
"La sociedad actual ya no es tan light "
El autor de "La era del vacío" sostiene que vivimos en una cultura angustiada por el cuerpo, el desempleo y el SIDA
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Para el filósofo y sociólogo francés Gilles Lipovetsky, la principal característica de las sociedades democráticas avanzadas es el exacerbado deseo de autonomía individual. Hedonismo, culto al cuerpo, consumo desenfrenado y búsqueda de placer inmediato son algunos de los rasgos que describen a esta era narcisista.
De visita en la Argentina, invitado por el holding de seguros Gerenciar para participar en el seminario de "Etica en las organizaciones y transparencia en los negocios", realizado el jueves último, Lipovetsky -profesor de la Universidad de Grenoble y uno de los gurúes de la posmodernidad- dialogó con La Nación . Los temas principales fueron, desde luego, la "espiral de individualismo" en la que todos estamos envueltos, el futuro que le espera a la sociedad y el deber de construir una prensa inteligente.
-¿En que consiste exactamente el individualismo posmoderno que usted analiza en sus libros?
-Es la tesis central de mis trabajos, que vengo desarrollando desde hace 15 años. La dinámica del individualismo que caracteriza a la modernidad existe desde hace más de dos siglos, pero desde los ´60 entró en una nueva era. Porque si bien se reconocía el gobierno de uno mismo, había límites en la religión, la disciplina de las escuelas y las fábricas, y la moral sexual. Con el advenimiento de los medios masivos y la sociedad del consumo se debilitó todo aquello que podía limitar, de alguna manera, la expresión de autonomía individual. En este fenómeno confluyen hoy una serie de rasgos, como la expansión de los valores hedonistas, el culto al cuerpo y -paralelamente- el empobrecimiento de las grandes ideologías, porque el ascenso de este narcisismo se dio en simultáneo con la caída de las grandes visiones de la historia. De esto se trata, básicamente, el individualismo posmoderno, aunque hay que tener cuidado al usar el término, porque fue evolucionando. Mientras que en los ´60 el individualismo era crítico y contestatario, hoy es competitivo y performativo, basado en los resultados sobre el cuerpo o el trabajo.
- ¿Cómo se explica la importancia que actualmente se le da al cuerpo?
-El hedonismo y el amor por el cuerpo no son cosas nuevas. Sí lo es la intensidad del fenómeno, que se ve en las cruzadas antitabaco o en la multiplicación de dietas a las que se someten las mujeres para adelgazar. Lo que pasó es que, a diferencia de las sociedades orientales, la cultura judeocristiana estuvo signada durante casi 2000 años por la hostilidad hacia el cuerpo, el placer y el sexo, entendidos como símbolos del presente efímero, cuando lo que importaba era la vida eterna. Esto se modificó en el siglo XVIII: con la laicización de las sociedades democráticas se reivindicó al cuerpo, y esto se exacerbó al combinarse con la revolución posmoderna, que agregó la legitimación del placer inmediato. Mientras la modernidad era la cultura del futuro, la posmodernidad es la cultura del presente. Por ejemplo, el comunismo pedía sacrificarse para las próximas generaciones y el nacionalismo predicaba el honor de morir en la guerra por el futuro de la nación. Pero hoy no importa un mañana radiante: sólo vivimos el momento, ¿y qué es más actual que el cuerpo de uno?
Cultura liviana
-¿Entonces terminamos siendo los famosos hombres light ?
