
Luque, más complicado que Tula
Balance: los 124 testigos que pasaron ante el tribunal desde el comienzo del juicio perjudicaron más a uno de los acusados.
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SAN FERNANDO DEL VALLE DE CATAMARCA.- El viento zonda comenzó esta semana a azotar esta ciudad con sus ráfagas calientes que ponen nervioso a más de uno. Casi el mismo efecto tuvieron en Guillermo Luque y en Luis Tula los testimonios de algunos de los 124 testigos que ya declararon en el juicio por el crimen de María Soledad.
Una temprana evaluación de la prueba aportada hasta el momento por el fiscal Gustavo Taranto y los abogados de la familia Morales, José Buteler y Carlos Segura, permitiría establecer las coordenadas de modo, tiempo y lugar del crimen de la adolescente y comenzar a profundizar en la autoría del hecho.
No obstante, los camaristas no tienen la misión de descubrir quién mató a María Soledad, sino determinar si Luque y Tula son los responsables.
De todos modos, los indicios que aportaron los testimonios parecen confluir en los acusados con mayor o menor grado de certeza.
En cuanto al modo, los peritos de la Corte Suprema de Justicia de la Nación concluyeron que María Soledad fue violada, drogada y asesinada, lo que determinó la introducción de la doble acusación: homicidio preterintencional y violación seguida de muerte agravada por el uso de estupefacientes.
Los testimonios de Patricia Rodríguez y Rita Furlán, que vincularon a Luque con el consumo de drogas en medio de fiestas sexuales, ayudaron al fiscal Taranto a relacionar a Luque con el delito que le pretende enrostrar como autor, pero respecto de Tula son pocos los elementos que lo conectan como partícipe del crimen. Los peritos establecieron la hora aproximada en que la joven fue asesinada, dato que, en conjunto con los testimonios que la ubican en la discoteca Clivus -entre otros, el del ya idolatrado ex barman Jesús Muro-, permite inferir el tiempo y lugar en el que habría tenido principio de ejecución el asesinato.
Un hombre alto y flaco
Muro vio en el boliche a María Soledad, a Tula y a Luque, y Furlán dijo que la joven estaba acompañada por un hombre alto y flaco.
Patricia Mesa, una amiga de Furlán que también estaba esa noche allí, declarará en los próximos días y reforzaría esa hipótesis.
Pero los abogados anunciaron que esperan sorpresas, con nuevos testigos quebrados que están dispuestos a confesar lo que nunca hasta ahora se habían animado. Cuitas que no dejarían bien parado a Guillermo Luque.
Tula, en cambio, jugaba sus fichas a que los custodios de una estación de servicio, donde dice que infló los neumáticos de su auto camino de su casa, lo desligaran del crimen, pero ellos dijeron no recordarlo.
Pesa en su favor el testimonio de su amigo Eduardo Notari, que juró que Tula lo llevó hasta su casa con el auto la madrugada del 8 de septiembre de 1990.
Claro que los abogados recuerdan que éstas son todas pruebas de cargo y que aún no desfilaron los testigos de descargo que, según los defensores, equilibrarían la balanza.
Más allá de los testimonios directos sobre el asesinato, desde el mismo inicio del proceso quedó claro que existió una trama de encubrimiento digitada desde la jefatura de policía del saadismo.
Cada nuevo indicio que se suma en este sentido se convierte en una prueba automática que debilita la inocencia de Luque, pues es sabido el poder que ejercía su padre, Angel, como diputado nacional y por su influencia en el entorno saadista.
A esto se suma el denunciado intento de asesinato de Tula: el fiscal Marcelo Forner deberá determinar si Angel Luque y el ex jefe del servicio penitenciario, Juan Carlos Añauque, tienen responsabilidad.
Tula tiene la teoría de que se lo trató de matar para consumar un crimen perfecto, donde el supuesto asesino, previa confesión, se suicida preso de sus remordimientos.
Lila Zafe decepcionó otra vez
SAN FERNANDO DEL VALLE DE CATAMARCA (De nuestros enviados especiales).- Lila Zafe sumó otro punto negro en este juicio. Una testigo propuesta por la ex abogada de la familia Morales reveló que la letrada le propuso declarar que existía un vínculo amistoso entre Guillermo Luque y Luis Tula.
"Claro que conozco a la doctora Lila Zafe -dijo a la presidencia-. Ella vino a mi casa para tratar de convencerme de que yo tenía que declarar en este juicio."
Norma Monasterio, haciendo gala de sus dotes de histrionismo y con recurrentes rodeos que provocaron una secreta tentación de risa en Santiago Olmedo de Arzuaga, negó de plano conocer a los imputados.
El intento de manipular el testimonio fue un boomerang para Zafe. Tanto que José Vega Aciar, uno de los abogados de Luque, anticipó que hoy o el lunes presentará una denuncia contra la letrada por obstrucción de la Justicia e instigación al falso testimonio.
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"Ya está decidida la declaración de Guillermo Luque. En cualquier momento pide la palabra, pero sólo para hacer aclaraciones puntuales, y sólo entonces fijaremos la fecha para que brinde una amplia declaración indagatoria y ejerza su derecho de defensa", anunció Vega Aciar. La defensa estima que ya es tiempo de que su cliente cambie los estrados mediáticos de Mauro Viale y quiebre el silencio que mantuvo.
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Angel Luque regresó a su casa. Ayer fue dado de alta en el Sanatorio Pasteur, donde se recuperó de una crisis diabética. La única condición de los médicos fue que se olvidara por un tiempo largo de los asados familiares.
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