
Los que desaparecen sin dejar rastros
Muchas personas huyen voluntariamente, agobiadas por crisis económicas, problemas sentimentales o familiares
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Existe la creencia de que la tensión y los silencios en el hogar hacen quemar las lamparitas. La noche que Macarena no volvió a su casa, el patio quedó a oscuras por culpa de una bombita y la herida de aquel filamento se convirtió en la metáfora de una familia oscurecida.
Macarena Streppone salió a caminar por Bella Vista con un amigo un mediodía de octubre de hace dos años. Avisó que volvería tarde, pero nunca llegó. Su mamá lavaba la ropa en el patio cuando la vio salir corriendo, con la velocidad que dominaba sus piernas de 18 años. Esa es la última imagen que conserva de ella.
Como Macarena, 3800 personas desaparecieron en la ciudad y el Gran Buenos Aires en el último año y medio. Ese contingente está formado por chicos, hombres, mujeres y ancianos que, voluntariamente o por accidente, se fueron sin dejar rastros, como si se los hubiera tragado la tierra.
Denuncias en aumento
El año último, el Centro de Orientación sobre Personas de la Policía Federal (COP) registró 1800 denuncias por averiguación de paradero. En el primer semestre de este año, ya se recibieron 1200 denuncias, lo que representa un aumento del 30 por ciento.
Poco después de la desaparición de Macarena, la policía encontró el cadáver del chico que estaba con ella. Pero el caso de Macarena todavía forma parte del 25 por ciento de denuncias que continúan pendientes de resolución.
Los últimos datos disponibles en el Registro de Personas Desaparecidas de la provincia de Buenos Aires, un organismo dependiente del Ministerio de Seguridad bonaerense, señalan que sólo en julio y agosto últimos desaparecieron 424 personas en todo el país (342 en la provincia de Buenos Aires, 67 en la Capital y 15 en otras provincias).
"La mayoría de los casos corresponde a chicos de entre 15 y 20 años -dijo Alejandro Incháurregui, titular del organismo-. Si el sábado a la noche el chico fue a un recital de los Redondos y son las 9 del domingo y la mamá llama preocupada porque no llegó, no nos preocupamos tanto... el tema es si al día siguiente sigue sin aparecer."
Fernando Ramírez tenía 14 años el 7 de noviembre de 1996, cuando su mamá lo despidió a las 7 antes de ir al colegio. En la Escuela de Educación Técnica de Merlo, donde cursaba 2º año, ese día le pusieron ausente.
"Si me preguntás los lugares adonde lo fui a buscar, no te los podría enumerar. Sólo alguien que tiene un hijo sabe lo terrible que es ver su cama vacía", dijo su mamá, Marta Barría.
La habitación de Fernando fue por un tiempo una especie de museo, donde sus cosas hablaban de él a la distancia, como si se hubiera ido de viaje.
Sus cinco hermanos decidieron un día modificar el cuarto y sacar sus muebles para evitar que el fantasma regresara a los pagos donde alguna vez fue real.
Pero no lo consiguieron. Su mamá conserva el equipo completo de fútbol del Club Deportivo Merlo, donde Fernando jugaba como arquero. Cuando lo extraña, huele una camiseta usada que guardó, intacta, entre sus objetos más valorados.
"Ahora viene la Navidad, y ya me veo sentada al lado de una ventana, donde me quedo todos los años y lo espero", dijo sin llorar, pero con los ojos inundados.
En el país no existe un organismo nacional que centralice las denuncias por desaparición de personas. Por eso las estadísticas sólo son parciales.
Según la Asociación Argentina de Magistrados y Funcionarios de la Justicia de Menores y Familia, en 1999 se registraron 294 fugas de chicos del hogar. Esa carátula llevan todos los casos aunque no se pueda confirmar si el menor se fue por sus propios medios o por la acción de terceros.
"A veces los chicos toman la desaparición como un pedido de auxilio, se van para demostrar a sus padres que no están bien en su hogar y, después de un tiempo, aparecen", dijo María Esther Cohen Rúa, directora de la Comisión Esperanza, una organización sin fines de lucro que agrupa a personas que rastrean el paradero de sus familiares.
