
Las agrupaciones de izquierda justificaron la quema de urnas
El decano Mallimaci, que presenció los ataques, decidió postergar los comicios estudiantiles
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Las agrupaciones de izquierda que irrumpieron en la noche del martes en la sede de Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires (UBA) para interrumpir la votación estudiantil justificaron la quema de urnas y atribuyeron el vandálico episodio al cumplimiento de un reclamo presuntamente democrático.
"Vamos a suspender esta elección mediante la sustracción de las urnas", anunció uno de los impulsores de la revuelta, protagonizada por militantes de la Unión de Juventudes por el Socialismo (UJS), el Movimiento por la Refundación de Sociales (MRS) y el Partido de los Trabajadores por el Socialismo (PTS), agrupaciones que le disputan a la Alianza el predominio en el claustro de alumnos.
El violento ataque derivó en la suspensión del acto electoral, dispuesta ayer por el decano Fortunato Mallimaci. Horas después de los incidentes, los vidrios de la oficina del decano estaban hechos astillas, dispersos en el suelo como recuerdo de los desmanes de la noche anterior, que destruyeron ventanas y puertas de acceso a las aulas, entre otros daños.
Aún estaba atravesado en la puerta del Consejo Directivo un macizo escritorio que una turba de manifestantes de grupos de izquierda usó como ariete para abrirse paso hasta las urnas, que fueron volcadas e incendiadas. Fue el fin de las elecciones estudiantiles de la facultad, que comenzaron el lunes y debían extenderse hasta mañana.
Una sorpresa nocturna
Horas antes de los disturbios, sectores que respondían a las citadas agrupaciones habían anunciado a viva voz que sobre la noche caería una "sorpresa" que alteraría el desarrollo de las elecciones. Atentos a la amenaza, las autoridades de la facultad decidieron interrumpir la votación, a las 18.30, con la intención de retomar los comicios con la luz del día siguiente.
Junto con las primeras sombras se asomaron en la vereda de la facultad unos 300 militantes de los grupos rebeldes, convocados por sus líderes en reclamo de la anulación de las elecciones.
"La asamblea planteó que la facultad entregue las urnas, que debían estar en manos de los estudiantes. Como las autoridades se negaron, la asamblea decidió dar cumplimiento efectivo a la resolución. Nos encontramos con las puertas cerradas y debimos forzar la entrada", dijo a La Nación el militante Sergio Salgado, candidato a primer consejero de la facultad en nombre de la UJS, el brazo juvenil del Partido Obrero y uno de los protagonistas de los graves incidentes.
Si bien los agresores estarían identificados, los responsables de las agrupaciones que violentaron el acto electoral se negaron a dar sus nombres en los diálogos con la prensa y respondían con evasivas.
Dos días antes de las elecciones, los grupos opositores a la Alianza decidieron retirarse de la contienda electoral, con acusaciones de fraude, y exigieron el fin de los comicios. Los asambleístas vociferaron en contra de la votación sumultánea de tres elecciones distintas: los alumnos debían votar para elegir sus representantes en el Centro de Estudiantes, en el Consejo Directivo y en las Juntas de Carreras, al mejor estilo "boletas sábana".
"Querían dejar de presentarse y quitarle legitimidad al acto electoral por falta de gente. Pero, pese a su prédica, en los primeros dos días ya habían votado 2500 alumnos", dijo Alejandro Macció, presidente del Centro de Estudiantes y miembro de Franja Morada.
El decano Mallimaci estaba presente cuando "una horda de 30 o 40 salvajes rompió puertas, cerraduras y se llevó las urnas para quemarlas en un ritual que recrea los tiempos de la Inquisición y de la dictadura", graficó, en diálogo con La Nación .
Cuando terminaron de quemar y de romper las urnas, los manifestantes tomaron el aula magna de la facultad, donde usualmente se entregan diplomas y se asiste a clases magistrales, para disertar sobre el éxito del grupo comando. "Aula pintada por los estudiantes en asamblea", decía un enorme graffiti rojo estampado a un costado del pizarrón. Cerca de las 3 de la mañana, cuando las últimas urnas quedaron en cenizas o destruidas a mano limpia, Mallimaci hizo la denuncia policial. Junto con la causa penal se inició un sumario administrativo que conducirá a la investigación de los hechos y a sanciones a los agresores.
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