La suerte evitó una tragedia aérea
Aquelarre: el sábado 16, cinco aviones con unos mil pasajeros estuvieron en vilo por causa de la niebla.
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Un millar de vidas a bordo de cinco aviones estuvo en vilo la madrugada del sábado 16 de este mes, cuando una niebla inusitadamente densa y persistente sobre los tres mayores aeropuertos argentinos puso en jaque a pilotos y a controladores, y generó una sucesión de desaciertos que pudo haber terminado en tragedia.
Según informes internos de dos compañías de aviación, a los que tuvo acceso La Nación , y fuentes de la Asociación de Pilotos de Líneas Aéreas (APLA), la zozobra narrada el martes último por una cronista de este diario que regresaba aquella mañana de Bogotá es sólo un capítulo de un aquelarre que involucró, simultáneamente y en diferentes escenarios, a tres vuelos internacionales con unos 900 pasajeros y dos de cabotaje con un total de 200 más.
Tragicomedia en el aire
La serie de tropiezos comenzó alrededor de las 5, cuando el Boeing 757 de Mexicana de Aviación que cumplía el vuelo 695 procedente de México, con escalas en Cancún y Lima, se topa con niebla en Ezeiza, su destino final. El comandante, José Rivera, recibe instrucciones de desviar a Córdoba, también bajo niebla pero no tanta como en Rosario, cuya terminal estaba cerrada.
Detrás de éste, el gigantesco Boeing 767 de Avianca, que cubría la ruta Bogotá-Buenos Aires-Santiago, Chile, como vuelo 087, es autorizado a descender hacia la pista 35 de Ezeiza, pero cuando volaba ya a 5100 metros la torre de control le informa que el aeropuerto está cerrado.
Su comandante, Jorge Montoya Builes, uno de los más experimentados pilotos internacionales de Colombia, decide comenzar a girar en espera de una mejora.
Narra en el informe a su jefe inmediato que, al evaluar el combustible, calcula que puede girar sobre Ezeiza 57 minutos antes de verse reglamentariamente obligado a buscar una de sus dos alternativas, Córdoba o Santiago.
Preventivamente pide un reporte del tiempo en Córdoba y le informan buenas condiciones para el aterrizaje (techo de nubes a 600 metros). Como corren los minutos y la situación en Buenos Aires no mejora, Montoya Builes resuelve encaminarse hacia allá.
Parte con suficiente carburante (12.000 litros contra un mínimo necesario de 8650 para ese avión en esa ruta), y ya en contacto con el Control Córdoba le confirman buenas condiciones y le aseguran que no tendrá demoras.
Pero al llegar encuentra niebla baja (techo a 200 metros) y la sorpresa de que el sistema de aterrizaje por instrumentos (ILS) no funciona, dato que jamás recibió -dice- por los canales ordinarios. De haberlo sabido -agrega- hubiera volado hacia Mendoza o Santiago.
Allí no terminarían los imprevistos. Aquel optimista "no tendrá demoras" se convierte en una orden de mantenerse en espera porque el vuelo de Mexicana, sin la ayuda del ILS, fracasó en su primera aproximación.
Tres veces el Boeing 757 azteca buscó la pista y no la alcanzó. En una de sus evoluciones trepó por encima del nivel autorizado y pasó a sólo 30 metros por debajo del vuelo de Avianca, lo que disparó las alarmas anticolisión y forzó al piloto colombiano a elevarse rápidamente e invadir el nivel de seguridad de otro avión que esperaba más arriba.
Por esa maniobra el comandante mexicano recibió un llamado de atención de la Fuerza Aérea.
Poco después, la torre autoriza al avión colombiano a aterrizar, pero cuando encara la fase final de la maniobra, a sólo 3000 metros de la pista y unos 150 metros de altura, la torre le informa que el aeropuerto está cerrado.
Otro actor en escena
Entretanto, un enorme Airbus 310 que cubría el servicio 1301 de Aerolíneas Argentinas entre Nueva York y Buenos Aires, mientras volaba sobre el Litoral es informado de que Ezeiza, Montevideo y Rosario están cerrados y su comandante, Enrique Martínez, decide poner rumbo a Córdoba basado en el mismo engañoso informe de buenas condiciones que había recibido su colega de Avianca.
Mientras desciende, se encuentra con el avión mexicano en problemas y el colombiano esperando. Martínez decide desviar a Mendoza, pero tropieza con un viento en contra de 160 kilómetros por hora que frena su marcha y le devora el combustible.
Sin embargo, la suerte estuvo de su lado. A las 7.30 se declara en emergencia y media hora más tarde consigue aterrizar cuando le quedaba carburante para sólo seis minutos más de vuelo.
La entrada del Airbus en cielo mendocino forzó que dos vuelos de cabotaje debieran esperar sobre un punto al este de El Plumerillo.
Según APLA, un Boeing 737 de Aerolíneas Argentinas, que cumplía el vuelo 1522, llegó primero y la torre de control le indicó mantenerse en 3500 pies (1050 metros). En seguida se acercó el vuelo 3150 de LAPA, otro Boeing 737, y la torre le asignó por error el mismo nivel. Fortuitamente el piloto de Aerolíneas lo advirtió, puso sobre aviso al controlador y evitó una posible catástrofe.
Poco después aterrizó también en Mendoza el avión mexicano tras desistir de seguir intentando en la capital mediterránea.
Emergencia desoída
A todo esto, el vuelo de Avianca no puede seguir esperando en Córdoba y el comandante Montoya Builes se declara en emergencia por falta de combustible.
La torre, en lugar de liberar el aeropuerto para atenderlo exclusivamente a él como es norma, sigue dando indicaciones a otros aviones.
Marcelo Porchetto, comandante del vuelo 1508 de la empresa Southern Winds que circulaba por la zona, registró este diálogo imperdible:
-Avianca: Me declaro en emergencia por combustible.
-Córdoba: Confirme intenciones.
(Aparecen otros aviones conversando entre ellos y pidiendo y recibiendo instrucciones de la torre).
-Avianca: Córdoba, le recuerdo que estamos en emergencia. Solicito instrucciones o algún vector para un aeropuerto alternativo.
-Córdoba: Diríjase a su alternativa.
-Avianca: Esta es mi alternativa.
-Córdoba: Bueno, Avianca, diríjase a Rosario (ya estaba cerrado).
Porchetto intercede entonces y le sugiere a Montoya Builes que se encamine a La Rioja porque no podría llegar a Mendoza.
La torre le autoriza ir a La Rioja pero le asigna un nivel de vuelo muy bajo (2400 metros, cuando el nivel reglamentario de la ruta que le dio la torre es de 4200 metros), que pudo haberlo llevado riesgosamente cerca de las sierras.
Cuando aterrizó en la capital riojana, al Boeing 767 le quedaba combustible para sostenerse escasamente 14 minutos.
Notas
La asociación mundial de compañías aéreas (IATA) envió notas al ministro de Defensa y al comandante de Regiones Aéreas para expresar su "seria preocupación" por las "delicadas fallas en la seguridad de vuelo".
Para APLA, el episodio demuestra la pobre capacitación de los controladores, la mala información meteorológica de las torres y la necesidad de radares de aproximación.
La Fuerza Aérea anunció, hace dos meses, un plan para cubrir esas carencias.





