Los argentinos radicados en Belfast se muestran temerosos e incómodos ante la violencia antiinmigrante instalada en la ciudad
Tras el intento de homicidio cometido por un refugiado sudanés, la capital de Irlanda del Norte se sumió en protestas que incluyeron incendios y agresiones a extranjeros; la situación de los argentinos radicados en la ciudad
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La semana pasada, Belfast fue el escenario de una ola de violencia extrema contra inmigrantes. Casas incendiadas, ventanas rotas, colectivos quemados y amenazas contra extranjeros fueron la cara visible del conflicto, que inició el 8 de junio pasado, cuando un hombre con estatus de refugiado, originario de Sudán, fue acusado de intentar asesinar a un irlandés, quien perdió un ojo como consecuencia de la agresión.
En medio del caos en que quedó sumida la ciudad, muchos vecinos permanecen en alerta y atemorizados, especialmente los extranjeros. “Fue muy duro, muy difícil. La verdad es que sentimos mucho miedo. Vimos casas incendiarse, no en nuestra calle, pero sí muy cerca. Además, hubo muchos helicópteros sobrevolando permanentemente", explica la cordobesa Juliett Gómez, de 34 años, quien vive en Belfast junto a su familia.
“La gente en Belfast es muy amable, muy afectuosa. Por eso, que haya sucedido esto acá es muy fuerte. Yo, que tengo hijos, tenía miedo de salir porque no sabía cómo reaccionarían las personas”, agrega.
No es la única argentina que siente temor: muchos otros comentan a LA NACION que todavía viven en estado de alerta. Entre ellos hay quienes convivieron con incendios a pocos metros de sus casas. El miedo es traccionado en parte por la posibilidad de sufrir discriminación, al igual que los inmigrantes de otros países, admiten.
“East Belfast ha sido una de las zonas más afectadas. Aunque a mí, por suerte, no me pasó nada, esos días intentaba estar en casa a las cuatro o cinco de la tarde. No salía, no iba al supermercado ni a ningún lado; más que por miedo, por precaución. Desde mi casa escuchaba las sirenas de la policía, veía el humo. Pasé por las zonas afectadas, los incendios estuvieron a cinco minutos de mi casa”, relató el gastronómico David Cariaga, de 33 años, oriundo de San Francisco Solano, quien vive en Belfast desde 2020.
Las protestas se produjeron también en un contexto de alta tensión en todo el Reino Unido. Hace apenas dos semanas se registraron enfrentamientos en el sur de Inglaterra por el manejo policial del asesinato de Henry Nowak, un estudiante blanco de 18 años que fue apuñalado el 3 de diciembre de 2025 por un ciudadano británico de origen indio sij.
“Hoy, yendo al gimnasio, vi los restos del Glider, el colectivo que quemaron en una calle por donde pasa muchísima gente. A la vuelta del gimnasio fue donde quemaron autos, rompieron ventanas y hasta incendiaron casas”, cuenta Federico Micheletti, de 35 años, oriundo de Almirante Brown, que trabaja en hotelería y reside en Belfast desde hace más de una década.
“Uno termina quedando en la misma bolsa”
Varios argentinos tienen miedo ante la posibilidad de sufrir discriminación tras el intento de homicidio cometido por un refugiado sudanés y de cómo eso pueda afectar su día a día. “Lo que más me preocupa es el día a día: salir a la calle y que mucha gente te vea como ‘el inmigrante’, que lo soy. La única vez que sentí algo parecido fue con el Brexit, cuando mucha gente empezó a mirar mal a los extranjeros”, contó William Cariaga, de 40 años, dueño de una pizzería y residente en Newtownards, una localidad ubicada a unos 16 kilómetros de Belfast. Llegó a Irlanda del Norte en mayo de 2013, antes del Brexit, tras emigrar de la Argentina en 2004 por motivos económicos y de seguridad.
“Al final uno termina quedando en la misma bolsa, porque yo también soy inmigrante. Hago las cosas bien, respeto la cultura de acá, soy una persona trabajadora y no le hago mal a nadie, pero igual termino siendo una extranjera y, a los ojos de muchos, terminamos siendo todos iguales y te miran mal —sostuvo Gómez, y sumó—: Las protestas fueron bastante excesivas, no tuvieron nada de pacíficas; incendiaron casas y vehículos”.

