
Le permiten donar parte del hígado a un amigo
No hay donantes aptos entre sus familiares
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LA PLATA.- Una mujer de la ciudad bonaerense de CoronelBrandsen donará parte de su hígado a un amigo enfermo. El trasplante se concretará en el hospital Argerich y será la primera ablación de un órgano proveniente de una persona viva que no es familiar del paciente. La intervención fue autorizada por el juzgado de paz de Brandsen, aunque la ley prohíbe expresamente la donación de órganos de personas que no sean parientes consanguíneos. La autorización fue concedida porque los hermanos del paciente padecerían la enfermedad, de origen genético.
La historia, sin precedente en la Argentina, se basa en una profunda amistad entre dos matrimonios. En estos días, los cuatro amigos realizan distintos trámites que permitirán, a fines del mes próximo, concretar la operación en la ciudad de Buenos Aires.
Mauro Dorado tiene 27 años y vive con su esposa, Maribel Piñeiro, de 26, y tres hijos. Padece una amiloidosis genética, que sólo puede resolverse por medio de un trasplante de hígado. Su madre y su hermano fallecieron como consecuencia de esa enfermedad.
Desde hace dos años, Dorado trabaja en una panadería junto con Miguel Angel Córdoba, de 33 años, marido de Adriana Vivier, de 31, y padre de tres niños. En poco tiempo, los matrimonios se hicieron muy amigos.
La enfermedad comenzó a manifestarse en el organismo de Dorado tres años atrás, con una notoria pérdida de peso, baja de presión y dificultades para caminar. Al poco tiempo, fue incluido en una lista de espera del Cucaiba. Hubo dos intentos fallidos de donación.
Una no pudo concretarse porque el juez demoró la orden de ablación; la otra, porque el órgano, proveniente de Tucumán, no había sido bien conservado. Así, los médicos comenzaron a hablarle de la posibilidad de la donación de un familiar vivo.
Obstáculos y venia especial
Como los demás hermanos vivos de Dorado tienen la misma posibilidad de contraer la enfermedad, recurrieron a la esposa. El intento se frustró porque no tenía el mismo grupo sanguíneo. Pero Adriana Vivier sí lo tenía y estaba dispuesta a donarle el 60 por ciento de su hígado.
"Estaba decidida, lo conversé con mi esposo y él me apoyó. Al resto de mi familia, a la que soy muy apegada, no le gustó mucho la idea. Pero era por el miedo. Ahora, comprenden la situación y están conmigo", dijo Vivier a LA NACION. Sin embargo, aún faltaba superar el obstáculo judicial: la ley argentina impide la donación de órganos de una persona viva que no sea familiar, para evitar la comercialización.
Pero los Dorado y los Córdoba estaban dispuestos a todo: "Una noche nos juntamos los cuatro y decidimos que, si era necesario, nos divorciábamos. Luego, yo me casaría con Mauro y, después del trasplante, me divorciaría nuevamente", relató la donante.
Al escuchar el planteo, las autoridades del Juzgado de Paz de Brandsen consideraron que era posible otorgar un permiso especial, sentando jurisprudencia, y permitir la ablación sin la relación de parentesco."Esto que hace Adriana no tiene palabras y yo jamás se lo hubiera pedido. Estoy bien de ánimo, pero físicamente me siento muy mal", dijo Dorado.
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