"En 1993 era muy común el tema de las sectas, pero ahora, gracias a Dios, se han debilitado. La mayoría de las veces los chicos toman la decisión de irse agobiados por una situación que no pueden resolver. Son habituales los casos de chicos que se drogan y cuyos padres quieren internarlos en una granja; o que venden drogas para mantener su vicio y se quedan con un vuelto, entonces los narcotraficantes los amenazan para que devuelvan el dinero y deciden huir", enumeró Cohen Rúa.
Estadísticas elaboradas por la Fundación Pibe, una organización no gubernamental sin fines de lucro que tiene sede en Tucumán y opera en todo el país, coinciden en que la fuga del hogar es la primera causa de desaparición de menores.
El segundo puesto, según el organismo, corresponde al secuestro familiar. En estos casos, uno de los cónyuges abandona el hogar y se lleva a algún hijo.
La tipología que ocupa el tercer lugar en cantidad de casos es la más estremecedora: incluye los ataques sexuales (en los que generalmente la víctima aparece muerta), la prostitución infantil, las organizaciones dedicadas a la explotación laboral de niños, las sectas, el tráfico de órganos y la adopción ilegal, según informó el director nacional de la organización, Luis Guchea.
María Esther Cohen Rúa coincidió en que "existe una región oscura que nunca se termina de dilucidar. Debe haber situaciones muy siniestras", dijo.
Dificultades económicas
Las causas de la desaparición voluntaria o accidental de personas mayores de edad son distintas.
Apremios económicos, relaciones sentimentales difíciles de resolver, situaciones familiares adversas y accidentes en la vía pública en los que la víctima no puede ser identificada son algunas de las razones por las que se pierde el rastro de hombres y mujeres maduros.
"Si la persona falleció y no llevaba algún documento consigo, es muy difícil identificarla. Sólo quienes tienen antecedentes policiales o pidieron en algún momento un certificado de buena conducta tienen sus huellas digitales archivadas de tal manera que se las puede comparar con las del cuerpo. En los demás casos, es preciso tener el número de documento o nombre de la persona para comparar sus huellas dactilares", explicó Incháurregui.
En los hospitales públicos de la provincia, los cadáveres NN se conservan sólo cinco días antes de decidir su inhumación y perder así la posibilidad de identificarlos.
"Esto afecta sobre todo a las personas ancianas o discapacitadas, que suelen perderse a causa de amnesias o de sus incapacidades mentales", señaló Cohen Rúa.
El deterioro de las relaciones familiares y las situaciones económicas críticas son, según la especialista, las principales razones de las desapariciones voluntarias de los adultos.
Verónica Fernández apenas acepta hablar de su marido, Juan José Bosco.
El 21 de septiembre último, él se levantó como todas las mañanas para ir a la remisería donde trabajaba. Ese día tenía un viaje a Santa Fe, según había anticipado la noche anterior.
Como los demás, Bosco no volvió esa noche ni las siguientes.
En la agencia de remises explicaron a su mujer que aquella mañana fue a pedir un adelanto de dinero, que el dueño le negó. Entonces, apoyó las llaves del auto que conducía sobre el escritorio, se despidió y subió a un Peugeot 405 oscuro con los vidrios polarizados que lo esperaba en la puerta, según la narración que Verónica escuchó de los propietarios de la remisería.
Verónica y Juan se habían casado cuatro años antes y tuvieron dos hijos, Bruno, de tres años, y Carolina, de dos.
El se fue sin despedirse. Sólo se llevó el despertador y un perfume.
"¿Por qué y adónde se van?", le preguntó Verónica con la voz entrecortada a esta cronista.
Una novia muy buscada
Las líneas telefónicas gratuitas para pedir asistencia en la búsqueda de personas a veces reciben llamadas insólitas.
"Una vez nos llamó un hombre que estaba preso y quería encontrar a una ex novia misionera", contó Alejandro Incháurregui, titular del Registro de Personas Desaparecidas de la provincia de Buenos Aires.
El hombre tenía un motivo importante para encontrar a su viejo amor: la chica estaba prófuga y se había quedado con 150.000 dólares de un botín.
"¡Ni loco lo ayudo a buscarla! ¡Mirá si sale y la descuartiza!", dijo Incháurregui.





