
Lepra y tuberculosis, males que afectan a los más débiles
Las bajas defensas del organismo posibilitan su infección
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Sin tratamiento, la tuberculosis lleva a la muerte. Y la manifestación más grave de la lepra abre el camino a lesiones y malformaciones que convierten a quienes la sufren, a veces, en verdaderos monstruos. En la Argentina se notifican 13.000 nuevos casos de tuberculosis por año. De la lepra, considerada un flagelo hasta hace un centenar de años, existen bolsones de casos en el Norte y en la Mesopotamia. Pero una y otra también encuentran un escenario propicio para su propagación en las villas del conurbano.
Ambas son enfermedades causadas por bacilos: Mycobacterium tuberculosis y Mycobacterium leprae, o bacilo de Hansen, y se contagian por contacto directo. Las personas que carecen de suficientes defensas en su organismo tienen las más altas posibilidades de contagio. Por las propias condiciones de vida y por el entorno en el que se desarrolla su subsistencia precaria, los habitantes de la villa son, de hecho, sectores en riesgo.
Como había señalado la doctora María Cristina De Salvo, jefa de la División Neumotisiología del hospital Tornú, en una entrevista con LA NACION, hace ya un año y medio, el aumento de la pobreza, la marginalidad y el hacinamiento son un obstáculo en la lucha contra la tuberculosis.
La doctora Margarita Larralde de Luna, ex presidenta de la Sociedad Argentina de Dermatología y médica del hospital Ramos Mejía, explicó anoche a LA NACION: "En todas las enfermedades hay una respuesta del organismo; una persona que tiene bajas sus defensas puede responder con una forma lepromatosa de la lepra [la más grave, en la que se producen deformaciones y virtuales amputaciones] y, si las tiene altas, probablemente desarrollará la forma más leve, que es la tuberculosa".
El contagio
La doctora Larralde sostiene que, ante la presencia de un caso de lepra, el resto de las personas que convive con el afectado debe concurrir a un centro asistencial para someterse a un test de detección de la enfermedad. Es que el bacilo de Hansen se contagia por contacto cercano y crónico y sus síntomas suelen aparecer entre cuatro y ocho años después de su ingreso en el organismo humano.
Existen cuatro formas de la enfermedad: indeterminada, característica, tuberculosa y lepromatosa. El bacilo compromete la parte neurológica del organismo, con pérdida de sensibilidad; algunos de sus síntomas son dolores en la piel, entumecimiento de manos y pies, y nódulos o tubérculos en el cuerpo. Quienes sufren las formas más graves de lepra padecen lesiones que pueden derivar en retracciones o pérdidas de los extremos de los miembros o desfiguraciones faciales ("cara leonina").
La tuberculosis afecta generalmente los pulmones, aunque también puede atacar otras partes del cuerpo, como el cerebro o la médula espinal. Se propaga a través del aire (el infectado, al toser, disemina el bacilo), y tiene como síntomas usuales tos de larga duración -a veces, con sangre-, debilidad, malestar general, pérdida de peso, fiebre y sudores nocturnos, según sea de tipo pulmonar o extrapulmonar.
En la actualidad, y al igual que la lepra, es una enfermedad curable. Pero para que eso ocurra es necesario que las personas infectadas no abandonen su tratamiento. Según De Salvo, en algunos lugares del país la tasa de abandono de los tratamientos alcanza al 40 por ciento de los pacientes.
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