Ese clima de tensión hizo que varias familias decidieran abandonar temporalmente sus hogares o verificar si sus casas figuraban entre los posibles objetivos de los ataques. “Durante esos días circularon por Facebook e Instagram listas con calles donde supuestamente iban a atacar viviendas de inmigrantes. Lo primero que hice fue revisar si mi dirección estaba ahí. No estaba, pero conozco inmigrantes africanos cuyas direcciones sí aparecían y tuvieron que irse por unos días porque no se sentían seguros”, explica David Cariaga.
Durante los días posteriores a los de las manifestaciones, casi no se veían residentes extranjeros en las calles de Belfast, cuentan. “Los grupos más apuntados por los ataques son las personas de color y los musulmanes. Este fin de semana no vi a ninguno. Con mi marido salimos a pasear y no vimos ni un solo inmigrante; se nota que mucha gente se asustó. Nosotros, la verdad, no. También vimos pintadas que decían ‘locals only’ y otros insultos contra el islam”, cuenta la sanisidrense Alicia Truchero De Petris, farmacéutica que vive en Lisburn, a unos diez minutos de Belfast. Emigró junto a su marido a fines de 2009 por motivos laborales.

“Había muy poca gente en la calle y el centro estaba totalmente vacío. A mí eso me preocupa, porque la gente local salió a hablar y a defender lo suyo, pero yo me pregunto cómo van a defenderse aquellos a quienes les incendiaron las casas, a quienes están queriendo echar de acá”, suma Gómez.
Los disturbios se produjeron en una sociedad que arrastra profundas divisiones políticas, religiosas e identitarias. “La gente suele ser muy amable, pero acá sigue muy presente la división histórica entre quienes quieren una Irlanda unificada y quienes quieren seguir siendo parte del Reino Unido. Esto viene pasando desde hace tres veranos. Normalmente son dos o tres días de disturbios y termina ahí. Esta vez fue mucho más grave: quemaron un colectivo, autos y casas. Creo que esta vez puede ser más serio que en años anteriores”, explicó William Cariaga.
Choque cultural
Para Gómez, parte del malestar social responde al choque cultural que perciben algunos sectores de la población local. “Hay mucha gente inmigrante que viene con otras culturas, muy distintas a las que nosotros tenemos como argentinos y también a las de este lado. Entonces llegan queriendo imponer sus creencias, imponer su cultura, y eso genera un choque muy fuerte. Creo que se está generando un problema bastante grande porque la gente local está cansada de eso, sostuvo.

Por ahora, el clima se apesó. Sin embargo, la tensión sigue siendo fuerte y la comunidad argentina permanece en alerta. “Por el momento no tengo ninguna preocupación, pero sí voy a estar alerta y tener cuidado con lo que está pasando. Nunca tuve ningún problema. Mi relación con la gente de acá es excelente. Tengo a mi pareja, que es de Belfast, a su familia, a mis amigos, a mis compañeros de trabajo y a mis vecinos. Siempre hay conflictos en Belfast, es como Glasgow”, explicó Micheletti.
“Mucha gente, después de esto, está pensando en irse de la ciudad. Yo creo que todo volverá a la normalidad y que será un caso aislado. Lo más preocupante es que, por culpa de unos pocos, terminan pagando todos. Tengo tres hijos, de 16, 13 y 10 años, que estudian acá y nunca tuvieron problemas. Esperemos que siga así. Si esto empeora, nos plantearíamos mudarnos. No es nuestra primera opción: tenemos un negocio, compramos una casa y además ya tenemos la nacionalidad británica”, concluyó William Cariaga.
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