
Los vendedores ambulantes se resisten a dejar Plaza Miserere
Los comerciantes legales los acusan de competencia desleal
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Transitar por las veredas cercanas a la estación de trenes de Plaza Miserere siempre fue difícil. Pero últimamente, con la proliferación de puesteros a ambos lados de la avenida Pueyrredón y la calle Bartolomé Mitre, es sencillamente imposible.
Cada vez son más los vendedores ambulantes que instalan sus carros y puestos con mercadería de dudosa procedencia.
Remeras que supuestamente son de la marca Quiksilver que se venden a siete pesos, ojotas a dos pesos el par, joggins a diez pesos y relojes pulsera a nueve pesos son algunas de las ofertas que por allí se ofrecen.
Siempre listos para partir cuando hay un operativo de control o desalojo -extrañamente en la mayoría de los casos hay alguna voz que alerta antes de la llegada de los inspectores-, los vendedores ilegales se quejan de la situación en la que se ven obligados a trabajar. "Así no se puede. Tenemos miedo y vivimos intranquilos -confiesa Félix Ormeño, de origen peruano y dueño de un puesto de remeras y gorritas-. Con la crisis que hay, tengo dos opciones: esto o salir a robar", dice a manera de vana justificación.
La ganancia, según los puesteros, no es mucha. "Apenas 10 o 15 pesos por día", aclara Ormeño, que tiene su puesto sobre la avenida Rivadavia.
El sector más cotizado de la zona es el de la avenida Pueyrredón, por donde transitan diariamente miles de personas. Unos 25 puesteros se reparten la vereda y controlan la zona para que nadie más se instale. "Apenas nos alcanza para vivir nosotros, no dejamos que ningún oportunista venga a vender regalitos navideños", dice un puestero que, a tono con el hermetismo que reina en el lugar, no quiere revelar su nombre.
Para los comerciantes de la zona, los puesteros son una "competencia desleal" que los obliga a hacer malabares para que los clientes entren en sus locales. "Tuvimos que bajar los precios para que estén a la altura de los de ellos -cuenta el encargado de Swing Regalos, sobre la avenida Pueyrredón-. No puede ser que ellos controlen los precios. A nosotros nos perjudican directamente porque tienen la misma mercadería." Otros comerciantes no quieren hablar por miedo a los puesteros.
Algunos vendedores ambulantes afirman que dejarían la calle en caso de que les ofrecieron un lugar apropiado para la venta. "Es la única forma de subsistencia que tenemos. Por un par de ojotas gano 60 centavos. ¿Cuántos pares tengo que vender para mantener a mi familia", pregunta Daniel, instalado en un puesto frente a la entrada de la estación.
Para Eduardo Gutiérrez, delegado de los vendedores ambulantes, "es fundamental que se dicte una ley que regule la actividad. Nosotros consideramos que la anarquía que reina hoy en las calles es perjudicial, incluso para nosotros. La única manera para terminar con las mafias que controlan el comercio y transparentar la actividad es a través de una ley".
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