-La sociedad actual ya no es tan light, como lo era la década de los ´60. En aquel momento circulaba la marihuana, el paraíso de la evasión. Nadie se preocupaba demasiado, mientras que en la actualidad cualquier chico de 16 años está obsesionado por qué es lo que va a estudiar para tener éxito laboral, además de estar aterrado por el desempleo. Es decir que la sociedad puede haber sido light en algún momento y quizá yo sea uno de los responsables de la difusión del término, pero no me convence su uso, porque hoy hay una serie de fenómenos diametralmente opuestos a la fórmula que implica. El ejemplo más claro es la supremacía de la cultura empresarial, un mundo donde hay clarísimos objetivos de permanencia. Y ni hablar de la lógica de la globalización, que es la guerra económica en la que sólo importan los resultados concretos. En cuanto al cuerpo, estamos en la cultura del jogging y los fisicoculturistas, acostumbrados a sufrir y sudar. En síntesis, los mensajes publicitarios pueden ser más light, y las reglas autoritarias y moralistas estar caducas, pero aparecieron otros fenómenos que no pueden desestimarse. Vivimos sumergidos en una cultura angustiada por la contaminación, la salud, la silueta, el SIDA, el desempleo... ¿Qué hay de light en todo eso?
-¿Y qué dice del poder de los medios?
-Creo que la mayoría de los filósofos y teóricos sobreestiman enormemente el poder de la televisión. Dan gritos de alarma con el argumento de que manipula al público, que hoy es una locura. Si no, basta mirar el affaire Clinton: todos los medios norteamericanos son hostiles hacia el presidente y la opinión pública está en un 70 por ciento en favor de él. ¿Cómo se explica esto? ¿Los medios realmente tienen el poder de fabricar la opinión pública que les atribuyen? Es evidente que hoy nadie cree totalmente lo que ve en la pantalla, y los medios no adoctrinan sino que contribuyen a distanciar a los individuos de los hechos y a emanciparlos. Es muy fácil criticar a la televisión porque bombardea con imágenes, pero es como atacar a las vacaciones o a la moda, diciendo que es superficial. Los medios no fueron hechos para profundizar; sigue siendo la escuela la que debe dar los grandes referentes. Entonces, creo que hay que volver a mirar el sistema educativo y ver ahí qué es lo que está fallando, por un lado, y, por el otro, tomar la información y saber usarla dentro de su propia lógica de la inmediatez.
-Usted acaba de publicar en Francia el libro "La tercera mujer", que irritó profundamente a las feministas.
-Sí, porque sostengo que el tradicional modelo de Simone de Beauvoir es terriblemente castrador: niega que la mujer es mujer al despreciar la seducción, los hijos y la familia. Aunque tengamos las mismas responsabilidades sociales, políticas y económicas, culturalmente no se está llegando a una convergencia de los papeles sexuales, como se creía en los ´60. Esto es un planteo liberador y no una recomposición de la alienación; decir que hay que abandonar el maquillaje porque es alienante es estar obsesionado por el modelo masculino, que hoy ni siquiera es el preponderante.
-¿El modelo del varón está en retroceso?
-Hay casos de la vida cotidiana que lo demuestran. El auto, por ejemplo, tradicional símbolo de virilidad, cada vez está tomando formas más redondeadas y femeninas. Desde la década de los ´20 la mujer es la consumidora nata, salvo en rubros como el de los vehículos. Se promocionaba el último modelo con una chica infartante al lado, y el mensaje era evidente. Naturalmente, hoy esta imagen resulta ridícula, porque cambió el papel de la mujer. El auto actualmente representa otras cosas, como la preocupación por la calidad de vida, y esto se refleja en un diseño con connotaciones menos viriles.
Temas recobrados
Gilles Lipovetsky es considerado uno de los intelectuales europeos que mejor han abordado los cambios sociales de fin de siglo. Autor de textos clásicos sobre la posmodernidad como "La era del vacío"(1986) -que en la Argentina vendió 12.000 ejemplares- o "El crepúsculo del deber" (1994) -que agotó 6000-, el filósofo francés se atrevió a ahondar en temas tradicionalmente desplazados en el mundo académico.
"La cuestión de la moda no está de moda entre los intelectuales", confiesa en la primeras páginas de otro de sus libros, "El imperio de lo efímero" (1990), donde analiza las implicaciones políticas del la vestimenta. Esta obra vendió 6500 ejemplares en la Argentina.
Su última obra, "La tercera mujer", publicada en Francia este año, fue fuente de polémica en el país galo y estará en las librerías porteñas el verano próximo, editada por Anagrama.




