Masacre de Flores: su único sobreviviente denuncia que las amenazas aún persisten

Después de 17 años de la tragedia, Matías Bagnato, ex integrante del reality Gran Hermano 3, sigue recibiendo llamadas del asesino de su familia, mientras la Justicia investiga irregularidades en la causa; "Vivir así es de terror", confesó a lanacion.com
Valeria Vera
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12 de julio de 2011  • 18:34

El caso se conoció como la "Masacre de Flores". Ese día, el 17 de febrero de 1994, Fructuoso Alvarez González le prendió fuego a la casa de José Bagnato, con quien mantenía problemas por una deuda. El hombre, su esposa, sus hijos, de 14 y 9 años, y un amigo del hijo menor fallecieron en el incendio. El único sobreviviente fue Matías, el mayor de los tres hermanos, que después de 17 años sigue recibiendo amenazas de muerte y hoy vive con custodia policial en el mismo edificio que su abuela, de 83 años.

"Estás muerto", repite cada vez que lo llama a Matías bien entrada la madrugada. "A veces me respira en la oreja y distorsiona la voz, como cuando éramos chicos y llamaba a mi casa antes de que ocurriera la masacre", relata en diálogo con lanacion.com . "Ya fue difícil crecer sin mis padres y mis hermanos. Y ahora esto. Vivir así es de terror", confiesa quien se hiciera más popular tras haber participado de la tercera edición del reality Gran Hermano.

Alvarez González fue condenado a cadena perpetua cuatro días después de la tragedia. Pero en 2004 se benefició con un acuerdo de intercambio de presos que el país mantiene con España, donde finalmente fue trasladado. Permaneció en Europa durante varios años y regresó a la Argentina en 2008, luego de que un juez del Viejo Continente le otorgara la libertad plena. Lejos de las rejas, disfruta de su vida en Buenos Aires como si se hubieran borrado de los registros sus antecedentes penales.

Otro capítulo en la investigación. Ahora, la causa está en la mira del juez de Ejecución Penal, Axel López, el mismo que concedió salidas transitorias a Marcelo Pablo Díaz (el asesino de Soledad Bargna) y Ernesto Gabriel Gómez (condenado a prisión en 2001 por el crimen de Miguel Lecuna, el marido de la actriz Georgina Barbarossa).

López debe expedirse esta semana en torno a la situación que pesa sobre el asesino de la familia Bagnato luego de que se conocieran irregularidades que contaminaron el proceso que se encaró durante todo este tiempo. Entre ellas, revisar las razones que llevaron a liberar por error a Alvarez González.

Las llamadas por la noche llevaron a Matías a movilizarse por cuenta propia. Descubrir que la condena, que debía cumplir Alvarez González al menos hasta 2014, había quedado trunca lo trasladó hasta el Tribunal N°12, encargado de dictar la sentencia. Allí descubrió que habían registrado mal las fechas, por lo que el acusado podía acceder al cómputo de la pena antes de lo previsto.

Ese disparador fue el puntapié inicial de una serie de entrevistas con asesores de los ministros Julio Alak y Aníbal Fernández hasta llegar a conversar con López. También lo hizo con los directivos de la oficina de Migraciones en Ezeiza, lugar donde se encontró con la peor respuesta: el asesino de su familia había ingresado al país como turista. "En ese momento se me acabó el mundo", reconoce durante la entrevista con este medio.

Más adelante, siguieron otras reuniones y se concretaron algunos pequeños avances en la investigación. Los datos que sacó en limpio le confirmaron que Alvarez Gónzalez había sido beneficiado con un acuerdo bilateral con España aplicado en forma errónea: según establece este convenio la pena sólo puede ser modificada por el país de origen y debe ser producto de la decisión de las dos justicias.

Horas decisivas. Frente a esta situación, comentó Matías, López argumentó que "no podía recuperar el imperio para decidir" sobre el destino de Alvarez González. Pero Cancillería logró avanzar en este conflicto e hizo una presentación ante el magistrado para explicarle que la violación del acuerdo bilateral y el delito de amenaza de muerte son pruebas suficientes para que pueda expedirse.

De estas idas y venidas transcurrió más de un año. Matías casi no sale de su casa y sólo lo hace con custodia policial. Después de tanta desesperación e incertidumbre, confía en poder cerrar pronto este capítulo de su historia que hoy está en manos de López.

Espera con ansiedad que en los próximos días el magistrado pida la orden de captura, realice un nuevo cómputo de la condena y haga cumplir la perpetua que nunca se respetó.

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