Le puso música a la policía y perdió todo
El disc jockey dijo que le robaron equipos por un valor de 10.000 pesos; les hizo un precio especial a los organizadores
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El disc jockey Luis Ceolato no olvidará fácilmente la fiesta en la Escuela de Policía Bonaerense Juan Vucetich, el pasado fin de semana. No por el brillo o la diversión que puede hacer memorable una fiesta, sino porque allí, aunque parezca extraño, le robaron buena parte de su equipo y le destrozaron el resto.
"Hubo un apagón y quedamos a oscuras unos quince minutos. En ese tiempo me robaron cinco cajas, cada una con un parlante JBL, cuatro trípodes y un equipo de potencia Crown. También me rompieron tres baffles más y dos amplificadores. En total, suman unos 10.000 pesos, a lo que habrá que sumar lo que resulte del lucro cesante, porque desde entonces no tengo con qué trabajar", dice Ceolato.
En su edición de ayer, La Nación informó sobre la insólita derivación que se produjo durante la fiesta realizada en la escuela policial, a la que concurrieron casi 3000 personas y en la que se esperaba la presencia del ministro de Seguridad bonaerense, Ramón Verón. No está claro por qué no concurrió, pero puede afirmarse que tuvo suerte.
Comienza el escándalo
El objetivo, celebrar la graduación de 635 cadetes, se vio empañado de la peor forma cuando se desató un escándalo de proporciones en el que no sólo menudearon las agresiones físicas y verbales, sino que además hubo robos y destrozos de muebles y cristalería.
Ceolato tiene 29 años. Desarrolla su trabajo de animación musical desde los 19. Huérfano de padre, con su oficio mantiene a su madre y a sus dos hermanas menores (una, con una grave enfermedad psíquica).
Habló con el cronista en su casa de Los Andes al 1900, en Haedo. Su amargura por el robo se atenúa momentáneamente cuando, con orgullo, habla de su trayectoria, que incluye los principales boliches bailables de Ramos Mejía: Millenium y Diablo.
En esta oportunidad, fue contratado por la empresa Servicios Integrales. "Les hice un precio especial, de 3000 pesos, porque prometieron otros trabajos en eventos similares, de nivel, como el de la policía. Su valor real, incluyendo fletes y la tarea de montaje, era superior a los 5000", comenta.
Sus equipos estaban distribuidos en el polideportivo de la institución y en dos carpas con capacidad para 2000 personas cada una.
No era su primera experiencia con festejos de gente uniformada, "en los que hay que acostumbrarse a que cualquiera dé órdenes".
Pero en la escuela tuvo un primer amago de "algo diferente" cuando se le acercó un oficial y con un tono muy agresivo le indicó que informara por el micrófono que estaba buscando a su hermano.
"Parecía un chico que había perdido a su papá y, más aún, cuando volvió tres veces para repetir lo mismo. En la última, dio un puñetazo cerca de las bandejas y saltó todo. Por supuesto, se paró la música. La gente dejó de bailar y se puso a mirarme como si yo fuera el culpable", relata el disc jockey.
Sin embargo, la actitud prepotente del hombre no sería nada con lo que vino después, pasada la medianoche. Alguien advirtió que la comida -cuya demora en ser servida ya había generado los primeros enardecimientos- despedía mal olor, como si estuviera en descomposición, y se sucedieron quejas cada vez más airadas contra la empresa encargada del catering.
"En el polideportivo -donde se bailaba- no pasó nada. Pero desde las carpas llegaron los ruidos de una tremenda batahola. Nos asomamos y vimos volar sillas y vajilla. Más tarde me enteré que le habían dado una paliza a un mozo y que a una mujer le habían robado la cartera."
Alrededor de la 1 todo quedó a oscuras. Cuando retornó la luz, al utilizarse un generador electrógeno, Ceolato se encontró con la desagradable sorpresa de que alguien se había llevado casi todo su equipo y le habían roto el resto.
El colmo
"Me han pasado muchas cosas en este laburo. Pero nunca me habían robado y menos en un lugar atestado de policías", se lamenta ahora Cuando se le pregunta si alguna autoridad se comunicó con él, contesta negativamente, pero advierte que, en cambio, "supe que hoy (por ayer) algunos de los presentes comentaron que yo los había provocado pasando temas de Los Pericos y de Los Auténticos Decadentes cuyas letras los critican o se burlan de ellos. Eso es mentira. Ni conozco esos temas; mi hermana me los tuvo que cantar".
También supo, a través de un compañero, que al menos un sospechoso de haberle robado se retiró por el jardín de la escuela, para evitar que lo vieran con una de las cajas de baffles, que pesan entre 35 y 40 kilos.
"Me dijo que había visto a uno que se retiraba apresuradamente, con su traje de gala y acompañado por su familia, llevando una de las cajas, la metió en el baúl de su auto y se fue", recuerda. Y todavía no lo termina de creer.





