
Los menores sólo pueden tatuarse con el permiso de sus padres
La norma abre un plazo de 360 días para cumplir con todas las exigencias
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La turista brasileña sale de la sala de tatuajes aliviada; el dolor se ha terminado. En el cuello lleva una estrellita negra y en la mano una bolsa: le han entregado la aguja con la que le imprimieron el dibujo. Es sólo una de las evidencias de que el mundo del tatuaje comienza a salir de la anarquía: ahora, en la ciudad de Buenos Aires, los que desarrollen esta actividad deberán atenerse a ciertas reglas.
El Poder Ejecutivo local promulgó la ley 1897, que regula el oficio de los tatuadores y perforadores. Entre otros puntos, la nueva disposición enumera de modo taxativo algunas cuestiones básicas que deben respetarse, entre ellas, que las agujas deben desecharse una vez utilizadas; que hay que emplear sistemas aprobados por la Administración Nacional de Medicamentos, Alimentos y Tecnología Médica (Anmat) para la esterilización de los materiales reutilizables y que los pigmentos deben ser "aptos para el uso en seres humanos".
El secretario de Salud porteño, Donato Spaccavento -que dirige el organismo que actuará como autoridad de aplicación de la ley- se ocupó de enfatizar, además, que de ahora en adelante los menores de 18 años no podrán hacerse tatuajes y perforaciones a menos que presenten un documento escrito con la autorización de los padres. Estos deberán hacer constar que conocen los riesgos que conlleva esta clase de prácticas.
Otros puntos salientes son la creación de un registro de tatuadores y perforadores; de los centros habilitados para tal fin, y la prohibición de tatuar o perforar a personas alcoholizadas o "bajo el efecto visible de sustancias tóxicas".
Otros ítem, que a simple vista parecen menos imprescindibles para proteger la salud de los usuarios, no se cumplen en la mayoría de los locales de los principales circuitos de tattoo que hay en la ciudad, según pudo comprobar LA NACION durante una recorrida. En ese rubro podrían incluirse la prohibición de usar "luz difusa o que irradie cualquier tipo de efecto cromático que impida o dificulte observar las condiciones de higiene y asepsia del lugar", según indica la norma.
Sucede que muchos locales tienen luces de colores o bolas espejadas que se usan con fines estéticos. De todas formas, quienes desarrollan esta actividad tienen por delante un período de 360 días -que comenzó a correr anteayer- para adaptarse a la ley. Si no lo hacen, las sanciones incluyen multas de hasta $ 2000 y la clausura del local.
Como el anterior, hay otros puntos considerados polémicos. En esa lista hay que incluir la obligación de solicitar un certificado de vacunación antitetánica antes de realizar el tatuaje. "Eso no se cumple en ningún lugar", dijo a LA NACION un tatuador que pidió mantener su identidad en reserva.
Héctor Berzel, director general de redes de salud de la ciudad, dijo que esas medidas son necesarias "siempre que se realiza un procedimiento quirúrgico, como sucede en estos casos".
Lejos del temor a sufrir sanciones, los propietarios de algunos locales donde el ir y venir de jóvenes con intenciones de tatuarse es incesante, dijeron que la entrada en vigor de la ley no les preocupa, ya que desde hace años cumplen con las condiciones necesarias para evitar el contagio de enfermedades infecciosas.
"Acá trabajamos con la presunción de que todas las personas son posibles portadores de HIV", dijo Mariano Antonio, dueño del local American Classic, situado en la galería Bond Street, de la avenida Santa Fe.
En ese lugar tienen tres sistemas de esterilización: el ultrasonido, la estufa de calor seco y el autoclave, que trabaja con vapor. Además, quienes salen felices con sus cuerpos recién pintados se llevan en una pequeña bolsa la aguja que usaron sobre sus cuerpos, una crema cicatrizante y un pequeño manual de instrucciones sobre cómo cuidar la reciente obra de arte.
Auxilio para desmayos
Algunos empleados del lugar, como Adrián Perales, sostienen que es fundamental realizar cursos de primeros auxilios para poder socorrer los frecuentes desmayos cuando los jóvenes ven la aguja acercarse peligrosamente hacia ellos.
"El miedo nos ha traído más de un inconveniente", contó Perales, que opinó que la mejor forma de cuidar a los clientes es comenzar por cuidarse ellos mismos. "Una cuestión fundamental es el uso de guantes", puntualizó, mientras trabajaba sobre el hombro de Martín, un treintañero que sumaba su cuarto tatuaje.
Roberto López, especializado en dibujar caras, ofreció otras recomendaciones en un tono más jocoso. "Una vez vino una señora para avisar que el hijo de Hugo Moyano [líder del gremio camionero] quería tatuarse la cara de su padre. Estuve preparando mucho tiempo el dibujo pero el cliente nunca apareció. Al final, eso me tranquilizó porque un error podría haberme costado un piquete en la puerta del local", dijo López y resumió: "Nosotros siempre le sugerimos a la gente que no se pinte cosas muy personales porque pueden arrepentirse y, con esto, no hay vuelta atrás". Uno, al menos, siguió su consejo...
Nuevas exigencias
Promulgación. La ley 1897 se publicó en el Boletín Oficial de la ciudad de Buenos Aires anteayer.
Autorización. Uno de los puntos centrales de la norma es la obligación de que los menores de edad presenten una autorización escrita de sus padres para poderse tatuar.
Licencia habilitante. Las personas que realicen tatuajes y perforaciones, para poder ejercer su actividad, deberán contar con una licencia habilitante, que se renovará cada dos años.
Cursos obligatorios. La Secretaría de Salud dictará cursos de capacitación sobre normas sanitarias; esterilización, higiene y bioseguridad; y primeros auxilios, entre otros, que serán obligatorios para tatuadores y perforadores.
Conciencia plena. No podrán realizarse tatuajes o piercings las personas alcoholizadas o "bajo el efecto visible de sustancias tóxicas".
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