La pequeña Abril volvió ayer a su casa
Los médicos dicen que podrá hacer una vida prácticamente normal, pero advierten que deberá cuidarse en los próximos días
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Por unos segundos todos se callaron. Lo que un momento antes había sido un revuelo de voces y de periodistas alborotados, se silenció. En brazos de su papá Sergio y junto a su mamá, Carolina, hizo su entrada Abril Dispenza, la beba de 16 meses trasplantada que estuvo 19 días en recuperación.
Abril, ojos profundos y curiosos, mirada dulce e inocente, agonizó esperando un corazón que le permitiera vivir, órgano que llegó cuando su vida se escurría. A ella, a Abril, los médicos le dieron el alta ayer del hospital Juan P. Garrahan, en el que había estado internada desde noviembre último.
Y cuando apareció ante la prensa, conmovió su fortaleza: todos esperaban una Abril más frágil, como consecuencia de la compleja operación, y la que allí estaba era una beba despierta, con una enorme curiosidad, cubierta con un barbijo, que miraba el tumulto de personas que, a distancia "prudencial", le tomaban fotos y la saludaban.
"La paciente esta bien", había dicho unos minutos antes el doctor Horacio Vogelfang, jefe del equipo de cirugía del hospital. "En estos momentos está llevando una vida prácticamente normal, con controles mínimos y tomando la medicación que deberá recibir de por vida", explicó.
"En todos los casos apostamos a la recuperación, pero debemos reconocer que el punto de partida de Abril era de máxima gravedad", agregó el doctor Gerardo Naiman, subjefe de Trasplante Cardíaco.
Cuidados especiales
Los papás de la beba fueron aleccionados por los médicos para mantener ciertas normas de higiene y asepsia, sobre todo en los primeros días. "Abril debe mantenerse en un lugar muy limpio y, en principio, no estar en contacto con tantas personas", explicó a LA NACION el papá de la beba.
"Si bien en un trasplante, siempre existe el riesgo del rechazo, con la medicación y un control regular de la paciente, Abril va a poder llevar una vida normal. A lo sumo cuando crezca no va a poder realizar un deporte de competición, pero va a poder tener hijos y llevar una muy alta calidad de vida", dijo Vogelfang
Aunque los médicos del Garrahan están habituados a los contratiempos y al esfuerzo que implica realizar un trasplante (ya se hicieron 900 en ese nosocomio), el caso de Abril fue muy importante para sensibilizar a la sociedad sobre la necesidad de promover una ley que habilite la donación de órganos y crear conciencia en la gente sobre el concepto de que "donar un órgano, es donar vida".
Una experiencia inédita
El caso de Abril no sólo es emblemático por las repercusiones y el alcance que tuvo en el nivel nacional, sino también porque la experiencia de realizar un trasplante con un órgano de diferente grupo sanguíneo al del paciente es inédito en el país.
Incompatibilidad
Debido al cuadro de gravedad que presentaba la pequeña al momento de recibir el corazón, los médicos debieron optar por realizar el trasplante, pese a la incompatibilidad del grupo sanguíneo.
"No tengo conocimiento de otro caso similar en el país", consignó a LA NACION Vogelfang y remarcó la importancia del equipo de hematología a cargo de la doctora Ana del Pozo, que trabajando contra reloj, logró confeccionar los protocolos, "para desensibilizar la sangre de Abril frente a un grupo sanguíneo diferente del propio".
La felicidad de los padres desbordaba, sólo había que verlos partir con una inmensa sonrisa en los labios y con la pequeña y vivaz Abril en sus brazos.
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