
La vida entre laboratorios y trabajos de campo
La tarea de investigador científico es una carrera que se comienza desde muy joven; a pesar de las limitaciones económicas muchos son los que eligen trabajar en el país
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Nuevas tecnologías y avance vertiginoso son algunas de las características que podrían aparecer en la imaginación popular al pensar en la ciencia moderna.
Laboratorios y tubos de ensayo son sólo algunas de las herramientas que los investigadores utilizan en su trabajo diario.
"En Campomar desarrollamos dos tipos de actividades diferentes. Por un lado nos dedicamos a la investigación en diversas áreas y por otro a la docencia", explica Angeles Zorreguieta, química integrante del Instituto de Investigaciones Bioquímicas - Fundación Campomar.
Este instituto fue fundado por el premio Nobel de medicina Luis Federico Leloir y funcionatambién como departamento de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la UBA e Instituto del Conicet. Además, es uno de los centros de investigación más importante del país y cuenta con fama mundial gracias al nivel de sus equipos de desarrollo científico.
La tarea en la Argentina, sin embargo, parece hacerse cada día más dura. La falta de dinero y el éxodo de los "cerebros argentinos" iniciado en los años 60 -y nunca detenido- juegan en contra y no hacen más que poner obstáculos en el camino.
"Tenemos una situación complicada, porque la atención está puesta en otra cosa, pero como contraparte, podemos defendernos y seguir adelante", dice a LA NACION LINE Celso Giraudo, del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA).
Pero, ¿cómo es un día de trabajo normal en medio de esta situación?
"Eso depende de la tarea que se desarrolle -detalla Giraudo-. En el INTA tenemos diferentes perfiles de investigador. Algunos se dedican al trabajo de laboratorio y otros, como yo, a tareas de campo."
En estos momentos, Giraudo se desempeña en Bariloche como coordinador de desarrollo en la lucha contra la desertificación de la Patagonia. El equipo que lleva adelante esta tarea estudia la flora y la fauna del lugar.
En Campomar, las tareas son más uniformes y se reparten, básicamente, entre la docencia y las tareas de laboratorio.
"Mi rutina diaria, así como la de muchos compañeros, empieza por revisar la casilla de mail. De esa manera me relaciono con la comunidad científica internacional. Con los demás profesionales del laboratorio discutimos los experimentos. Después busco tener un momento de tranquilidad para pensar en los proyectos y escribir los resultados obtenidos", dice Zorreguieta.
Una manera de lograr experiencia, es iniciar la carrera antes de graduarse y asistir como alumno a los institutos de investigación como Campomar. Así, bajo la tutela de un supervisor, el estudiante descubre si ésa es el área apropiada para él.
Una vez graduados, tienen que realizar un posgrado y, normalmente, comenzar el doctorado. Esto se logra a través del otorgamiento de becas que ofrecen el Conicet, la UBA y otras instituciones.
"Cerca del 70 por ciento se va al exterior a cursar algún post doctorado. Pero, a pesar de la situación de la ciencia en el país, lo normal es que la mitad vuelva. En mi caso particular, tenía que ver con regresar a mi lugar, donde están mis afectos y donde creo que desarrollar mi carrera me va a dar más satisfacciones", agrega Zorreguieta.
Tanto Giraudo, como Zorreguieta coinciden en que ante la crisis actual y la consecuente falta de financiamiento, se debe recurrir a otras alternativas.
"Muchos de los proyectos del INTA cuentan con recursos que provienen del exterior. Esta es la manera de seguir adelante", manifiesta Giraudo.
En la Fundación Campomar, procuran desarrollar trabajos en colaboración con otros países. "Los fondos son escasos y hoy pocos grupos son beneficiados. Por suerte acá no pasa, pero en muchos lugares del país hay investigaciones paradas por falta de plata", concluye Zorreguieta.
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