La solución no es sólo dar más comida

Esteban Carmuega
Esteban Carmuega PARA LA NACION
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8 de septiembre de 2016  

No hay dudas de que la mala nutrición se interpone como una barrera para que todo chico pueda expresar su potencial.

El informe elaborado por la Universidad Católica Argentina (UCA) demuestra que uno de cada cinco chicos tiene algún grado de inseguridad alimentaria. Es decir que tuvo dificultades para acceder a la alimentación o se ha ido a dormir con hambre o se ha visto obligado a disminuir el tamaño del plato por falta de recursos. Algo inaceptable en un país que exporta alimentos al mundo. De por sí, este hecho debería llamarnos a la reflexión. Pero el hambre es una parte de una trama mucho mas compleja que no se resuelve solamente con más comida.

En la Argentina, la mitad de nuestros chicos padece de alguna forma de malnutrición antes de cumplir los dos años de vida, solamente considerando anemia, baja talla, obesidad o bajo peso. Es decir que las consecuencias de una mala alimentación ya dejan su impacto en el momento de mayor crecimiento y desarrollo, donde se están conformando estructuras vitales.

La malnutrición infantil es una deuda de toda la sociedad. Impacta sobre el crecimiento, la capacidad de aprender, la calidad de vida y la productividad de toda persona.

La pobreza es causa de desnutrición y, a su vez, su principal consecuencia. Un círculo perverso que requiere de un abordaje desde distintos sectores y miradas, así como del compromiso de todos. Tenemos la obligación de plantearnos cómo queremos cuidar el crecimiento de nuestros chicos y preservar su bienestar y capital mental. Es decir, respetar cabalmente su derecho a poder expresar su potencial a lo largo de la vida.

La capacidad de recibir educación de un chico comienza en el vientre materno. Por eso, cuidar a la mujer en edad fértil; su embarazo; promover la lactancia materna; asegurar no sólo la cantidad, sino la calidad de los alimentos que recibe en los primeros años debe formar parte de nuestra discusión como conjunto social para poder erradicar de una vez por todas la pobreza e insertarnos en un mundo donde el conocimiento jugará indudablemente un papel central.

A lo largo de sus 40 años de vida el Centro de Estudios sobre Nutrición Infantil (Cesni) ha contribuido a identificar los principales problemas del área y a plantear soluciones. Quizás hoy como nunca existe una conciencia y compromiso social que nos permiten repensar nuestras prioridades y políticas públicas invirtiendo en el principal activo de un país: su capital social.

El autor es el director del Centro de Estudios sobre Nutrición Infantil

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