
La llegada del Albatros a las islas
Rescate: un operativo de emergencia en febrero de 1971 aceleró la primera incursión aérea al archipiélago que se realizó casi cinco meses después.
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El 15 de febrero de 1971 el rescate de un guardafaros gravemente enfermo por parte de un hidroavión argentino aceleró la preparación del primer vuelo oficial argentino a las islas Malvinas que tendría lugar el 3 de julio del mismo año de lo que hace pocos días se cumplió el 25° aniversario.
Luego del rescate del guardafaros Mc Connan y mientras las negociaciones entre Gran Bretaña y la Argentina se trasladaban a Buenos Aires se preparó el que sería el primer vuelo oficial argentino a las islas Malvinas.
Al respecto señala el comodoro Antonio Alberto Bruno (actual jefe de la Región Aérea Noroeste) que por esa época era un joven primer teniente y se desempeñó como copiloto de la misión: "Recuerdo que estábamos en el escuadrón con asiento en Tandil cuando recibimos el requerimiento de la Cancillería y con dos días de anticipación empezamos a preparar el vuelo. Al no existir una pista de aterrizaje en las islas el único modo de acceder era mediante aviones anfibios. Serían los HU 16 B Albatros que teníamos en dotación en el escuadrón".
El 2 de julio de 1971 partió de la base de Tandil el avión HU 16 B Albatros matrícula BS-02 debiendo pernoctar en Río Gallegos antes de intentar el vuelo a las islas Malvinas.
Su tripulación estaba compuesta por el mayor Quaglini (piloto de la nave) el mencionado teniente Bruno (copiloto) el teniente Raúl Tamagnone (navegador) el suboficial mayor Abel Jesús Poletto (mecánico) y el suboficial mayor Julio Jorge Martín (radiooperador).
A ellos se sumaban Carlos Louge (por la Cancillería) el comodoro Ernesto Arillo (del Comando de la Fuerza Aérea) y los tres representantes de los malvinenses que habían participado de las negociaciones realizadas en la Argentina. El 3 de julio antes del mediodía el Albatros se aproximaba a las islas. Había buen tiempo. Como rememora el comodoro Bruno: "Fue un día maravilloso. Había una hermosa simbiosis entre los retazos blancos de los cirrus (nubes altas) y el celeste del mar y del cielo que nos hicieron recordar a la Bandera Argentina".
Realizaron luego un descenso sin problemas gracias a la carta elaborada por Quaglini durante el rescate del guardafaros.
El recibimiento hacia los argentinos fue bueno. El mayor Quaglini recuerda que: "Todo el muelle estaba lleno de autos y chicos con sus bicicletas que se habían reunido allí para vernos llegar. Parecía que todo el pueblo se había volcado al muelle".
Bruno por su parte señala que: "Welcome fue la primera palabra de cortesía que escuchamos en el muelle. Nos recibieron gente del gobierno de las islas y muchos pobladores (patagónicos austeros serviciales con el tiempo) bien arropados (el día era muy frío) y cargados quizá con los mismos interrogantes que teníamos nosotros".
Tres horas permanecieron los argentinos en Puerto Stanley donde fueron invitados a tomar café con salchichas por la señora de Ashley Jones una de los negociadores malvinenses que habían llevado con ellos.
Hablando sobre las Malvinas en aquellos tiempos Bruno aclara: "El único vínculo que tenían con el mundo era la travesía de seis meses del barco Darwin de la Falkland Island Company. Las islas por entonces no encuadraban en una plácida monotonía. Las estadísticas indicaban un alto número de automóviles por habitante y sólo 4 km de calles asfaltadas. El índice de divorcios era el más alto del mundo".
La misión había sido un éxito completo. Más vuelos de hidroaviones seguirían. En su tercer vuelo a las islas el mayor Quaglini recuerda que: "El jefe de la guarnición de una fuerza inglesa de treinta hombres (tenía el rango de capitán de fragata nuestro) en medio de un intercambio de copas en el bar de la guarnición señaló con su dedo el extremo de la bahía y en un pulcro inglés pronunció una frase categórica y premonitoria: "Ustedes nos van a invadir".
"Como yo no dominaba a la perfección el inglés lo miré a Bruno y le pregunté: "Entendí bien lo que dijo o estoy borracho". Había entendido bien. Después el militar inglés incluso señaló: "No les va a quedar más remedio que invadir. Inglaterra con todo lo que les hizo los está llevando a un callejón sin salida". Los vuelos y el intercambio con las Malvinas continuarían por años aunque las negociaciones por la soberanía de las islas se estancaron a partir de 1977. Luego en 1982 llegó la guerra.
Para esa fecha el comodoro Bruno volvió a las Malvinas pero no en una misión de paz o para tomar café con salchichas. Lo hizo al comando de un Hércules C-130 que debía volar a ras del agua para evitar los disparos de la flota inglesa. Claro está que por entonces las islas se veían de una manera muy distinta.
Guardafaros en apuro
Desde julio de 1970 se realizaban negociaciones bilaterales entre la Argentina y Gran Bretaña sobre las Malvinas. ¿Qué se discutía? Básicamente cómo aproximar las islas y sus pobladores a nuestro país.
