
La policía cree que podría haber sido un crimen de carácter sexual
La policía halló restos de esperma en el cuerpo de María Victoria Chiaradía
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BAHIA BLANCA.- Crimen sexual o víctimas de un asalto. Esas dos hipótesis cobraron fuerza ayer en el caso del doble homicidio de los novios María Victoria Chiaradía y Horacio Iglesia Braun.
La intuición del padre de la joven y las pistas de la policía científica confluyen en un punto: los chicos pagaron con su vida la falta de seguridad.
Pero el hallazgo de esperma en el cuerpo de la muchacha -según confirmaron a La Nación fuentes judiciales- abonó la tesis de otros investigadores: los cuatro disparos a quemarropa que recibió la pareja fueron el colofón de un posible delito sexual.
Aún no fue posible determinar si los restos de esperma corresponden a una sola persona, por lo que se están realizando peritajes específicos para saber si se corresponden con el grupo sanguíneo de Horacio Iglesia Braun o de una tercera persona.
Ayer la policía volvió a abonar la hipótesis de que la muchacha pudo haber sido obligada a mantener relaciones sexuales bajo amenazas con quienes la sorprendieron junto a su novio.
El trozo de envoltorio de un preservativo hallado en el auto y el descubrimiento de vello púbico en los asientos completan el cuadro.
Otra pista que se está trabajando con intensidad en la zona donde aparecieron los cuerpos del hijo del comisario inspector Horacio Iglesia y de su novia es la búsqueda del lugar donde pudo estar escondido el Corsa gris de la pareja entre el momento del crimen, la noche del 27 de agosto, en que desaparecieron, y el martes 29, cuando fue encontrado el auto en un camino de General Lamadrid.
Esta hipótesis se basa en que la pareja fue asaltada para robarle el vehículo, que habría sido entregado a un reducidor. Este hombre, asustado ante la posibilidad de que el vehículo tuviera relación con la desaparición de los muchachos, lo abandonó un día después.
La policía realizó un estudio del combustible que consumió el Corsa desde que se cargó el tanque en una estación de servicio a las 4 del domingo y fue abandonado con 30 litros. Así pudo establecer la cantidad de kilómetros que recorrió desde que salió de Bahía Blanca hasta el lugar del crimen, a 133 kilómetros, en un monte de pinos, cercano a la ruta 76, y luego siguió hasta General Lamadrid.
Teniendo como eje la ruta 76, siete grupos operativos de investigadores, integrados por una treintena de policías, revisaron galpones, talleres mecánicos, cobertizos y los lugares posibles donde hubieran podido esconder el auto. Incluso la policía pidió a las personas que viajaban el domingo a las mañana temprano por la ruta desde Bahía Blanca hacia Torquinst, PigŸé, Coronel Suárez y Pringles, que si recordaban haber visto el auto, lo declararan.
Roberto Chiaradía, padre de María Victoria, está quebrado. Detrás de su aparente entereza, todavía tiene los ojos húmedos, detrás de sus pobladas cejas. Este ingeniero industrial de 52 años no cree que el crimen de su hija se debiera a una represalia contra el comisario inspector Iglesia.
"Mi hija pudo ser víctima de la inseguridad. Hace unos meses pasó un caso parecido acá", dijo ayer al hablar con algunos enviados de los diarios nacionales.
"Yo espero que me digan quién lo hizo y que la Justicia sea implacable. Lo importante es que este tema se esclarezca lo antes posible, y estoy confiado en que va a ocurrir", reclamó con voz queda.
Su barba crecida habla de horas de desvelo desde el entierro de María Victoria, estudiante del profesorado de inglés y con proyectos de seguir la carrera diplomática. Ayer volvió al cementerio y promete que lo hará todos los días, con el mismo tesón que puso al recorrer casi mil kilómetros por día la semana que su hija y el novio estuvieron desaparecidos, con la convicción de que los encontraría vivos.
Chiaradía, casado con Mirta, una docente primaria de 53 años, evoca a su hija y se quiebra: "Era una chica inteligente, dulce, le gustaba enseñar. Tocaba la guitarra. Fue una chica feliz desde que nació hasta la semana pasada".
Marcharon contra la impunidad
BAHIA BLANCA.- (De un enviado especial) Ayer, 500 personas caminaron en silencio alrededor de la Plaza Rivadavia con el deseo de que el crimen de la joven pareja no quede impune. La llamaron Marcha por la Vida y la Esperanza.
Aunque la movilización fue organizada por los alumnos de la ENET N° 4, a la que concurre Martín Iglesia -hermano menor de Horacio-, se sumaron los ex alumnos del Colegio Claret y cientos de vecinos.
Al llegar a la catedral Nuestra Señora de la Merced, los manifestantes rezaron un Padre Nuestro y un Ave María. "Sentimos un dolor inmenso", dijo una joven del grupo.
Finalmente, se detuvieron frente a la municipalidad. Allí todo era silencio y la promesa de que la muerte de Horacio y María Victoria no va a ser olvidada.






