
Las Cañitas se llena de gente y saca ventaja a otras ofertas gastronómicas
La concentración de locales atrae más público que las zonas de Palermo Hollywood o Puerto Madero
1 minuto de lectura'
Bocinazos y gritos. Autos en doble fila. Gente buscando lugar para estacionar. Gente esperando para entrar. Gente en la vereda, gente en la calle. Gente, gente y más gente. El polo gastronómico de Las Cañitas parece haberles sacado ventaja a sus competidores de Palermo Hollywood y Puerto Madero en materia de adeptos.
¿El fin de la crisis? ¿El principio de la reactivación? Ni propietarios ni encargados de locales de Las Cañitas aventuran causas. Después de un año tan difícil como el que dejaron atrás no quieren pronósticos. Simplemente, disfrutan del momento.
"Este es el mejor verano desde que abrimos y no lo comparo con el año pasado sino con los últimos cinco años", asegura Cristian Quintiero, uno de los dueños de Santino. El local está lleno. Las pastas son la especialidad y reciben 5000 personas cada mes. Para él, Las Cañitas ofrece varias ventajas: "Acá hay un respeto gastronómico, no son restaurantes improvisados, hay mucha seguridad y en una cuadra tenés unas cuantas propuestas".
Los restaurantes de Palermo Hollywood reciben mucha gente los fines de semana, pero el resto de la semana la concurrencia es menor. En Puerto Madero, en cambio, los dueños dicen que la cantidad de clientes se mantiene. Y si aumenta es gracias a los turistas. "Hay días en que tenemos un 60% de extranjeros", asegura Damián López, de Friday´s.
En Las Cañitas, hace dos siglos todo eran quintas y jardines. Hoy está copada por lofts y modernos edificios. La tranquilidad es historia. La zona no descansa de día ni de noche.
Allí está todo concentrado. En las tres cuadras de la calle Báez entre Ortega y Gasset y Arguibel se encuentra una decena de restaurantes. Hay para todos los paladares: cocina de autor, francesa, tailandesa, china, japonesa, brasileña, italiana, griega. Este rincón porteño -delimitado por las avenidas del Libertador, Luis María Campos, Federico Lacroze y Chenaut- estalla cada fin de semana. Y hay público para todos.
El Portugués copó tres de las cuatro esquinas de la intersección de Báez con Ortega y Gasset. En una funciona un restaurante, enfrente abrieron un café y en diagonal, un quiosco. Están todos llenos. "Los platos son abundantes y hay clima para todos: vienen amigos, parejas, familias con chicos", cuenta Nicolás Albarracín, el encargado del restaurante, donde el promedio del cubierto es de 15 pesos.
Gabriel D´Amiano, gerente de Campobravo, en la esquina de Báez y Arévalo, no paraba de correr entre las mesas. El precio de un plato con vino oscila entre los 15 y los 20 pesos. "Por suerte cambió la mentalidad de los comerciantes. Antes desplumaban al turista, ahora se preocupan porque vuelvan", explica D´Amiano.
"Fue un año muy positivo y venimos trabajando bien. Recibimos muchos turistas, especialmente americanos, chilenos y colombianos", agrega Ariel D´Estefanis, a cargo de Morelia, una pizzería de la calle Báez.
Ramiro, Pablo y Lucas esperaban en Sushi Club, sobre Ortega y Gasset. Haciendo honor a su nombre, el olor a la comida japonesa recibe a los comensales. "Venimos seguido. No es barato, pero el sushi de acá es el más rico", opinó Pablo.
Extraño nombre
Pocas zonas de la ciudad deben ser distintas de Hollywood... Casas bajas y antiguas, muchos árboles y un ambiente de barrio no fueron obstáculo para que los porteños bautizaran a uno de los principales polos gastronómicos con el nombre de la capital del cine estadounidense.
Le dicen Palermo Hollywood porque allí se instalaron productoras de cine y de TV. Son 60 manzanas donde restaurantes y bares atraen a actores, músicos, artistas, empresarios, políticos y muchos turistas.
Está delimitada por la avenida Juan B. Justo, las calles Dorrego, Niceto Vega y Paraguay. El menú de la zona tiene desde comida étnica (tailandesa, italiana y francesa) hasta los más modernos estilos de cocina.
Por citar algunos, Sudestada, en Fitz Roy y Guatemala, tiene aires del sudeste asiático; en Costa Rica y Humboldt, Sostiene Pereira ofrece comida italiana; Christophe, en Fitz Roy y Nicaragua, sirve tradicionales platos franceses y los bistró Unico y Omm completan el menú de ofertas.
Los fines de semana, especialmente, los bares de la zona se llenan de gente de todas las edades. Uno de los más concurridos es Central: un galpón de 350 metros cuadrados, en Costa Rica y Bonpland, reciclado al estilo del Soho neoyorquino.
"Todos los días trabajamos mucho. De lunes a lunes", afirmó Sebastián Valles, el dueño de La Dorita, en Humboldt y Costa Rica. Los platos rondan los 20 pesos y la parrilla es la especialidad de la casa.
Era miércoles, pasadas las 23, a fin de mes. Todo en contra y, sin embargo, Acabar estaba lleno. Ofrece salones originales, música y una artillería de juegos para combatir al aburrimiento. Patricia Parisi, la supervisora, asegura que nadie se va con hambre. Y que siempre vuelven.
"Dependemos más del clima que de la situación del país", dijo Julián Atanasof, el encargado de Spell Caffe, en Puerto Madero, mientras señalaba las mesas ubicadas de cara al río. Y aunque reciben más turistas que el año último, no logran emular el éxito que tenían hace cinco años. Los precios aumentaron alrededor de un 30 por ciento y conservar clientes es de por sí un logro.
En Friday´s, la mayoría también son jóvenes. La presencia de extranjeros creció notablemente durante los últimos 11 meses. Happening, La Caballeriza, Hereford, Rodizio y Tocororo completan la carta de restaurantes. Con propuestas para todos los bolsillos, Puerto Madero explota la atracción de su vista al río.
Daños colaterales quitan el apetito
- Aunque sorprende, la guerra también tuvo su impacto en los restaurantes porteños. El gerente de La Parolaccia, de Puerto Madero, Sergio Gorosito, afirmó que bajó la afluencia de público cuando estalló la guerra en Irak. Muchos de sus comensales son extranjeros y el conflicto parece haberles quitado el apetito. Lo mismo observó Patricia Parisi, la supervisora de Acabar, en Palermo Hollywood: "La gente vino triste ese día, se la veía preocupada. Siempre vienen con una onda festiva, pero esos días todo era distinto".
1
2Un verano extremo en la costa: sismo, meteotsunami, remolinos de viento, sudestada y temporal, ¿solo casualidad?
3Después de los therians, llegó el “Hobby dogging”: de qué se trata la nueva tendencia de pasear a perros imaginarios
4Tos convulsa: no ceden los casos y piden reforzar la vacunación antes del inicio de las clases

