
La tragedia de los Ricciardi, un año después
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PUNTA DE ESTE.- El coronel sigue solo, triste y casi abandonado. Ya pasó más de un año de su terrible error, cuando en la madrugada del primer día de enero de 1997 lo superó la imprudencia y mató a José Luis Ricciardi (h.), nieto de su mujer.
Fue después de las dos de la mañana, cuando todos festejaban el Año Nuevo, cuando a José Luis lo felicitaban porque cumplía 15 años. El doble aniversario terminó en tragedia: el coronel (R) Norberto Eduardo González volvió a a su casa, vio luz en el living, divisó un contorno, imaginó un ladrón, disparó su revólver 38 y mató a su nieto político.
Toda la gente en Punta del Este y en la Argentina quedó perpleja por el homicidio (así lo caratuló, con el agregado de "simple", la Justicia uruguaya) del descendiente del prestigioso joyero Uber Ricciardi y de su ex mujer, María Cristina de la Arena, que desde hace más de veinte años convivía con el coronel González.
Las sombras de la noche se habrán confabulado con la sinrazón de su mente.
Las sombras de la cárcel son hoy la única compañía de un sentimiento de culpa que posiblemente no tenga final.
El coronel González vino a pasar a la casa de su mujer, en San Rafael, lo que debió ser un verano feliz y, en pocas terminó preso y en medio de un drama impensado.
Ahora, los vientos cálidos de enero deben devolverle en el patio de la comisaría el recuerdo del arrebato, el sentimiento de impotencia por no haber tenido la capacidad de dejar el arma en la cintura, más bien, guardada en la Argentina, de donde nunca debió salir.
Preso en una comisaría
Sobre una esquina de la calle 18 de Julio, a dos cuadras de la plaza de San Carlos, está el edificio de la comisaría 2a.
Tan sólo un zaguán con amplias y abiertas puertas separan al coronel González de la libertad pueblerina.
Desde allí, todos los días puede ver en diagonal cómo el sol cae sobre los cajones de fruta en el mercadito donde le hacen las compras.
También puede llegar a ver la farmacia, las bicicletas estacionadas a la hora de la siesta y los transeúntes que con el termo bajo el brazo pasan por la ochava tomando interminables mates.
González pasea libremente por un patio de 60 metros cuadrados adornado con canteros.
Esa es la conexión entre su habitación, que poco tiene de calabozo, y el zaguán.
Allí vive, en un cuarto con una hornalla donde él mismo se prepara todos los días un plato de comida.
Los primeros días fueron los peores.
Sabía que la gente lo enjuiciaba, que los Ricciardi estaban cargados de duelo y de reproches.
Que su mujer, María Cristina de la Arena, se deshacía de cosas que fueron de su propiedad. Y, entre ellas, algunos "pertrechos de guerra", como fusiles y granadas viejas que el coronel guardaba en el departamento del barrio porteño de Belgrano, en la calle O´Higgins.
Ella ya no quiso volver allí. Era demasiado dolor.
Cambio de manos
La jueza Fossati inició la instrucción, el juez Homero Dacosta continuó con la causa y, actualmente, todo está en manos del magistrado Daniel Tapié.
En agosto declararon nuevos testigos, en noviembre se hizo la reconstrucción del hecho y, por ahora, nada cambió.
Para la Justicia uruguaya sigue siendo un homicidio simple, con pena de hasta tres años de prisión, y los auditores (secretarios del juzgado) poco dicen sobre la causa que tienen entre manos.
"La situación está incambiada", dicen, y apelan con ese curioso lenguaje a un término típico de los juristas de aquí y que se traduce en aquello de que nada cambió el curso. Menos ahora, que todos están de feria.
Un invierno en soledad
El coronel González pasó el invierno dialogando con poca compañía.
Entre sus interlocutores figuran dos procesados por la estafa al banco de Pan de Azúcar.
Los otros, los policías, sus propios carceleros, también se acercan a charlar.
"El coronel no quiere hablar con nadie, mucho menos con periodistas, porque su defensa está apelando y no quiere publicidad del caso", dijo en secreto un joven oficial que no quiso avanzar mucho más por el respeto que se les tiene aquí a los jueces.
"El loco -por González- está muy pobre. Para nosotros -aclaró el policía-, no es un delincuente, lo suyo fue de mala suerte."
Será por eso que González jamás salió de la comisaría con otro destino desfavorable: el penal de Las Rosas.
En San Carlos, en ese cuarto, con ese patio escaso en el que todos los días trata de estirar un poco las piernas y su angustia, tiene el trato de un preso VIP.
Más allá de eso, algún día la Justicia dará a conocer su veredicto sobre la tragedia que cayó sobre toda una familia.
Mientras tanto, el tormento es, para todos, inevitable.
José Luis Ricciardi, el joven que llegó a esta ciudad para veranear y festejar su cumpleaños pero terminó asesinado, tendría hoy 16 años.
Sitio histórico
PUNTA DEL ESTE.- La comisaría 2a., donde está alojado el coronel González, se encuentra en pleno centro de San Carlos, a 19 km de esta localidad. La ciudad parece quedada en el tiempo, ya que gran parte de la actividad comercial fue absorbida por Maldonado.
En San Carlos viven algo más de 20.000 habitantes y su iglesia es una de las más antiguas del Uruguay.
El dato menos conocido por los argentinos es que allí nació Cayetano Silva, el autor de la magnífica "Marcha de San Lorenzo".
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