
Los chicos de la isla del Tigre que luchan contra el hambre y el olvido
Los alumnos de la escuela N° 34 recibieron un cargamento de alimentos y ropa
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Asomados a la puerta del colegio, los chicos esperan ansiosos la llegada de las lanchas. Las miran de lejos, con los ojos llenos de curiosidad y expectativa. Cuando desembarcan, tratan de acercarse a esa comitiva de 14 personas que llegan para traerles productos que en esa isla perdida, a 60 kilómetros de Tigre, escasean o, en algunos casos, directamente no existen: medicamentos, ropa, juguetes, útiles y, lo más importante, alimentos.
Se trata de una donación de 200 kilos organizada por el Departamento Social de River Plate entre los socios del club, junto con la Red Solidaria, que llegó ayer por la tarde a la escuela N° 34 Antártida Argentina. "Elegimos donar a esta escuela porque es una zona muy pobre y donde hay muchas necesidades", explicó Rubén Visconti, jefe del departamento social de River.
Antes de arribar al colegio, sobre el canal El Borche, las lanchas hicieron una parada en una salita de primeros auxilios. "Los isleños no vienen por cualquier pavada -cuenta el médico Enrique Zunnino, encargado de la sala Ortiz desde hace 20 años-. Si vienen es porque realmente están enfermos o se accidentaron. Quizás es porque no les gusta estar frente a un profesional, se sienten inhibidos."
En esa zona, donde la mayoría de la gente vive de la pesca, de la tala de árboles y de la caza de nutrias y carpinchos, los accidentes con escopetas o machetes son frecuentes.
Nilda, una isleña de 25 años que parece bastante mayor, agradece con una sonrisa los pañales para sus hijos. Pregunta, al pasar, "cuándo regresan las lanchas con tantos regalos". Pero no se desespera por contar cuáles son sus necesidades. Al contrario, dice que "es feliz" viviendo en esa isla tan tranquila. Que a pesar de que no hay trabajo, "no la cambiaría por ningún otro lugar".
"La mayoría de los chicos que asiste a la escuela están desnutridos", afirma la maestra Cecilia Ruiz. "Los padres los mandan para que coman algo, no con la idea de que aprendan", cuenta. Pero el alimento tampoco abunda en el colegio. Casi todos los días se comen fideos o arroz. Muy rara vez, carne o pollo. El presupuesto por cada chico es de 84 centavos por día. Las familias de los alumnos nacieron, crecieron y vivieron siempre en las islas. Muy de vez en cuando viajan al continente. "Odio el pueblo -afirma Marcela Sosa, de 35 años y madre de diez hijos-. Me molesta el barullo, me dan miedo los colectivos. Voy cuando tengo que hacer algún trámite, no más."
Cerca del Uruguay
Las islas de la tercera sección del Delta, donde está la escuela, se encuentran más cerca del Uruguay -30 minutos en lancha- que de la ciudad bonaerense de Tigre. Están, prácticamente, deshabitadas. Hay, como mucho, una casa cada cuatro kilómetros. La mayoría es de madera y está en condiciones muy precarias. No hay luz eléctrica ni agua potable. Algunos lugareños toman la del río o van a buscarla al colegio, que cuenta con una bomba extractora.
El director de la escuela, Carlos Riouspeyrous, relata: "Es una comunidad muy pobre y aislada. Básicamente, viven de la madera y la demanda, en este último tiempo, bajó mucho". Y agrega: "La ayuda generalmente no llega hasta acá. Por eso, estamos muy agradecidos con esta gente".
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