
Las deudas jaquean una escuela para discapacitados
El déficit de Vitra supera los 200.000 pesos
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La de Vitra es una escuela muy especial. Tal vez porque los logros cuestan mucho, los éxitos se festejan doblemente y las deudas duelen más. Lo cierto es que los directivos de la entidad están preocupados: el déficit los tiene en jaque.
Vitra es la sigla de la Fundación para la Vivienda, Trabajo y Capacitación del Lisiado, que el mes próximo cumplirá 35 años. La entidad sostiene una escuela primaria y otra secundaria, a las que asiste un centenar de chicos y jóvenes con discapacidades motrices.
Pero las finanzas de la institución atraviesan por una severa crisis. La falta de pago por parte de las obras sociales los obliga a adeudar más de 200.000 pesos a proveedores y empleados.
"En los primeros tiempos de Vitra nos manteníamos con donaciones, porque la estructura era chica y sólo nos ocupábamos de los jóvenes que tenían secuelas de la polio, pero a medida que llegaron personas con otras discapacidades, las cuentas se complicaron", contó Stella Maris Zigante, la representante legal y tesorera.
Zigante explicó que el PAMI les debe más de 148.000 pesos de las prestaciones de abril, mayo y junio. Tampoco les pagó julio. Según dijeron voceros de la obra social a La Nación , esta semana el PAMI comenzaría a saldar la deuda con la institución.
"El Servicio de Rehabilitación y Promoción de la Persona con Discapacidad nos adeuda 98.000 pesos; Desarrollo Social, más de 56.000, y otras obras sociales, más de 12.000", se lamentó la abogada.
Sumado al déficit, las donaciones disminuyeron considerablemente en los últimos tiempos, y además les resulta muy difícil conseguir subsidios oficiales que les permitan saldar las cuentas en rojo.
A dos cuadras de la entidad funciona una residencia estudiantil donde viven 22 jóvenes, de entre 13 y 30 años, que estudian en Vitra. Algunos duermen en la residencia porque viven lejos y otros, porque no tienen familia y llegaron allí derivados de juzgados.
Grandes gastos
Aunque los sueldos los cubre la Secretaría de Educación de la Ciudad, la institución se ocupa de mantener las cinco camionetas que pasan a buscar a los alumnos, cubrir los gastos del desayuno y el almuerzo de los chicos.
Todos los gastos de Vitra superan las cuatro cifras. El combustible de las camionetas cuesta unos 4500 pesos mensuales, mientras que el mantenimiento de los vehículos les sale unos 2500 pesos; gastan más de 1000 pesos por mes en cobertura médica y cerca de 5200 en alimentos no perecederos y artículos de almacén. Esto sin considerar que el seguro de transporte para las cinco camionetas representa unos 20.000 pesos anuales.
Para sanear las cuentas, Vitra lanzó una campaña: buscan que 100 empresas colaboren por única vez con 1000 pesos.
La entidad también tiene una imprenta, que fue creada para aportar fondos a la entidad, y espera con ansias nuevos clientes.
Los alumnos de la escuela de Vitra padecen distrofia muscular, parálisis cerebral, espina bífida, mielomeningocele o lesiones provocadas por accidentes. Como tienen severos problemas motores, la mayor parte del aprendizaje se hace con fotocopias. "Nos ayudaría mucho que alguien pudiera colaborar con resmas de papel o artículos de papelería", pidió Zigante. Los teléfonos de Vitra son: 4307-6473/7252/6813 y su e-mail es donaciones@fundacionvitra.com.ar Los chicos que terminan el secundario en Vitra se reciben de bachilleres con cargo de auxiliares administrativos contables con especialización en computación. "Esta especialización hace que tengan más carga horaria -contó Elena Spinelli, la licenciada en psicología que dirige el secundario-. Como la inserción laboral es tan difícil, tratamos de lograr convenios para que los chicos consigan trabajo cuando egresan de aquí."
Fiel a su nombre, Vitra les da vivienda, trabajo y capacitación. Pero ahora, más que nunca, temen no poder darles siquiera lo más elemental y tener que cerrar sus puertas.
Voluntarios se necesitan
Vitra funciona en el mismo edificio que el Hogar María Ferrer, donde viven 15 hombres y mujeres que padecen secuelas de la epidemia de poliomielitis que azotó al país en la década del 50.
Stella es una de las que viven en el hogar desde los 13 años, cuando los problemas respiratorios hicieron que su vida dependiera de un pulmotor.
La poliomielitis la atacó a los cinco años. Aunque sólo puede mover la mano izquierda y el rostro, la enfermedad no la paralizó: Stella se recibió de abogada en la UBA y trabaja en la Procuración del Gobierno de la Ciudad.
Stella habla pausadamente, ya que debe poner en práctica un complejo ejercicio para poder comunicarse. Como nunca antes, a los 55 años tiene una independencia de movimientos que la deslumbra: Stella tiene una silla de ruedas que maneja con el mentón.
Además, Stella cuenta con un compañero inseparable. Bobby, un perro mestizo que escruta detalladamente a todo aquel que se acerca a Stella.
Todos los que viven en el Hogar María Ferrer son cuadripléjicos. Por eso la vida de Stella y la de sus compañeros dependen de dos elementos insustituibles: el respirador, ya que su estado de salud demanda asistencia respiratoria constante y la ayuda que le brindan los voluntarios del hogar.
Hasta las tareas cotidianas más sencillas se vuelven imposibles sin la colaboración de los que les brindan su paciencia y amor.
Leer un libro, hablar por teléfono, peinarse o tomar un café son acciones que los internados no podrían realizar sin el grupo de colaboradores.
Muchos de los que viven en el hogar no tienen familia y dependen por completo de la ayuda de los voluntarios, que recorren las habitaciones para ver quién necesita una mano.
Tan vital es el rol que juegan los voluntarios en el hogar, que están organizados en una asociación. Pero siempre hacen falta más manos solidarias.




