
Las estampillas culturales son un arma en la lucha de los correos
Correo Argentino, OCA y Andreani disputan en originalidad y velocidad para editar sellos postales con diversas figuras de la cultura argentina
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Las grandes empresas de correo se lanzaron a difundir la cultura argentina con las herramientas que mejor manejan: los sellos postales.
Se trata de una estrategia institucional que las compañías de correo pusieron en práctica en los últimos dos años, emitiendo miles de estampillas con las imágenes de diversas figuras del arte nacional.
Jorge Luis Borges, Maximiliano Guerra y Los Chalchaleros son algunas de las estrellas que viajan todos los días a los lugares más diversos en el colorido marco de estas obras de arte en miniatura.
Como empresa del Estado, el Correo Argentino tenía entre sus tareas emitir sellos de valor cultural, una función que sigue llevando adelante, aun después de pasar a ser una empresa privada.
Pero ahora, tanto OCA como Andreani demuestran la misma vocación artística y, como Correo Argentino, venden las estampillas de lujo al precio de las comunes, que no va más allá de un peso.
En el caso de Andreani, la inspiración de lanzar estampillas de estilo cultural le cayó del cielo como una gracia divina. Hasta hace dos años, las cartas de la empresa tenían los sellos con el logo tradicional, más bien austero, sin nada relevante que les diera valor cultural. No daban ganas ni de mirarlas.
Pero cierto día la gente de San Nicolás le sugirió a la empresa sacar una estampilla que recordara el aniversario de la ciudad, una de las más antiguas de Buenos Aires.
La solicitud del sello especial coincidió con el acercamiento espiritual del presidente de la compañía, Oscar Andreani, a la Virgen de San Nicolás, cuya devoción convoca la presencia de cientos de miles de fieles cada mes de septiembre.
Y salió nomás la estampilla con la imagen de la Virgen. Enseguida hubo un segundo pedido del interior, esta vez un encargo de la ciudad de Casilda, en Santa Fe.
Querían conmemorar la primera exportación a Europa de trigo argentino, una venta pionera que marcó la vocación agrícola del país.
Los habitantes de Casilda tenían, entonces, buenos argumentos para trasladar su gran orgullo histórico a un bonito sello postal, que se concretó al poco tiempo.
"A partir de ahí vimos el valor de penetración institucional de la estampilla, y lo transformamos en una estrategia. Es una manera de llevar cultura a lugares que muchas veces no tienen acceso a otra forma de difusión", dijo a La Nación Ricardo Cruz, gerente de relaciones institucionales de Andreani.
A principios del año se emitió una serie de 1.500.000 sellos con la figura de Maximiliano Guerra, y luego una edición de estampillas de Velázquez, que salió a partir de la muestra infantil que se está realizando sobre el pintor español en los salones del Palais de Glace.
Efecto expansivo
La empresa OCA sigue, por su parte, una estrategia filatélica expansiva con efectos que alcanzan incluso el otro lado del mundo.
Una revista japonesa sacó recientemente una nota ilustrada con las folklóricas siluetas de Los Chalchaleros, dibujadas contra los cerros norteños y enmarcados en un delicado sello postal.
"Con las estampillas de colección, OCA busca un efecto netamente institucional. Hacemos muy pocas emisiones al año y tratamos de darles el máximo contenido artístico", dijo Ricardo Pini, gerente de producto de la empresa.
Las series filatélicas de OCA tienen entre 200.000 y 300.000 unidades cada una, salvo una emisión dedicada a la Madre Teresa de Calcuta que alcanzó las 500.000. Fue la primera y la más numerosa en honor a la universalidad de su labor solidaria.
Siguió la fina estampa de Carlos Gardel, que no pierde la sonrisa en ninguno de los cuatro sellos hechos con su imagen. Luego vino un Teatro Colón bien iluminado de frente, y también una estampilla con Los Pumas en recuerdo de los 100 años de la Unión Argentina de Rugby.
Las más recientes emisiones de OCA son tres series sobre Borges, la última de las cuales será puesta a la venta el 24 de agosto, día del aniversario del nacimiento del escritor.
A pesar de tener nueva competencia en el rubro, Correo Argentino no se ha quedado atrás con la llegada de OCA y Andreani al mercado de los sellos conmemorativos.
En los últimos tiempos han salido sellos con iglesias del interior del país, con ganado de todas las razas, con caricaturas de futbolistas. Los motivos de varios de estos sellos responden a solicitudes expresas de la Secretaría de Comunicaciones de la Nación: la empresa privatizada sigue siendo el correo bandera del país, y está obligada, por lo tanto, a cumplir con las exigencias postales del Estado.
Otros sellos son, sin embargo, diseñados exclusivamente en la empresa, sin intervención oficial.
"Algunos son elegidos por nosotros para acercar las cosas a un público más amplio", dijo Graciela Echeverría, gerente de comunicaciones de Correo Argentino.
Entre estos últimos figura una serie de humor con los dibujos de Patoruzú, Matías, Clemente, El Eternauta, el Loco Chávez, Inodoro Pereyra y Tía Vicenta.
También está Gaturro, el personaje de Nik, que gracias al correo ya anda haciendo de las suyas por los tejados del mundo.
Su valor filatélico
El efecto de los nuevos sellos conmemorativos, además de redundar en la cultura, acaso se haga sentir en el valor filatélico que ganen con el paso de los años.
Los coleccionistas están al acecho de las emisiones culturales de los correos oficiales o privados, siempre atentos a conseguir estampillas que en algunos años quizás multipliquen varias veces su precio original.
El paso del tiempo puede transformar cualquiera de los sellos actuales en una imagen tan valiosa como una de Rivadavia de 1864, la estampilla más cara del país.
El valor del sello con la imagen del prócer es de $ 8000 si no ha sido usado, $ 5000 si viene con matasellos y $ 45.000 si está pegado a su sobre original.
En el nivel mundial se conocen estampillas bastante más caras aún. La más valiosa es un ejemplar único de un sello de Guyana del siglo pasado con un precio varias veces millonario.
Los filatelistas también mencionan con reverencia una serie de sellos de Mauritania, tan antigua como la de Guyana, pero en este caso con dos o tres ejemplares sobrevivientes.




