Las raíces de un añejo jacarandá ya crecen bajo el living de una casa
Desde hace diecinueve años una vecina reclama al gobierno porteño que sean podadas
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Cada vez que Rosa se desplaza por el living de su casa tiene que extremar las precauciones. No porque a sus 82 años le cueste caminar, sino porque las raíces del árbol que crece en la vereda ya se mudaron al interior de su vivienda.
Cansada de reclamar al gobierno de la ciudad y de no recibir respuesta alguna, Rosa Nélida Alba envió una carta de lectores a LA NACION en la que contaba sus penurias de larga data. La queja está por celebrar su decimonoveno aniversario: precisamente el 18 de noviembre de 1985 Rosa pidió por primera vez a la -por entonces- municipalidad porteña que podara las raíces del jacarandá que crece en la puerta de su casa, en la calle Donato Alvarez 2582, en el barrio de la Paternal.
"Mirá acá. Y allá. Y casi en la entrada también se levantó", señaló ayer la mujer yendo de un extremo al otro de su living.
Esperó a la cronista de LA NACION con más de una decena de papeles sobre la mesa. "Hice 15 reclamos. El último fue el 13 de mayo de este año -contó la jubilada-. Me dicen que llame a un teléfono, que llame a otro, pero nadie me da una respuesta. Ya me cansé de quejarme."
LA NACION se comunicó con la Secretaría de Producción, Turismo y Desarrollo Sustentable del gobierno porteño para preguntar por el reclamo de Rosa. Desde esa dependencia prometieron que una cuadrilla de inspectores visitaría hoy la casa de la jubilada para solucionar su problema.
Rosa es viuda y vive sola. Desde un portarretratos apoyado en una mesita del living sonríen sus dos nietos. Olvidándose por un momento de las raíces, contó con una enorme sonrisa que hace cinco días estrenó su papel de bisabuela, con el nacimiento de María del Pilar.
"Iba a pintar, pero ahora estoy esperando que me arreglen este problema. Tengo miedo de pintar el living y que después se destruya el piso. No sé qué hacer", se lamentó la mujer, que vive en esa casa hace 40 años.
Para enfatizar sus dichos, Rosa colocó un estante de madera en el piso para mostrar que en el hueco del parquet levantado le cabía una mano entera. "Soy jubilada y pago mis impuestos debidamente. Exijo que el gobierno me dé una respuesta", se quejó.
La vereda de su casa es ancha, pero las raíces recorrieron un par de metros antes de inmiscuirse en su living. "Ya tuve que hacer arreglar el portón del garaje porque se levantó la vereda y no podía abrirlo. Ahora ya se me arruinó el plastificado del living", protestó.
Florecen las quejas
Rosa no es la única vecina que padece con el crecimiento desmedido de los árboles porteños. El último 27 de septiembre la Justicia sobreseyó al taxista Juan Manuel García Barcelona en la causa que el hombre tenía por dañar un bien del Estado: el árbol que hay frente a su casa, de Belgrano. El vecino había estado detenido nueve horas, el 5 de junio último, por contratar a un barrendero para que podara el plátano.
La poda no había sido una reacción compulsiva del taxista: desde el 22 de enero de 1998 hasta el día del arresto el hombre había realizado siete reclamos ante el gobierno porteño. Pero nunca obtuvo respuesta. En esos años, las raíces del árbol en cuestión, asegura el taxista, destruyeron los caños de la casa que tiene en Mendoza 3991, arruinaron la medianera y las hojas secas taparon las cañerías.
La ordenanza 44.779 prohíbe la poda o corte de árboles. Para esa falta también se aplica el artículo 183 del Código Penal, que establece castigos que van de los 15 días al año de prisión para "quien destruyere, inutilizare o hiciere desaparecer o de cualquier modo dañare una cosa mueble o inmueble o un animal". Lo mismo que el artículo 184 inciso 5, que establece penas de tres meses a cuatro años a quien dañare "puentes, caminos, paseos u otros bienes de uso público". El gobierno porteño reconoce que está atrasado en la atención de los pedidos para podar árboles y raíces.
María Esther Fanlo, una vecina de 60 años, había sido detenida unos meses antes que García Barcelona por podar un plátano que había dañado su vivienda.
El 13 de agosto de 1999, María Esther Fanlo, una vecina de 60 años, contrató a dos hombres para que podaran el plátano que le cubría el frente de la casa, en Thompson al 400, en Caballito. La mujer fue denunciada por una vecina. En plena poda llegó a su casa un patrullero de la comisaría 12a. y los uniformados detuvieron a María Esther durante siete horas.
El 21 de mayo último, Fanlo fue sobreseída de la acusación de ejercer "daño" contra el árbol que mandó podar. En la resolución se condenó al gobierno a pagarle una indemnización de 13.000 pesos, pero se eximió a la Policía Federal.
Arboles conflictivos
Leyes
- La poda o corte de árboles está penada por la ordenanza 44.779 y por los artículos 183 y 184 inciso 5 del Código Penal. Se considera un daño a un bien de uso público.
Por mano propia
- El taxista Juan Manuel García Barcelona, de Belgrano, y la vecina María Esther Fanlo, de Caballito, fueron detenidos unas horas por podar por su cuenta sendos plátanos.






