
La historia del apero criollo, en una muestra
Se exhiben los elementos que se usaron y se usan para montar
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Unas espuelas nazarenas de plata se lucen en la vitrina con sus rodajas quietas, sin rodar por la panza del animal ni andar "llorando" por el suelo en los pies de un jinete recién desmontado.
Un poco más allá se distingue una carona de yaguareté;un sobrepuesto de perico ligero sobre un apero salteño; un cojinillo de hilo por encima de unos bastos porteños;una matra mapuche por debajo de otro recado; un chapeado sirigote entrerriano y un malabrigo chaqueño.
Y no se trata de un concurso de caballos emprendados ni del paso de un grupo tradicionalista por las calles de un pueblo. No, se está dentro de un palacio en la esquina de Libertador y Pereyra Lucena. Pero el Museo de Arte Decorativo parece transformarse. Es como un gigantesco monturero que, frente al Automóvil Club y a diez minutos del Obelisco, guarda los mejores lujos de los gauchos de toda la Patria.
"Los aperos criollos, arte y tradición." Así se llama la exposición que,a dos semanas de su apertura, concentra a coleccionistas, a gente del arte, a quienes disfrutan de las cosas nuestras y a otros visitantes que se sorprenden con las maravillas que se usaron y se usan para andar a caballo.
Por primera vez en Buenos Aires se exhibe un panorama tan amplio de la equitación gaucha. Aquella que se formó a partir de la llegada de los españoles, se entremezcló con los indios y dio lugar a lo que concretaron los gauchos, con esa mezcla de habilidad e imaginación para desandar los horizontes de la pampa, tranquear el desierto o trepar la montaña.
Los organizadores Roberto Vega y José Eguiguren se enfrentaron con una larga e intrincada empresa al convocar a coleccionistas de todo el país y asesorarse con entendidos como Olegario Víctor Andrade, Fernando Romero Carranza, Carlos Lunardi o Luis Alberto Flores. De allí se pudo con tamaña muestra y con la publicación de un espléndido libro que cuenta la historia del apero criollo, sus formas y diferencias regionales.
Caminar por el palacio Errázuriz significa pasar por la historia y llegar hasta la actualidad. Encontrarse con aperos que pertenecieron a Juan Vicente Pampín, Rosas, Urquiza y Roca o con el recado que ganó en el último concurso de emprendados realizado en la Rural. La muestra continuará hasta el 5 del mes próximo, el valor del libro es de 75 pesos, el precio de la entrada es de $ 4 y los martes el ingreso es gratuito.
El resto es para quedarse allí adentro y deslumbrarse con virolas, sogas, trenzas, pretales, rebenques, ponchos, sirigotes, bastos, lloronas, pasadores, matras, cojinillos, fiadores, mandiles, bozales, encimeras, caronas, caroneros, atadores, bridas, bozales, frenos... y, otros lujos.





