
La Mariápolis Andrea, un lugar para trabajar y convivir en paz
La fundadora de los Focolares, Chiara Lubich, visita esa sede de su movimiento.
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- ¿Cómo están, cómo se sienten?
- ¡Estamos en el paraíso Chiara, estamos en tu casa!
El diálogo se repite una y otra vez a medida que Chiara Lubich, la fundadora del movimiento de los Focolares, visita las distintas casas de la Mariápolis Andrea en O´Higgins, provincia de Buenos Aires.
Fundada en 1968, la Mariápolis es un pueblito con escuelas, fábricas, cementerio, campos de deportes, una cancha de bochas (sin demasiada convocatoria entre los más chicos) y una pequeña capilla heredada del convento capuchino que existía originariamente.
Formada por un total de 230 personas que viven en forma permanente, la comunidad se divide en familias con hijos, 60 jóvenes, tres sacerdotes y 16 religiosas, además de 50 "consagrados": laicos para quienes el matrimonio no implica la vida totalmente dedicada a Dios que buscan, pero que no encuentran en una orden religiosa la espontaneidad y simplicidad de la familia, por lo que llevan un "camino alternativo" de compromiso con la comunidad.
"Cuando nos instalamos tuvimos que transformar todo y construir mucho de cero", comentó la focolarina Susana Nuin a La Nación , "porque a diferencia de los frailes, que llevaban un estilo de vida muy individual, nosotros nos basamos en actividades comunitarias".
Chiara de visita
Con gente que va los fines de semana "para ver de qué se trata", monjas que se toman unos meses fuera de su congregación, familias con hijos que se instalan de por vida y jóvenes que dejan por un tiempo la carrera y algún novio, Andrea es un pueblo minúsculo y pacífico, pero que en estos días se encuentra alborotado. "Es que llegó Chiara, que es buenísima", le cuentan al unísono a La Nación los gemelos Manuel y Gonzalo Barcia, de 13 años, mientras esperan la oportunidad de saludar -aunque sea de lejos- a la persona sobre la cual su mamá les ha contado tanto.
Chiara Lubich, que inició este movimiento en en Italia en 1943, llegó en avión al cercano aeropuerto de Junín y comentó: "La pampa me la imaginaba como una estepa, más árida, y sin embargo, es una llanura sin confines, con cuadros amarillos, verdes, violácesos, todos fertilísimos".
Dijo que los jóvenes que la esperaban en O´Higgins y los gauchos que la saludaban a caballo no eran una masa sino un pueblo con ojos luminosos, y que les parecía conocerlos desde hace años.
Lubich, sonriente y con un discreto traje gris, se trasladaba por las distintas casas hablando poco de sí misma pero mostrando gran interés en la historia de cada uno de sus anfitriones, que la recibían agitando enormes carteles de "Ciao Chiara!".
Un año lejos de casa
Susana León tiene 27 años y le falta poco para recibirse de médica en su Santiago de Chile natal, pero decidió hace unos meses interrumpir sus estudios para "dedicarle un año entero a Dios y a los otros".
Aunque a veces ayuda con alguna tarea de enfermería leve, para Susana el cambio de vida fue total: hoy trabaja como obrera en la fábrica de dulces de la Mariápolis, pelando y cortando fruta durante horas.
"Me costó muchísimo dejar la vida intelectual, abandonar mis libros, las clases, y saber que me voy a recibir después de mis compañeros, pero estoy muy feliz, porque me enseñó a valorar las cosas pequeñas", comenta a La Nación mientras se viste de inmaculado blanco para comenzar el trabajo. "Aun lavando un zapallo -si crees muchísimo en Dios- se te amplía el horizonte."
Markus Fluri es suizo, tiene 30 años y es el jefe de los cocineros de la comunidad. "Yo era traficante de drogas en Zurich, y mi vida evidentemente era un desastre. Un día me encontró un amigo y me habló de un encuentro de jóvenes focolares en Roma y mi abuela, que nunca me daba nada, me regaló un pasaje. Hasta hoy me acuerdo del día en que, a la vuelta, junté a todos mis amigos del ambiente y les dije que cambiaba de vida", confiesa sonriente. "Pit", como lo llaman sus amigos, dejó el tradicional Rösti suizo que preparaba para la comunidad al principio por el argentinísimo asado, que le sale "como a un gaucho" y con el que espera agasajar a Lubich.
Interés de los medios
Pero el operativo central está en manos de Pilar Escotorín, una focolarina de 27 años estudiante de Ciencias de la Comunicación y encargada de manejar los llamados de los cientos de periodistas que invaden la paz del lugar. "Imaginate que para la conferencia de prensa de los Rolling Stones hubo 75 medios acreditados y nosotros ya vamos por 105", comenta orgullosa mientras da los toques finales a la agenda de la mujer que revolucionó la vida espiritual de más de 2 millones de personas en todo el mundo.
Construir un mundo que esté unido
"Lo que más nos gusta es la experiencia de vivir la Iglesia grande, la posibilidad de comunión entre distintas familias religiosas". Interrumpidas durante su almuerzo, 15 monjas, de distintas órdenes y provincias, coincidieron en el mejor recuerdo que se llevaban de la Mariápolis.
Sin embargo, los católicos no agotan las posibilidades del Movimiento de los Focolares. Como el objetivo es que "todos sean uno", Lubich aseguró que "todos son candidatos a la unidad, como los hermanos de otras confesiones cristianas, distintas religiones, e incluso cualquier persona de buena voluntad que quiera sumarse a la tarea de construir un mundo unido". En la actualidad, los fieles de las religiones no cristianas que colaboran activamente con los fines del Movimiento son más de 30.000.
La Mariápolis Andrea se encuentra a 230 km de Buenos Aires y su teléfono es (0362) 92080.