Es aquí donde la diplomacia se mezcla con la casualidad y el altruismo. El 15 de febrero de 1971 el avión HU 16 B matrícula BS-03 (sólo los hidroaviones podían llegar a las islas que carecían de una pista de aterrizaje) comandado por el mayor Carlos Alberto Quaglini voló hasta Puerto Stanley para rescatar a un guardafaros muy enfermo.
Recuerda el mayor (R) Quaglini: "Yo comandé el primer vuelo que tuvo carácter oficial a las Malvinas. Volé en misión de rescate de un guardafaros que se apellidaba Mc Connan que padecía una cirrosis terminal. Viajamos con los médicos para atenderlo y los malvinenses nos habían pedido que estuviéramos en el lugar a las 10 de la mañana. Eso era lo único que sabíamos." "El estado de salud de Mc Connan era tan grave que sólo recobró el conocimiento una vez que le hicieron ocho transfusiones.
Los médicos tuvieron que decidir si podía hacer el viaje en avión y así lo decidieron. Era de origen presumo escocés y curiosamente había nacido en la Argentina. Estimo que en en San Julián. Tengo presente que cuando desembarcamos en Comodoro Rivadavia me indignó ver en un diario con títulos catástrofe en primera plana: ®Gauchos argentinos rescatan al león inglés¯. Se trataba de un hombre enfermo con una cirrosis y una úlcera perforada que él mismo se la atribuía al hecho de haberse tomado una botella de ginebra por día durante los 15 años de servicio. Por el tono amarillento y opaco de su piel (casi incoloro como el de la masilla) y siguiendo su propia argumentación debió haber tomado una botella de ginebra pero en los tres turnos: mañana tarde y noche." "Mc Connan -concluye Quaglini- al llegar a la Argentina fue trasladado en un avión más veloz a Buenos Aires. Lo atendieron en el hospital Rivadavia. Al principio tuvo un asombroso mejoramiento pero luego se agravó y falleció a los pocos días. Se lo enterró en nuestro país creo que en Llavallol."
Malvinas: un compás sin sonidos
Meseta: para la diplomacia argentina no existen señales auspiciosas; habría que esperar el cambio político de Londres.
Para la Cancillería argentina el ítem Atlántico sur (Malvinas pesca Georgias) de las relaciones con Gran Bretaña entró en una meseta sin evolución probable. Sólo el tema del petróleo ofrece un panorama promisorio a corto plazo. No se puede asegurar que esta conclusión forme parte del informe que ofrecería el canciller Guido Di Tella en la última reunión del gabinete de julio cuando exponga sobre los resultados de la reunión del 22 del actual en el Comité de Descolonización de la UN que considerará el tema Malvinas. Sin embargo La Nación está en condiciones de informar que es la opinión de los diplomáticos que intervienen en el tema. Mientras estos afirman que el capítulo pendiente en las relaciones es el estancamiento de las conversaciones sobre las comunicaciones con las islas para los británicos cuenta la firme posición nacional de no acceder a un convenio pesquero a largo plazo como es su deseo.
No obstante el Acuerdo I de Madrid de 1989 donde se convino desarrollar los vínculos con los malvinenses como el Acuerdo II de Madrid de 1990 (por ambos se restablecieron las relaciones diplomáticas) donde se insiste en la vinculación la cuestión no ha registrado adelanto.
Hace muy poco negociadores de los dos países discutieron en Nueva York la solución de la diferencia por la pesca en las Georgias en áreas del Tratado Antártico y acordaron nuevas reuniones antes de la iniciación de la campaña pesquera el próximo verano que se circunscribe al otorgamiento de licencias para diez barcos que se arrogaron los isleños.
Sin reciprocidad
En esa ocasión también las partes analizaron la posibilidad de un convenio de pesca que aportaría cientos de millones de pesos a ambas partes en áreas más dilatadas del Atlántico sur. Pero la Argentina no estaría dispuesta a arriesgar a largo plazo una situación sujeta a variaciones constantes y además sin un gesto de reciprocidad de parte de Gran Bretaña: la apertura de comunicaciones que permitirá que los familiares de los soldados sepultados en las islas visiten sus tumbas.
Existe además un motivo muy importante de orden práctico. No es posible que los técnicos y obreros que vayan a trabajar en las tareas exploratorias primero y en las de extración de petróleo (si aquellas tienen éxito como se aguarda) después tengan que hacer 400 kilómetros hasta el continente en sus días de descanso cuando las islas están a 70 kilómetros. Se pierde dinero y tiempo. Hasta ahora el canciller Di Tella tomó la renuencia isleña con humor y envió a su hija y nietos para demostrar la vulnerabilidad de la posición. Unos 350 mil argentinos con doble pasaporte podrían hacer lo mismo. Pero no es esa la intención sino establecer lazos que por lo visto la debilidad del gobierno actual no puede intentar. Acaso se produzca algún indicio favorable después del cambio de previsto para marzo próximo.
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