La tragedia del Hindenburg que marcó el fin del zeppelin
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El 6 de mayo de 1937 el zeppelin alemán LZ 129 Hindenburg se incendió y murieron más de 30 personas, cuando la aeronave intentaba aterrizar en Lakehurst, Nueva Jersey.
El Hindenburg había logrado cruzar el Atlántico y se disponía a aterrizar. Para ello se acercó a la base de amarre en la Estación Aeronaval de Lakehurst en una jornada marcada por fuertes tormentas.
Por la tarde, la aeronave ya había largado los amarres y se acercaba a la torre, pero se divisó fuego producto de la electricidad estática y luego comenzó el incendio de la popa. El avance del fuego fue inmediato y en pocos minutos el Hindenburg ardía por completo.
Al momento del accidente iban a bordo 97 personas. Las dantescas imágenes se mezclaban con la desesperación de los pasajeros intentando escapar y arrojándose a 15 metros del suelo. En apenas 40 segundos se consumió toda la estructura de la nave, que era una muestra del poderío alemán. El nombre de la aeronave se debía al presidente alemán Paul von Hindenburg.
El Hindenburg fue la confirmación de una doctrina que imperó a lo largo de la denominada "era de los dirigibles" pero tras el desastre y posterior investigación, Adolf Hitler ordenó terminar con la flota de dirigibles comerciales.
La magnitud de la tragedia hizo perder la confianza en los zeppelines y es la razón por la que nunca más se usaron para transportar personas.
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