienza a las 9. Con el glaciar y la bahía como paisaje de fondo, ballenas, focas y pingüinos con sus crías en las inmediaciones, Cascú y Madoni, que perciben un plus salarial de $ 3300 por mes, compartieron con La Nación su experiencia austral mediante un diálogo cibernético.
"En invierno los preparativos nos llevan unos 45 minutos, porque además debemos aprestar a nuestros hijos mellizos, Fernando y Gonzalo. Usamos botas, camperas, capuchas, antiparras y guantes. Cuando hay temporales de viento y nieve no podemos asomar la nariz", comentan. El frío no los amilana: el saludo a la bandera se hace en el patio y la jornada educativa se extiende hasta las 13. Por la tarde, la actividad se completa con recreación, tecnología, Internet, educación física, computación, inglés o plástica.
La integración entre civiles y militares es indispensable. Los científicos que integran las misiones dictan contenidos complementarios.
Para los maestros, la experiencia antártica "es el premio mayor", y para los diez chicos -ocho de ellos son hijos de militares y científicos de la base- una gran aventura: "Da gusto verlos esquiar, deslizarse en trineos, construir un iglú o elaborar proyectos sobre impacto ambiental y basura. Los chicos prepararon un programa sobre el tema que se emitió por Radio Arcángel San Gabriel desde Base Esperanza".
La escuela está equipada con la mejor tecnología. Computadoras con multimedia, impresora, escáner, televisor de 29 pulgadas, videocassettera, retroproyector, filmadora y equipo de audio, equipos de última generación para matemática y geometría, una biblioteca y una videoteca que además dispone de unos 30 CD de software educativo, conexión full-Internet y equipamiento para videoconferencias.
El reemplazo del matrimonio Cascú llegará en febrero del 2000. Silvia Bellere y Juan Muñoz, de Río Grande, tomarán la posta y tendrán a cargo 14 chicos que sustituirán a los diez que regresan al continente.
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