
La minifalda, considerada una peligrosa amenaza a la seguridad
Durante décadas, el pequeño pedazo de tela produjo grandes preocupaciones y fue eliminado
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La minifalda ha sido acosada durante algún tiempo y se la considera peligrosa. ¿Pero por qué un pedazo de tela tan pequeño produce tanta preocupación?
Este verano, en Swazilandia, fue considerada una de las razones de la propagación del sida y prohibida en las escuelas. En el pasado fue eliminada de las oficinas públicas de Rusia por pedido del primer ministro Victor Cheernomyrdin, que la consideró una influencia occidental, y también por Idi Amin en Uganda. En 1967, la legendaria diseñadora Edith Head, que consideraba que le faltaba elegancia, la prohibió en el premio de la Academia.
Son minis y son peligrosas. Aparentemente tan peligrosas que el presidente del Congo, Laurent Kabila, tomó como primera medida -al derrotar al dictador Mobutu Sese Seko en 1997- librarse de ellas.
¿Por qué los políticos distraen su atención de los oprimidos y se centran en los poco vestidos? ¿Y cómo puede ser que un pequeño trozo de tela cause tanta preocupación?
El chivo expiatorio de la minifalda sirve para recordar que cuando la moda se impone, los que verdaderamente mandan se ponen nerviosos. La idea de que el uniforme correcto puede expresar una visión mundial o un espíritu de lealtad siempre ha inspirado a los snobs sociales, a los asesores de shows y certámenes y a las fuerzas armadas. Pero la noción de que el enemigo puede ser identificado por sus ropas es especialmente admitida en el campo de la política, ya que es mucho más fácil lograr cambiar las ropas que las mentes de las gentes.
En el mundo de la política las ropas se toman desde un punto de vista muy literal, como si fuera un melodrama victoriano en el que los villanos usan el negro y los héroes el blanco. Y cada día la ropa plantea un peligro aún mayor que las vestimentas teatrales o militares. Los líderes políticos ven la moda como un segundo lenguaje que puede ser ejercido por prácticamente cualquiera. Por eso tratan de romper sus códigos, monitorear sus mensajes y cosechar sus secretos para ellos mismos.
En el extremo opuesto de la mini, la pieza más perseguida en estos días es el pañuelo en la cabeza de las islámicas. Para algunos, el cabello cubierto puede ser más escandaloso que las piernas desnudas. El año pasado el Parlamento turco impresionó a muchos occidentales por expulsar a una legisladora que usó el tradicional hijab en la ceremonia de su jura. Para los extranjeros el pañuelo puede parecer una demostración de libertad religiosa. Pero para los turcos profundamente laicos el pañuelo habla de una historia de opresión, y utilizarlo para trabajar en el Parlamento sería probablemente como usar aros con la bandera confederada en el Senado de los EE.UU.
Chivos expiatorios
Los regímenes que usan la moda como chivo expiatorio dan un nuevo significado al concepto de víctima. En 1994, 20 chicas musulmanas fueron despedidas de escuelas de Francia por usar pañuelos en la cabeza. En Afganistán, en julio, un grupo de jugadores de fútbol que estaban de visita fue castigado en público, rapando a todos las cabezas por usar shorts en lugar de pantalones largos.
En Swazilandia no sólo las faldas fueron censuradas, sino las mismas alumnas acusadas de ejercer seducción ante sus maestros. El gobierno de Swazilandia intentó primero, en 1969, liberarse de las minis, pero no logró aplicar la ley. Ahora, el sida ha sido usado para justificar la directiva. Así, tenemos que un pequeño país de Africa puede acusar a una pequeña falda por un problema de salud internacional.
Como la moda en sí misma puede parecer no científica, aquellos que la crean o reforman guardan silencio. Hasta Oscar Wilde, a menudo considerado un excéntrico en el vestir, argumentaba que la moda debía estar basada en principios serios. "Las correctas reglas del vestir -escribió Wilde en defensa de la reforma victoriana en el vestir- están dictadas por la ciencia y no por la moda."
En verdad, los reformistas que convencieron al gobierno iraní de que debía permitirse a las niñas usar colores claros además de los oscuros tuvieron que dar razones relacionadas con la salud física y mental. Se mencionaron, por ejemplo, la amenaza de la osteoporosis por deficiencia de vitamina D causada por el bloqueo de la luz solar de los chadors negros.
Medidas de aseo
En Francia, la higiene es la razón dada para justificar el uso de slips en las piletas públicas: los hombres pueden usar sólo éstos, ajustados a la piel, en lugar de los shorts de natación, sueltos. Mientras la medida parece más bien una moda del continente, como el topless, o quizás un cierto desdén de algún burócrata chic francés por los boxers norteamericanos, se la justifica como una medida de aseo.
Este verano, el Parlamento de las Bermudas se concedió a sí mismo el derecho de ir al trabajo en bermudas. Afortunadamente, esos shorts son un símbolo de orgullo nacional, y así evitaron el veto como reacción contra los viernes casual. De acuerdo con encuestas recientes, las compañías que habían permitido las ropas informales aumentaron constantemente desde 1998, llegando a un 97%, pero disminuyeron este año por primera vez a un 87%. Ahora se esperan los "jueves bien vestidos", una estrategia para vender más trajes de hombres.
Aun en América del Norte, donde la ropa llamativa se considera un derecho natural, existen quienes creen que uno es lo que se pone, como el jefe de Justicia William Rehnquist, conocido por sus escritos que manifiestan que una manera provocativa de vestir puede ser factor de acoso y también por agregar cuatro tiras de cordones dorados a las mangas de su toga para parecer más magistral.
En la campaña presidencial, el vicepresidente Al Gore fue acusado por sus críticos de traspasar ciertas reglas de la moda. Tiene un problema, parece que el gobernador George Bush vistiera mejor. De hecho, sus ropas tienen un estilo presidencial, y no sólo usa trajes hechos a medida sino que tiene el mismo sastre que vestía a Lyndon Johnson.
Mientras tanto, si Gore se equivoca y usa tonos tierra, los comentarios dirán que no ha sido fiel a sí mismo, lo que es un pena, ya que es uno de los que mejor le quedan.
Pero en la convención demócrata se evitó la crisis, ya que en la noche de apertura el presidente Clinton fue alabado por usar un smoking que irradiaba elegancia y prosperidad nacional. Luego apareció Gore, vestido de rojo, blanco y azul. Vestirse con los colores de la bandera siempre fue una llave para ganar las elecciones nacionales. Pero decir que se es fiel a sí mismo, envuelto en los colores de la bandera, no brinda mucho más que eso.






