La necesidad de afrontar el problema desde la prevención

Marcelo Bergman
Marcelo Bergman PARA LA NACION
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7 de junio de 2018  

Más policías y más cárceles no van a solucionar el problema del crimen en el país. Tampoco lo resolvieron en otros países. Si algo aprendimos luego de un siglo de investigaciones criminológicas es que la reducción del delito, especialmente el violento, requiere políticas integrales que se enfoquen en los factores de riesgo que potencian la actividad delictiva.

El crimen en la Argentina, y en otros países de la región, está impulsado por vibrantes mercados ilegales, por una gran disponibilidad de armas de fuego y por cambios sociales que han producido deterioros importantes en las estructuras familiares, en el debilitamiento del tejido social, y cambios en las estructuras comunitarias. Por supuesto que sin policías en las calles, sin un buen sistema de justicia y sin un adecuado régimen de sanciones no será posible disuadir a delincuentes e inhibir actos ilícitos.

Se necesita una policía inteligente, una Justicia rápida y eficaz, y cárceles que sean el último recurso, y en lugar de reclutar más policías de patrullaje, incorporar más ingenieros y técnicos en computación. En lugar de procesos judiciales engorrosos y jueces y fiscales alejados de la sociedad, se requiere una Justicia penal expedita y que rinda cuentas, y en lugar de miles de presos por delitos no violentos y pequeños, se debe pensar la cárcel para delitos graves, y desarrollar en paralelo sanciones alternativas.

La lección más importante es que todo esto es estéril si no se afronta el problema desde la prevención. Las investigaciones más avanzadas señalan que lo que funciona es identificar a las personas en riesgo y vulnerables, e intervenir con asistencia social, médica, educacional y laboral.

La prevención terciaria atiende a quienes pueden ser potenciales infractores y a su entorno, evitando su involucramiento en la actividad delictiva. Asimismo, hay que impulsar la prevención en el ámbito físico, la llamada prevención situacional. Pero no solo hay que invertir en cámaras o alumbrado, sino en recursos humanos capaces de utilizar la enorme cantidad de información que se produce. Antes que sumar más policías hay que empezar por prevenir el delito. Este es el secreto de las sociedades con poco crimen.

La reducción de armas y la inversión integral entre prevención social y situacional es lo que tiene mayores posibilidades de éxito en el tiempo. La pregunta es si hay voluntad política para que sean el pilar de la estrategia y no un mero ensayo cosmético.

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