Las mujeres tienen peor calidad de vida laboral que los hombres

Crédito: Shutterstock
Soledad Vallejos
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27 de febrero de 2018  • 16:31

Ganan menos que los hombres y la brecha se agranda cuando llega la edad de la maternidad. Luego de tener un hijo, a ellas les cuesta más conseguir trabajo. Diferentes estudios demuestran que a partir de los 30 años la brecha salarial se dispara. Ahora, una nueva investigación apunta que, además, son las mujeres quienes tienen una peor calidad de vida laboral. A ellos no les pasa lo mismo.

Una nueva investigación de la Universidad Siglo 21, que entrevistó a más de mil personas, apunta que las mujeres se sienten más presionadas en su intento por conciliar la vida familiar y el trabajo: reportan mayores niveles de estrés y agotamiento –razón por la cual les cuesta más relajarse luego de una jornada laboral– y sufren con más frecuencia síntomas como depresión, ansiedad y somatizan en estrés en su salud.

Sólo uno de cada diez hombres dijo que casi todos los días siente tensión muscular. En las mujeres, se duplica. Lo mismo sucede cuando se les preguntó sobre temas relacionados con cansancio, fatiga, ansiedad, problemas de concentración: en todas las categorías, las mujeres sufren el doble que los hombres.

Sin desconexión

“Queríamos hacer foco en una brecha que no es tan visible como las demás y que influye directamente en la calidad de vida de las mujeres. Pasamos muchas horas en el trabajo, y la intención del estudio era obtener una foto del panorama actual con visión de género”, dice María Belén Mendé, rectora de esta casa de estudios con sede en la ciudad de Córdoba y presencia en todo el país. El universo de la muestra reunió a 1050 casos (49% hombres y 51% mujeres) de entre 18 y 65 años y de distintas ciudades como San Miguel de Tucumán, Rosario, Córdoba, Corrientes, Mendoza, Comodoro Rivadavia y la Ciudad de Buenos Aires.

No es suficiente con tener tiempo para el ocio, sino que debe existir un proceso eficiente de desconexión, para lograr una adecuada recuperación

“Se analizaron diferentes dimensiones del bienestar laboral, y en todos los ejes la puntuación de las mujeres fue más alta –destaca el psicólogo Leandro Medrano, secretario de Investigación del Observatorio de Tendencias Sociales y Empresariales de la Universidad Siglo 21-. La preocupación por los asuntos domésticos interfiere más en el trabajo de las mujeres que en de los hombres, y esa mayor demanda es determinante en los niveles de agotamiento”.

Los especialistas quisieron saber cómo afectaban los problemas de la familia, en el trabajo. Fueron muchas más las mujeres que respondieron que a causa de los conflictos con la pareja o la familia no lograban concentrarse en el trabajo. Esa respuesta fue mucho menos frecuente entre los hombres.

Sin tiempo para mí

“No es suficiente con tener tiempo para el ocio, sino que debe existir un proceso eficiente de desconexión, para lograr una adecuada recuperación”, dice el estudio. Algo así como la versión femenina de eso que hacen muchos hombres que van al bar o a jugar al fútbol antes de volver a casa. Ir al gimnasio o caminar, u otras actividades no funciona de la misma forma para ellas. Porque incluso sus momentos de ocio se ven interrumpidos por llamados de la casa y demandas domésticas que las tienen a ellas como solucionadoras de conflictos familiares.

El 18,6% de las mujeres dijeron que nunca o casi nunca tiene tiempo para sus hobbies. En cambio, el 86% de los hombres encuentran siempre un momento para hacer esas cosas y actividades que les gustan.

Según Medrano, “se observó una diferencia estadísticamente significativa” en la evaluación del estrés en el trabajo, lo que explica las menores posibilidades de recuperarse luego de una jornada laboral”.

Una de cada tres mujeres dice que siempre o casi siempre está agotada después de una jornada laboral. En los hombres, se da sólo en el 25% de los casos. Arrancar un nuevo día, también a ellas les cuesta más.

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