Los 7 mitos más comunes sobre la lactancia

Candelaria Palacios
Crédito: Pixabay
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8 de septiembre de 2016  • 00:02

Mucho se habla en torno a la lactancia. Todo el mundo da opiniones y consejos que muchas veces no tienen mucho fundamento y que, quiérase o no, terminan influyendo de un modo u otro a la madre que amamanta, que puede sentirse presionada por estas intervenciones. Además, siempre se suman las dudas lógicas y propias de una mujer que da de mamar, ya que, a diferencia de cuando damos mamadera, no podemos ver cuánto exactamente toma el bebé. En los primeros días de lactancia, estas dudas nos pueden llevar a tomar decisiones muchas veces equivocadas (como empezar a darle al bebé leche de fórmula cuando no era necesario).

La idea de estas líneas es desmentir sólo algunos de estos mitos de la lactancia (obviamente hay muchísimas otras creencias exóticas) con la ayuda de Iardena Stilman, puericultora y coordinadora general de la Asociación Civil Argentina de Puericultura (ACADP). “En un momento de tanta vulnerabilidad y permeabilidad a la información como es el post parto y puerperio, los mitos que emiten las personas cercanas y el entorno pueden interferir en la autoestima y seguridad de la madre, así como entorpecer la construcción del nuevo vínculo”, explica Iardena Stilman. “Los mitos pueden ocasionar dificultades graves en una sociedad como la nuestra en la que, por culpa de diferentes factores, la cultura de amamantar se ha ido perdiendo. Hoy, gracias a los estudios que demuestran la indiscutible superioridad de la leche materna, hay quienes estamos intentando recuperar esa sabia cultura”, asegura.

A continuación, enumeramos algunas de las creencias más comunes y las desmitificamos:

1) Hay que amamantar 10 minutos de cada pecho cada tres horas

Según Iardena Stilman, esta creencia parece casi una prescripción de toma de antibióticos. Pero es fundamental entender que en el caso de un bebe recién nacido sano, el que regula la toma es él. O sea, se da la famosa libre demanda: el bebé decide cuándo y cuánto necesita comer. “No hay horario fijo, sin importar si es de día o de noche, ni de duración de la toma ni de tiempo transcurrido entre toma y toma. Como precaución, por lo general, en un recién nacido, no deben pasar más de tres horas entre toma y toma. Pero esto no es para siempre: la madre y el bebé se van regulando entre ellos a medida que se afianza el vínculo. Cuanto más toma el bebé y se vacía el pecho, más leche producirá la madre”, explica.

2) Mi mamá no pudo dar de mamar, así que yo tampoco voy a poder

“ Todas las hembras mamíferas heredamos la capacidad de lactar. Nacemos anatomo- fisiológicamente perfectas para este fin. La incapacidad de lactar es accidental y se da muy pero muy rara vez”, aclara Stilman. Nada tiene que ver con factores hereditarios, sino más bien con el contexto de cada madre al momento de amamantar.

3) Cuanto más grande es el pecho, más leche produce; si tenés pechos pequeños, no vas a tener leche

“‘Pobre bebé, se va a morir de hambre’, es la frase preferida de algunas suegras cuando ven que tenemos pechos pequeños. Pero el tamaño del pecho depende de la grasa y no de la glándula mamaria, que es la productora de leche”, explica la puericultora y también cuenta que muchas veces las intervenciones tempranas de tetinas (chupetes y mamaderas por ejemplo) y la falta de contacto entre la mamá y el bebé, son las causas más comunes por las cuales una mama no llega a amamantar.

“El famoso ‘no tiene leche’ suele generarse al tratar de establecer rutinas en un recién nacido, poner al bebé en horarios establecidos y por tiempo determinado”, precisa.

4) Tenés mala leche porque el bebé tiene cólicos

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Este es otro de los vox populi, generalmente un preferido a la hora del llanto, cuando ya no se encuentran explicaciones al por qué de las lágrimas de un bebé. “El sistema digestivo de los bebes es muy delicado por su inmadurez. Por eso la lactancia materna es tan importante. El sistema termina de madurar, en un bebe sano y nacido a término, entre los tres y los seis meses. Por esto los bebes tienen cólicos, les produce dolor y lloran. La leche materna es mucho más liviana que la de fórmula, por lo que se digiere mejor y más rápidamente. El movimiento de succión, por otra parte, ayuda a eliminar los gases y la cercanía con el cuerpo de la madre, el calor de su cuerpo y el sonido de su corazón, calman al bebé en un momento de dolor y angustia”, explica Stilman. Así que nada tienen que ver los cólicos con la leche de la madre, que está especialmente preparada para ese bebé en ese momento. Todo lo contrario, ayuda a mejorar el sistema digestivo para, a la larga, dar fin a los molestos cólicos. La leche materna es un alimento vivo que va modificando su composición durante la misma toma y en las distintas etapas del bebé: “es superior a cualquier otra leche, incluso las de fórmulas que aún no han logrado una composición tan completa como la leche materna. ¡Si la decisión de la mama es amamantar, no hay que preocuparse por la calidad, esta es siempre excelente!”, concluye Iardena Stilman.

