
Los vecinos van al rescate de los edificios más queridos de su barrio
Fueron seleccionados 28 espacios distribuidos en distintos puntos de la ciudad
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Es tan alegre y extraña a la vez, por sus paneles de colores y su forma de manos unidas en plegaria, que nadie diría que allí funciona un templo religioso. Sobre todo, porque las paredes de la Iglesia Transparente (que pertenece al culto evangélico) son de acrílico. Su interior está a la vista de todos los transeúntes.
Ubicada en la calle Tinogasta, en el corazón del barrio de Villa Real (que limita con Versailles), el edificio es el orgullo de los vecinos por su moderna arquitectura, que recrea la estética acristalada de esas fabulosas construcciones diseñadas por Oscar Niemeyer en Brasilia, hacia 1960. La buena voluntad de los fieles no alcanzó para detener el progresivo deterioro, pero la buena noticia es que éste y otros 27 edificios simbólicos para la vida cotidiana de la ciudad fueron elegidos por los mismos porteños para formar parte de un programa de restauración lanzado por la Subsecretaría de Patrimonio del gobierno local.
El presupuesto
Con un presupuesto cercano al millón de pesos, que aportarán distintas empresas privadas, y un plazo de un año para ejecutar las obras (que serán licitadas), las autoridades, a través de los CGP y las distintas asociaciones barriales, convocaron a la comunidad interesada en rescatar los espacios que necesitan una inyección de mantenimiento.
Entre los sitios elegidos para la puesta en valor figuran, entre otros, desde calesitas y plazoletas, hasta la Asociación Sarmiento, en Liniers; el antiguo café Margot, en Boedo; la parroquia San Fermín, en Villa Ortúzar; el Museo Criollo, en Mataderos; el Círculo Gral Urquiza, en Villa Urquiza; el comedor Trapito, en Villa Soldati; los vagones del subte, en Villa Lugano; el famoso conventillo de la Paloma, en Villa Crespo; la Mansión de Flores, en Flores; el Instituto Bernasconi, en Parque Patricios, y también la pérgola del ex mercado, en Versailles, cuya estructura metálica estaba oxidándose sin remedio.
"La verdad es que no lo esperábamos", dijo a LA NACION el pastor Juan Carlos Sicone, codirector de la Iglesia Transparente.
"Nosotros dedicamos las ofrendas a la atención de 900 chicos necesitados, y no podíamos gastar ese dinero en pintura y reparaciones de carpinterías. Se ve que la gente nos eligió porque tenemos una participación muy activa en el barrio. Nos dijeron que van a cambiar los acrílicos por vidrio de verdad, y del mismo color que los originales; además, van a pintar el interior con el tono elegido en 1970 por el autor, el arquitecto Antonio Murillo López", agrega Sicone.
La primera etapa de los trabajos ya está en licitación y se llevará a cabo con el apoyo de la Secretaría de Obras Públicas de la Nación, la Corporación Buenos Aires Sur, la Secretaría de Infraestructura y Planeamiento, y el Mercado de Hacienda.
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