
Malena de Blaquier: emprendedora, de gran distinción y espíritu libre
Cuatro días después de cumplir 100 años, murió en la ciudad de Buenos Aires Magdalena Nelson Hunter de Blaquier. Honrada con animadas exequias, en las que sus nueve hijos, 40 nietos, 85 bisnietos y sus ocho tataranietos le rindieron un último adiós entre aplausos y sonrisas–como ella hubiera deseado–, sus restos fueron inhumados en el Cementerio de la Recoleta. Allí descansa ahora junto a su marido, Juan José Silvestre Blaquier Elizalde, terrateniente y eximio jugador de polo, que había fallecido en un accidente aéreo en Panamá en 1959.
Aristócrata de hipnótica belleza y gran distinción, políglota, amante del polo, la moda y la vida campestre, Malena o Mima, como la llamaban sus íntimos, fue la fiel exponente de la mujer argentina avant la lettre: de espíritu libre, transgresora y emprendedora a la vez, poco afecta a las solemnidades por cuestiones de linaje y cultora de una fina ironía, supo imponerle a la sociedad de su época su propio decálogo de vida y no al revés. Viuda a los 42 años, con esos valores de libertad educó a sus hijos, siete mujeres y dos hombres, y quizás haya sido también por éstos que hoy su nieta Ginette Reynal evoque su existencia centenaria como “una vida muy bien vivida”.
Nacida en el seno de una familia anglosajona de la alta burguesía por parte paterna y terrateniente por la materna, a los 21 años se casó con Blaquier –un porteño apuesto, rico y destacado polista– y su boda fue transmitida por radio. Los profusos viajes a Europa, con sus hijos al cuidado de niñeras, y la adoración de su marido, que no reparaba en gastos para halagarla, rápidamente concitaron habladurías, que Malena, desprejuiciada, siempre pasó por alto. Solía decir que el problema no era qué dijeran de una, sino que no dijeran nada, bromeaba.
Con instinto y osadía, tras la muerte de su esposo tomó las riendas los negocios familiares y se abocó de lleno a la explotación agropecuaria de La Concepción, la célebre estancia de 6000 hectáreas en Lobos, provincia de Buenos Aires. Aquel tambo hizo historia, al igual que sus tres canchas de polo. También se ocupó de la cría de hacienda y muchos de sus productos de consumo fueron premiados en la feria rural de Palermo.
Quizás haya sido una leyenda la relación amorosa con el duque Felipe de Edimburgo que algunos le atribuyeron en marzo de 1962. Por entonces, el esposo de la reina Isabel II había sido enviado a Buenos Aires para apoyar el gobierno de Arturo Frondizi. Su presencia no impidió, sin embargo, el golpe de Estado y fue ante ese escenario de inestabilidad institucional que Malena Blaquier lo guareció durante cuatro días en la intimidad bucólica de La Concepción.






