
El punto de equilibro es compartir la felicidad, y no delegarla; sin embargo, no todos se sienten en la capacidad de explorar la dicha de propia mano y buscan siempre el apoyo de otros
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Bien dicen que para ser felices no necesitamos nada del exterior, sino lo que está en nuestro interior; sin embargo, no todos piensan así. El filósofo chino Confucio tiene una poderosa frase sobre dónde explorar la dicha: “El hombre superior busca la felicidad en sí mismo; el hombre inferior la busca en los demás”. Y e que cuando rastreamos fuera lo que deberíamos encontrar dentro, estamos cometiendo un terrible error. Teniendo en cuenta que algunos son esclavos de lo externo y no son capaces de responsabilizarse de su propia felicidad, la psicología analizó qué hay detrás de estas personas. Los expertos coinciden en que se trata de individuos que tienen apego ansioso y requieren validación externa. Aquí te brindo más detalles.
Las heridas de la infancia y el miedo al rechazo
La psicología explica que quienes necesitan de forma excesiva a los demás para sentirse bien suelen tener una autoestima frágil y un apego ansioso. En lugar de generar su propio valor, dependen de la validación externa, la aprobación constante o la admiración para regular sus emociones y evitar un profundo vacío interno.

¿Por qué? los expertos en psicología son enfáticos en afirmar que una de las causas principales son las heridas de la infancia: patrones de crianza donde el afecto fue condicionado, inconstante o donde hubo carencias afectivas y miedo al abandono.
A esto también se suma otro miedo y es al rechazo. Estas personas tienen terror a no encajar, a molestar o a ser juzgados negativamente, lo que lleva a anular las propias preferencias. Además, afrontan una dificultad con la soledad, es decir, tienen incapacidad de estar a solas con sus propios pensamientos o emociones sin sentir ansiedad o desvalorización.

No necesitas esperar a que algo cambie afuera
Los expertos afirman que cuando rastreamos fuera lo que deberíamos encontrar dentro, estamos cometiendo un terrible error y esto es apoyado por Tal Ben-Shahar, profesor de la Universidad de Harvard, quien llama a este fenómeno “falacia de llegada”. Según explican desde ‘Cuerpomente’, la idea de que la felicidad llegará cuando cambie fuera nos instala en una actitud pasiva, convirtiéndonos en esclavos de lo externo, en lugar de en personas capaces de responsabilizarse de su propia felicidad.
Aquí también hay que tener en cuenta que esto puede generar una pérdida de identidad porque la persona deja de saber qué le gusta o qué piensa, adaptándose por completo a lo que cree que los demás esperan de ella y le cuesta decir “no” por miedo a decepcionar o generar conflictos.
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