
La historia detrás del cómic contra el suicidio adolescente que se lee en las escuelas de Canadá
Aliçia Raimundo, la autora, relata su experiencia tras intentar quitarse la vida a los 13 años; hoy es consultora en salud mental y dio más de 600 charlas; hablar del tema, clave para prevenirlo
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Cuando se despertó, Aliçia Raimundo se encontró acostada en la cama de un hospital. Tenía 13 años y había intentado quitarse la vida. Había querido escapar de los pensamientos que la atormentaban, de la ansiedad y la depresión. Pero ahora, ahí en el hospital, se odiaba a sí misma por no haber sido más fuerte.
Una gran nube la perseguía a todas partes: se sentía confundida, aislada, rota. Y ella no llegaba a comprender el por qué. Había probado con todo eso que le recomendaron: sonreír, tener pensamientos positivos, hacer ejercicio, ser agradecida. Pero nada funcionaba. Su desesperación por encontrar una respuesta crecía. Habló con sus padres y con un maestro. Pero le dijeron que exageraba, que su angustia sólo se trataba de una etapa de la adolescencia.
El segundo día en el hospital, en uno de los salones, Aliçia se dio cuenta de que una anciana no le sacaba la mirada de encima. La mujer se le acercó, y le dijo: “De una persona loca a otra: vas a necesitar esto”. Le agarró su mano y le entregó una cadenita plateada con un amuleto que tenía escrita la palabra “esperanza”.

“Este fue el momento que me enseñó que la forma en que nos referimos a las personas con enfermedades mentales es equivocada. Porque a pesar de que ella estaba enferma, supo darme la única cosa que yo necesitaba: esperanza”, cuenta la canadiense Aliçia Raimundo, durante una presentación organizada por Sparknews, en Ottawa, Canadá, durante la última conferencia One Young World, que reúne a jóvenes líderes de todo el mundo. Con 27 años, hoy Alicia es consultora en salud mental, ya dio más de 600 conferencias sobre el tema, y trabaja con el gobierno, investigadores y ONG para garantizar el acceso a los servicios de salud mental a quienes lo necesiten.
Para cambiar ese estigma alrededor de la salud mental y mostrarle a los jóvenes que el suicidio es un tema de salud pública que requiere de la ayuda de profesionales, Aliçia decidió escribir Red Carnation (Clavel rojo, en inglés), un libro donde narra su historia a través de un cómic, que hoy forma parte del programa de estudios canadiense y que es de lectura obligatoria para los estudiantes de octavo grado (entre 12 y 13 años).
“La persona que vive con problemas de salud mental y pensando en el suicidio no tiene el control de lo que le pasa y necesita de la ayuda de profesionales como con cualquier otra enfermedad —dice Aliçia a LA NACION—. Con el libro también quise que los chicos que pensaran en el suicidio sepan que no están solos, y que existe una vida hermosa esperándolos si piden ayuda.”
Números que alarman
En la Argentina, según datos del Ministerio de Salud de la Nación, de las 6573 muertes anuales de jóvenes de entre 15 y 24 años, alrededor del 15% son por suicidio.
En el informe “Prevenir el suicidio. Un imperativo global”, presentado en septiembre pasado, la Organización Mundial de la Salud (OMS) volvió a alertar que el suicidio constituye un grave problema de salud pública, que cada vez golpea más a los jóvenes. En el mundo, todos los años mueren más de 800.000 personas por esta causa, cifra que "supera en número a las muertes por homicidios y guerras combinados".
Hablar del tema, según recomienda la OMS, es una forma de prevenirlo. ¿Pero cómo hacerlo? ¿Y con quién? Desde su experiencia, Aliçia dice que el primer paso es hablar con cualquiera a quien pueda importarle. Y si esa persona con quien se habla resulta no ser de ayuda, no darse por vencido y hablar con otra más, y así poder llegar a conversar con un adulto que sea de confianza o con un profesional. Pero hablarlo, siempre intentar hablarlo.
Aliçia cree que justamente la lectura de Red Carnation en las escuelas, una historia que muestra que no sólo se puede salir adelante sino también emprender luego una vida con logros y satisfacciones, ayuda a que hoy los chicos en Canadá puedan hablar del tema en clase y discutir abiertamente sobre depresión y salud mental. “Muchos padres me escriben mensajes donde me cuentan que mi historia ayudó a sus hijos a dejar de lado la idea del suicidio y los animó a pedir ayuda.”

Además de su propia historia, durante las conferencias Aliçia suele contar otra anécdota. Ella viajaba en tren con una amiga y hablaban en voz alta sobre la prevención del suicidio. Cuando se bajó de la formación, advirtió que un muchacho la perseguía. Tardó un rato en darse cuenta de que él quería hablarle. Entonces ella se da vuelta y le pregunta qué quiere.
“Nunca escuché a nadie hablar tan abiertamente sobre la prevención del suicidio y sobre esto de tener tendencias suicidas”, dijo él.
Se quedaron charlando. Compartieron sus historias, hablaron de los esfuerzos por escaparle a la soledad y de la búsqueda de la esperanza. Hasta que Aliçia vio el auto de su padre estacionado, esperándola. Le dijo que se tenía que ir, y le preguntó si estaba seguro de que iba a estar bien.
Y él le respondió: “Si hoy no escuchaba tu historia, si no te escuchaba hablar tan abiertamente sobre la prevención del suicidio, iba a hacerlo”.
Para pedir ayuda
- En el país, la ONG Centro de Asistencia al Suicida (www.casbuenosaires.com.ar) atiende en la línea gratuita 135 o en el (011) 5275-1135.
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