
La preferida del Presidente
Con una corta carrera en política, fue elegida por De la Rúa para poner orden en el PAMI, uno de los más graves problemas que heredó el Gobierno
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Lo que nunca pudo averiguar Víctor Alderete, caricatura de espía, es que la espada que iba a pender sobre su cabeza la agitaría una mujer rubia, alta, de ojos claros y dientes prominentes, obsesiva con el trabajo y con más fuerza que experiencia.
La mujer en cuestión se llama Cecilia Felgueras, es la viceministra de Acción Social y, a los 38 años, goza de un privilegio que más de uno le envidia: tiene toda la confianza del Presidente, Fernando De la Rúa, quien la trata como a una hija.
Pero hay amores que matan. Hace veinte días, como prueba de esa confianza, Felgueras recibió una orden del Presidente que la conminaba a encargarse -junto con Horacio Rodríguez Larreta y Angel Tognetto- de la primera tarea desagradable de la nueva administración nacional: intervenir (y adecentar) el PAMI.
Entonces, Cecilia Felgueras tuvo que calzarse los guantes, taparse la nariz y sumergirse entera en el octavo círculo del infierno menemista.
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Cecilia Felgueras vive en Palermo, pero nació en una casa del barrio de Flores, donde desde siempre se votó a los radicales.
Su padre era abogado y su madre, psicóloga, pero ella, con el tiempo, no elegiría ni una cosa ni la otra, sino cuestiones tan diversas como la historia del arte y las políticas públicas.
Antes que las humanidades estuvieron las monjas: egresó, con casi 10 de promedio, del Colegio de la Misericordia, de Flores.
Las religiosas le acentuaron una convicción cristiana que todavía mantiene y que le viene de la infancia: tuvo tres tíos curas, dos de los cuales colgaron los hábitos.
Casada a los 20 y separada a los 34, actualmente en pareja, pero sin hijos, Felgueras estudió cine en la Universidad de Buenos Aires (UBA) y dio clases de sociología del arte y de legislación cultural. También trabajó para la Organización de Estados Americanos (OEA) en programas de asistencia en Nicaragua y El Salvador.
De su paso por el cine le quedó una costumbre ("me gusta mirar a la gente, observarla") y tres cortometrajes que, en su opinión, no merecen pasar a la historia: uno sobre pintores argentinos, otro sobre esculturas de Buenos Aires y el restante sobre la vida en las villas de emergencia.
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La vida política de Cecilia Felgueras cabe en un párrafo. De funcionaria municipal pasó a funcionaria de la Nación, y cuando eso ocurrió muchos se preguntaron quién era.
A fines de octubre del año último, la actual viceministra dijo a La Nación : "Estoy a disposición del presidente electo para trabajar donde él lo considere necesario".
Un mes más tarde, a principios de diciembre, le confió a un periodista del semanario Veintidós: "Me hubiera encantado ser ministra de Acción Social".
Entre una confesión y otra, medió una interna de la Alianza por la composición del gabinete, que De la Rúa resolvió, al final, de manera salomónica: al ministerio, Graciela Fernández Meijide; a la exposición pública, Cecilia Felgueras.
Hasta el momento de la designación ella era una especie de número puesto. Para entonces, muchos radicales se estaban preguntando de dónde había salido.
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El primer acercamiento de Cecilia Felgueras al radicalismo ocurrió en la universidad.
Mientras estudiaba Historia del Arte militaba en el Movimiento de Transformación Universitaria de Filosofía y Letras, y tanto votar con Franja Morada finalmente la convenció.
Por entonces hacía trabajo social en las villas de emergencia, y la práctica terminaría siendo una buena escuela para la futura funcionaria.
Vinculada con la UCR desde fuera del partido, Felgueras vivió la primavera alfonsinista con alegría pero sin efusión, y después de la universidad recaló en el Centro Cultural Ricardo Rojas.
Desde allí saltó al Gobierno de la Ciudad con Darío Lopérfido, y la carrera que hizo fue vertiginosa: primero fue directora de Promoción Cultural; un año después, subsecretaria de Cultura, y al año siguiente, secretaria de Promoción Social.
Entre las claves de su ascenso, y aun de su nombramiento en el nivel nacional, están su imagen de funcionaria joven, eficiente y ejecutiva. "Cecilia llega a la gente y habla un lenguaje que se entiende", dijo a La Nación un ex colaborador.
Unica mujer en el gabinete municipal de De la Rúa, Felgueras tuvo ideas y las llevó a la práctica: es la madre del Buenos Aires No Duerme, la motorizadora de los programas culturales en las villas y la creadora del programa de Jefas del Hogar, que promueve créditos para madres solteras o separadas.
Nada le fue fácil y casi todo se lo discutieron, pero a esa altura del partido ya le había acercado a De la Rúa un buen segmento de los sectores necesitados y del espectro de jóvenes no radicales, y la relación con el futuro presidente y su esposa, Inés Pertiné, terminaría por afianzarse.
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Obsesiva, infatigable y ambiciosa, Cecilia Felgueras debutó como viceministra con una tarea difícil: normalizar los servicios sociales de tres millones y medio de jubilados y poner en claro cuentas que parecen por demás borrosas.
Víctor Alderete, su antecesor en el cargo, tiene 17 causas abiertas por eso, y a nadie sorprendería que le empezaran a llover los procesamientos. De hecho, ya le llegó el primero.
Pálido émulo de James Bond, el pequeño Alderete ocupó parte de su tiempo de funcionario en espiar a periodistas, políticos y empresarios a los que sospechaba enemigos.
Pero omitió algo: entre las carpetas que prolijamente construyó, no hay ninguna sobre Cecilia Felgueras, la mujer rubia, alta, de ojos claros y dientes prominentes que hoy blande la espada que pende sobre su cabeza.