5) Se me acabó la leche o ya no tengo suficiente

“Cuando una madre cree que no tiene suficiente leche, lo primero que deberíamos preguntarle es por qué cree que su leche no alcanza. Muchas veces confundimos las señales que nos dan los bebés, que se comunican principalmente a través de la mirada, el tacto y el llanto.Y si al lado tenemos esas voces que dicen: ‘se quedó con hambre, pobrecito’, ‘no le alcanza, si ya tiene cinco meses’ o ‘mirá con qué ganas mira la comida’, ¡estamos en problemas!”, dice la coordinadora general de la ACADP, y asegura que las madres producimos la cantidad de leche que el bebé necesita. “La naturaleza es tan sabía que los primeros días producimos calostro, que tiene el doble de calorías que la leche, con lo cual el bebé necesita tomar menos, pero el hecho de que la cantidad sea pequeña puede hacer que parezca insuficiente. Durante los primeros días la leche no va a fluir a borbotones; irá apareciendo gradualmente. A medida que pasan los días y según la demanda del bebé, la cantidad se va regulando”, afirma.

Según la puericultora, son muy pocos los casos en que realmente sucede por una razón fisiológica que la mujer no tiene suficiente leche. La mayoría de las veces, el problema es que cuando los padres creen que el bebé no está subiendo de peso, pueden decidir empezar a darle fórmula para complementar. Esto crea un círculo vicioso: cuanta más fórmula toma el bebé, menos lacta y, por lo tanto, menos leche produce la madre.

“Si el bebé moja entre cinco y seis pañales al día, se agarra bien del pecho y se escucha cómo traga y si el pediatra dice que está bien de peso y se está desarrollando correctamente, no hay de qué preocuparse. Todo está bien, aunque parezca que no está engordando tanto como la vecina quisiera”, sentencia Iardena Stilman. Pero, si realmente se comprueba que la madre no produce suficiente leche, hay que buscar las causas: “Estas suelen estar relacionadas con la frecuencia y duración de las tomas, con el buen agarre del pecho, con intervenciones tempranas de tetinas o con factores emocionales de la madre y la presión del entorno. Todas estas se pueden corregir con una consulta temprana y el apoyo emocional y la confianza que pueda adquirir la madre”, asegura.

6) Los enojos/mal humor hacen que produzca menos leche

“Los disgustos de la madre pueden provocar cierta irritación en el bebé porque percibe el estado anímico de la madre. La leche no vehicula sentimientos, pero sí puede llegar a demorar un poco más su fluir”, explica Stilman. Por eso, es importante que al momento de amamantar la madre pueda relajarse, estar cómoda y tranquila. Si el entorno no ayuda, lo mejor es aislarse un rato con el bebé, escuchar música y ponerse cómoda, irse a otro ambiente...

7) Para producir más leche hay que comer ciertas cosas y evitar otras

Para la puericultora, “una de las maravillas de la leche materna es que puede cubrir las necesidades alimenticias del bebé, aunque la mamá no esté alimentándose bien. Sin embargo, si sigue una dieta muy baja en calorías o si hace demasiado énfasis en un sólo grupo de alimentos y excluye otros, puede afectar no sólo la cantidad de leche que produce, sino también su calidad”.

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Además, que el bebé no se vea afectado por deficiencias alimentarias no quiere decir que la madre no sufra consecuencias: “Cuando la mamá no obtiene, a través de la dieta, las vitaminas y los nutrientes suficientes, el cuerpo los obtendrá de sus reservas. Además, necesita mantener una dieta saludable ya que necesitará energía para cumplir con las exigencias diarias que supone cuidar a su hijo”, dice la coordinadora de la ACADP, y recomienda que las madres mantengan una dieta sana y equilibrada: comer granos y cereales integrales, frutas y vegetales frescos, y alimentos que suministren suficientes dosis de proteínas, calcio y hierro. También aconseja no abusar de los lácteos: “Hay quienes aumentan la ingesta de lácteos creyendo que esto producirá más leche y realmente no influye en la producción”.

Consideraciones finales

Estos son solo algunos de los mitos que circulan en torno a la lactancia materna. Siempre habrá voces que sigan sembrando miedos y dudas, pero lo mejor es seguir y escuchar el instinto de madre y, frente a las dudas que surjan consultar a una especialista en lactancia o al pediatra.

“Comprobar que el bebé está engordando es la prueba más tranquilizadora de que su leche es perfecta para alimentar al bebé. La ayuda bien dada, el apoyo de la pareja y del círculo más cercano a la madre, son aliados indispensables en esta nueva etapa que requiere en principio, del aprendizaje mutuo de la mama, del bebé y de la pareja”, concluye Iardena Stilman.

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