
Qué podés hacer para ayudar a los "sin techo" en las noches de frío
Cómo es una recorrida nocturna organizada por la Fundación Sí para asistir a personas que viven en la calle
1 minuto de lectura'

La esquina porteña de Riobamba y Bartolomé Mitre es el punto de encuentro de la Fundación Sí para iniciar las recorridas nocturnas en busca de personas que viven en la calle.
Decenas de voluntarios se paran diariamente a las 20 horas esperando con paciencia el arribo de quienes tienen ganas y tiempo de ayudar. Ganas y tiempo. "Si te volvés a tu casa después del trabajo cuesta arrancar", le comenta uno de los chicos a un señor de cincuenta y tantos. Carritos de supermercado, coordinadores que se mueven con soltura de acá para allá, los que vienen por primera vez, que son la mayoría y se quedan estáticos a la espera de indicaciones. Escenas que se repiten de lunes a lunes en las noches de Buenos Aires.
"Ahora sí, estamos todos", dice una de las organizadoras, luego de ubicar a cada persona en un grupo de 4 o 5 personas. "Les voy a dar algunas indicaciones: la sopa es un medio para establecer un vínculo. La idea es charlar. Simplemente eso. En un futuro, con nuestra ayuda, quizá logren salir", relata entusiasmada.
Hoy toca la zona 3. La Plaza de Mayo es el punto inicial. "Vamos a ver a Sergio y a María primero", dice Miguel, uno de los voluntarios que parece conocer bien el área. Roxana experimenta esa ansiedad por primera vez. Está nerviosa, pero lleva en su mochila medias, guantes y paquetes de comida que en su casa ya no son de utilidad. Sergio está en una galería, en la puerta de un banco. Con muebles, sabanas y alfombras se preparó un refugio. Su mujer, María, durante la semana vive en un paradero en la provincia, pero los fines de semana necesitan estar juntos. "Yo dejo que vengan otras personas pero el fin de semana viene María. Eso no se negocia". El amor que siente Sergio por María es evidente. Los ojos le brillan cuando la trae a la conversación.
"Esta semana tengo una entrevista para el área de limpieza de un banco", cuenta entusiasmado. Acepta la sopa y los chocolates que abundan en uno de los carritos que se arrastraron desde la esquina de Riobamba y Mitre. Roxana saca de su mochila un sweater, algo estirado pero en buen estado, y se lo alcanza. "Tomá, para tu entrevista", le dice con una sonrisa indisimulable.

Una charla que dura alrededor de 10 minutos y la recorrida sigue, para encontrar a Albino unas cuadras más adelante. "Albino Blanco, mucho gusto", dice mientras estira la mano. Hace frío y tiene ojotas. Roxana abre su mochila y le da un par de medias. "Ponetelas que hace frío", desliza. Él explica que el único par que tiene se está secando. Acepta un té con galletitas y se sienta en un banco. "Estoy cansado, en un rato me voy a dormir –dice Albino-. Espero verlos en otra oportunidad".
Pasos y más pasos. Las cuadras se hacen cada vez más cortas y las luces brillan. La Avenida Corrientes, allá por Florida, es testigo de estas cuatro personas que caminan a la par en búsqueda de quienes no tienen un techo.
Llega el turno de Diego. La palabra "gracias" se repite en su diccionario. Mirada triste que oculta una historia. Miguel conoce a Diego. Comenta que hoy no estaba con ganas de hablar, pero que generalmente le gusta contar sus andanzas. "Qué raro", murmulla Roxana por lo bajo.
Gerónimo está en la esquina de Esmeralda y Corrientes sentado en una silla de oficina, conversando con un hombre, encargado de la seguridad de un edificio. "Los estaba esperando", dice mientras saluda a cada uno con un beso en el cachete. Tiene 65 años. Pelo blanco y ojos claros, casi transparentes. Saca del bolsillo de su campera de cuero desgastado un papel y lo abre. Cuenta que estuvo en las oficinas de Asistencia Social del gobierno toda una jornada hasta que lo atendieron. Los requisitos para alquilar –dice- son interminables. Le piden fotocopia del documento del dueño, factura que compruebe la existencia de la vivienda y la autorización para alquilar la pensión, entre otras cosas. "¿Quién en su sano juicio me va a dar a mí la fotocopia de su documento?", comenta indignado. Y pide ayuda amablemente. Miguel le promete volver con novedades la semana siguiente. "El sábado vamos a hacer un asado. Están invitados", dice cuando presiente que la conversación está por llegar a su fin.
Son las 22:30. A las 23 los mismos que se encontraron a las 20 están parados en la esquina que fue testigo de la llegada, y también de la partida. Los coordinadores piden información de cada zona y despiden a los voluntarios, que se van a sus hogares satisfechos con la recorrida de esa noche. Saben que el miércoles siguiente la historia se repite.




